EL HOMBRE CONFUSO

Un amor de verano

Cada verano, Fernando y sus amigos pasan unas semanas en la casa que su familia tiene en las afueras. Allí se bañan en la piscina, juegan a tenis, duermen, comen y pierden el tiempo. Salen, entran, ven amanecer y se desperezan mientras apuran cigarrillos. Pero este año no están solos. Fernando también ha invitado a Germán, un compañero de taewkondo con el que parece llevarse muy bien. Tímido y algo callado, trata de adentrarse en un grupo consolidado, con sus rutinas, sus celos, sus entendimientos. A la tensión existente entre Fernando y Germán se une la propia del recelo que despierta siempre un elemento extraño. A nadie le pasa por alto que entre ellos hay algo más que una amistad. Se miran y se ríen. Se tocan sin querer. Pasan los días juntos, hablan de cómics, de dibujos y de sus vidas. Ninguno de los dos parece saber muy bien hacia donde va todo pero se dejan llevar. No parecen tener prisa. A veces tenemos tanta que terminamos perdiéndonoslo todo. Qué pena. Anoche fue feliz viendo ‘Taekwondo’. Quise ser Germán aunque siempre he sido más Fernando. Quise vivir sus risas en la piscina, sus miradas, sus silencios a la espera de ese beso que no llega nunca. ¿Y si no llega? Al terminar, una terrible nostalgia se fue apoderando, poco a poco, de mí.

Nunca he vivido un amor de verano. Posiblemente, no he sido capaz de hacerlo. No fui capaz. De hecho, tampoco recuerdo haber vivido algo parecido a una juventud. Me lo pasé bien, claro. Salí, me divertí, quemé noches y regresé de madrugada. Hice lo que se supone que se tiene que hacer. Y creo que fui feliz. Creo. Nunca conocí a nadie que hiciese que mi mundo se volviese del revés. No viví ese cosquilleo tan adolescente que recorre el cuerpo a la espera de lo que vendrá. Nunca vino nada. Siempre era el que estaba dispuesto, el que nunca tenía nada mejor que hacer, al que podías llamar porque siempre iba a decirte que sí. Y puede que eso se viese desde fuera como una plenitud absoluta, siempre rodeado de amigos, siempre contento, pero las cosas por dentro son otra cosa. Recuerdo escribir unos cuentos en los que hablaba de amor, de conocer a alguien, de experimentar lo que tardé muchos años en experimentar. Los guardé en una libreta hasta que acabé rompiéndolos para que no los leyese nadie. Vivir en la ficción lo que la realidad nunca me había dado. Fue entonces, parece que sigue siéndolo ahora.

Tengo la sensación de que el tiempo se acaba. Que todo lo que en un momento fue nuevo, fue excitante, fue doloroso, ya no va a volver. Una bobada, lo sé. Cualquier que tenga algún año más que yo vendrá corriendo a decírmelo. Tampoco se lo he pedido, la verdad. El verano toca a su fin entre truenos, lluvias y madrugadas frescas y mi estómago se encoge preso de la nostalgia. La crisis de la edad, supongo. El fin de una etapa, el comienzo de otra que no sé si espero con demasiado alegría. No me gusta hacerme mayor. Daría cualquier cosa para restarme una década, para volver a aquellos veinte, para vivir lo que nunca me atreví a vivir. Nadie nos prepara para cumplir años. Nos empujan hacia la juventud y nos dejan caer cuando termina. Y más si no hemos seguido los patrones que se espera de nosotros. A ver cómo lidio con todo esto ahora. No va a ser fácil.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 29/08/2021 por en Uncategorized.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Archivos

Facebook

A %d blogueros les gusta esto: