EL HOMBRE CONFUSO

Diario de vacaciones. Esto acaba como empezó

Hace cosa de un año daba por finiquitado el diario que me mantuvo algo cuerdo durante los meses de confinamiento. Una obligación que me puse entre pecho y espalda y a la que maldije en muchas ocasiones. ¿Quién me mandaría a mí? Pues aquí estoy de nuevo. Aunque esta vez, ya lo adelanto, la cosa va a ser más corta. ¿Qué ha pasado en estos doce meses? Pues diría que poco. O mucho. No lo tengo nada claro. Yo aquí sigo, tecleando, sobreviviendo y luchando contra el patriarcado. De verdad, agotador. No me he convertido en influencer de películas, no me he hecho millonario y no he publicado ninguna novela. Eso sí, he logrado una chapita azul en twitter. Si el mundo fuese justo la gente me aplaudiría al pasar y me guardarían sitio en restaurantes que no me puedo pagar. Yo luego no iría, porque no voy a nada, pero mi sitio ahí estaría esperándome. Hoy he cambiado este glamour por sentarme bajo un frondoso árbol a tomar cervezas y aceitunas. El verano en la ciudad es así. Gente sudada en chanclas, planes que no vas a cumplir y alcohol, mucho alcohol. Yo por el momento me conformo con esto último.

El otro día estuvo con S. y L. en una terraza. Llegamos un poquito tarde y S. estuvo a punto de sentarse con los de la mesa vecina. Eso dijo pero no se lo creyó ni ella. Me encanta que siempre tengan temas de conversación y estén dispuestas a pedir una cerveza más. Al rato se acercó el guapísimo compañero de piso de S. De esta gente que se sabe guapa y mira guapo, bebe guapo y escucha guapo. Todo lo que hace es guapo. Hasta pillado un taxi. Chica, qué envidia, la verdad. Pero ahí no estaba de vacaciones y no cuenta. Vuelvo a lo que iba. A veces me sorprendo de mi propio poder de convocatoria y de las ganas que tiene la gente de quitarse la ropa. Hoy se me ha ocurrido pinchar un poco a mis seguidores de instagram a ver si revitalizo mi perfil y mira, ahí está, dispuestos, entregados, felices. Si es que lo de tratarles como si fuesen hijos míos debe tener algún tipo de recompensa. Claro que a la mínima se dan la vuelta y se buscan un hombre confuso mejor. Menudos son. Por cierto, B. se ha cambiado de casa y ahora su terraza es la más buscada de Madrid. Le he pedido hueco visto lo visto. Se ha reído un poco de mí. ¿Qué querrá decir?

Todo esto, la verdad, tan solo es un poco prólogo para mitigar lo que nos ha ocurrido esta última semana. Por fin he logrado bajar un poco el nivel de indignación y de estrés. Y eso que suelo reponerme rápido de lo que ocurre en el mundo. De repente, hemos sido conscientes de nuevo del miedo, de la inseguridad, de lo que hemos sufrido, de lo que hemos superado. Nos matan. Nos acosan. Nos pegan. Nos niegan. Y lo hacen a diario y con impunidad. Y encima tenemos que escuchar que igual es cosa nuestra, que no es para tanto, que somos unos exagerados. Lo que estamos es hartos. Y no somos los únicos. Aquí tenemos mucho que cambiar y estamos dispuestos a hacerlo. Esto no ha hecho más que empezar. Y, la verdad, ya era hora.

Foto: Quim Gutiérrez

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Esta entrada fue publicada el 10/07/2021 por en Uncategorized.

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