EL HOMBRE CONFUSO

Diario de vacaciones. Algo de lo que me pueda quejar

A veces me cuesta pensar cómo era mi vida antes. No hace tantos años, de hecho. ¿Qué hacía yo? ¿Con quién hablaba? ¿Qué cosas contaba? ¿Era tan pavo como puedo imaginar? La verdad es que sí, lo era. No soy de los que han dejado un rastro de fotos vergonzantes para comentar las pintas. No. Yo he dejado un rastro de escritos en los que me he mostrado tal y como era en ese momento. Una pequeña biografía que se acerca a las dos décadas. Un testimonio que nadie ha pedido, ni siquiera yo mismo. Desde hace unas semanas siento la imperiosa necesidad de volver al pasado. A uno que acabó no hace tanto. Retomar las raíces con las que crecí, las lecturas, la música, las palabras. Volver a un origen del que siempre he renegado un poco. ¿Nostalgia? No sé lo que es eso. ¿Volver al pasado? Nunca. Yo solo vivo el presente y nada me afecta, me repetía sabiendo que no era cierto. Hoy me he encontrado rebuscando en los estantes de una librería algo que me hiciese vivir, de nuevo, esos viente, esos dieciocho. No la edad, que conste, que eso sí que no lo hecho de menos. Tal vez la tranquilidad. Tal vez el saber que el tiempo no era un obstáculo. De hecho, ni existía.

Volver a pisar la que fue mi casa hace cinco años, la que todavía siento que es mi casa, ha sido un golpe fuerte. Siento que entre esas paredes maduré, cambié, me encontré mucho más de lo que hasta entonces me había conocido. Gran parte de lo que soy ahora está ahí. He vuelto a sentir el mismo olor, la misma sensación de seguridad. Ahí pasé los peores meses que recuerdo. Miedos que me paralizaban, días aterrorizado en el sofá, preso de una ansiedad que no sabía controlar. Logré salir cuando pensaba que nunca más podría hacerlo. Costó más de lo que imaginaba pero salí. Luego vinieron los cambios, las mudanzas, otra vez los miedos, también las manías. Me cuesta mucho ser feliz aun teniendo motivos para serlo. Siempre pienso en que algo malo va a venir. Y a veces viene, claro, aunque la mayoría no. Pero ni con esas. Me escarbo buscando cables a los que aferrarme, lamentos que escuchar, penas en las que vivir. Algo de lo que me pueda quejar. Luego miro a mi alrededor y se me pasa. De verdad, así no se puede vivir. Este año me he propuesto mirarme menos. Dejar de tanto pensar y seguir adelante. También escribir ese libro que nunca escribo. Ya está bien. Que el tiempo juega en mi contra.

Desde luego, vaya diario de vacaciones me he montado. Lo que debería ser todo diversión, viajes, noches infinitas y amistades que vienen y van es un viaje de introspección tirando a triste. La cabra, aunque confusa, tira al monte. Pido perdón a los que creyeron que iban a encontrar aquí el entretenimiento de su verano. Mis vacaciones tocan a su fin y no he hecho más que lamentarme. Para las próximas prometo enmendarme. Otra cosa es que lo cumpla. Si en algo estoy entrenado es en las decepciones. Espero que no me lo tengan mucho en cuenta.

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Esta entrada fue publicada el 28/07/2021 por en Uncategorized.

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