EL HOMBRE CONFUSO

Un domingo cualquiera

Iba a ser un domingo cualquiera. El frío se colaba entre las ventanas, los vecinos tiraban de la cadena y yo buscaba desesperadamente la botella de agua para intentar tragar algo de saliva. En cuanto empieza el buen tiempo mi garganta se seca. También me pasa con las manos y los ojos. No sé muy bien si tiene alguna conexión. Tú respirabas fuerte y eso me tranquilizó. No me gusta despertarte. Siempre intento acostarme sin armar ruido y lo mismo para levantarme. Voy a oscuras haciendo como que todo sigue encendido. Ahora mismo tecleo con la única luz de la pantalla pero a esto ya estoy acostumbrado. Iba a ser un domingo cualquiera. Desayunar a deshora, convencerte para salir a tomar un café y pensar en qué haríamos para comer. Tal vez poner una lavadora, lamentarme por tener que planchar alguna camisa y limpiar el baño. Quería hacer un bizcocho pero no pude. Me desperté cansadísimo, la verdad. No acabo de recuperarme. Será que mi cabeza va demasiado rápida. He llegado a un punto de automatismo que cualquier tarea que se escapa a las rutinarias me supone un esfuerzo sobrehumano. Creo que ya no puedo hacer nada. Fuera empezaba a llover. Nos quedamos tirados en el sofá pensando que mucho no iba a pasar. Cada vez que te miro me explota el corazón. No lo puedo evitar. Luego me fustigo por caer en las redes del amor romántico, de sus cursilerías y sus clichés pero es que no lo puedo evitar. Pasa el tiempo y se me sigue encogiendo el estómago cuando pienso en ti. Te miro y me río. También me enfado pero se me pasa. Siempre he pensado que no tenía mucho carácter hasta que alguien que luego se quedó a formar parte de mi vida me sacó del error. No sabría muy bien qué hacer si tuviese que volver a empezar pero también sé que eso no va a ocurrir. Me miras y me pides que te cuide. Yo te respondo que ya lo hago y tú me contestas que más. La verdad es que creo que me cuidas tú mucho más a mí. Me miro y solo hago tonterías. Guardo en el bolsillo del abrigo una de tus notas de la compra por si algún día me quedo sin. Maldito romanticismo, de verdad. Vimos una serie y una película, tomamos cerveza y dormitamos la siesta. También pusimos una lavadora, sí. Dejamos pasar las horas como si no tuviésemos nada que hacer. Como si volviese a ser aquel mes de enero. Como si nos quedase un tiempo infinito por delante. Iba a ser un domingo cualquiera y acabó siendo el mejor. Ojalá llegue el próximo pronto.

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Esta entrada fue publicada el 24/05/2021 por en Uncategorized.

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