EL HOMBRE CONFUSO

No vale la pena

El último día que salí de mi casa había un chico en calzoncillos recogiendo la ropa tendida. El verano apretaba más de lo normal y no le había parecido mala idea. Yo esperaba el ascensor mientras notaba su mirada en mi nuca. No me giré, claro. ¿Cómo puede uno aguantarle el gesto a un desconocido en ropa interior? Ya sabía que este iba a ser un verano distinto. Como lo fueron los primeros meses del año y el final del pasado. Nada, la verdad, ha vuelto a ser lo que era. Posiblemente porque yo tampoco lo he vuelto a ser. Con mi maleta a cuestas y el portátil metido en la mochila, dejaba por unos días la que era mi rutina, un poco contra mi voluntad, lo reconozco, para crearme el espejismo del descanso. Hacer como que no pasa nada cuando está pasando todo. Algo que los que hemos crecido disimulando sabemos hacer muy bien.

Es absurdo pensar que un simple hecho puede cambiar toda tu vida. La mía así lo hizo. Nunca pensé que, cuando sonó el timbre del despertador de aquel viernes, iba a ser la última vez que lo escucharía de esa forma. Me preparé la ropa, cogí el tupper con la comida, me lavé los dientes, ordené un poco el comedor y salí en busca del autobús. A las pocas horas, una llamada. Empezaba todo aunque yo, en aquel momento, no sabía que estaba empezando nada. Es absurdo pensar que la vida te cambia en un instante pero así es. Y vuelves a coger el ritmo y recuperas el centro, o mejor, creas uno nuevo, y sobrevives porque la naturaleza te lo pide, te lo exige. Han pasado unos cuantos meses desde que sonase aquel despertador y puedo decir que me siento orgulloso. Y feliz y hasta tranquilo dentro de esta espiral de temores y sufrimientos que es mi cabeza. Tampoco puede uno pretender que cambie todo. Esto, por desgracia, no funciona así.

Mañana vuelvo a hacer la maleta para regresar a casa. Dudo que haya ningún chico en calzoncillos esperándome en el rellano. Puede que sí tenga la ropa tendida o que hable a gritos con su familia de Italia. Puede que las plantas de arriba se hayan secado un poco más o que el vecino de delante siga con su ventana abierta de par en par pese que solo le entra calor de la calle. Puede que este no vaya a ser un verano como los de antes. Puede que incluso ya no haya un verano como los de antes. Para mí, desde luego, lo dudo. Tocará habituarse a los nuevos y, visto lo visto, tampoco me parece un mal plan. A veces la vida cambia en un segundo y la que viene luego es mejor. Dejemos de perder el tiempo. No vale la pena.

En la foto, Levi Conely

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Esta entrada fue publicada el 29/07/2022 por en Uncategorized.

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