EL HOMBRE CONFUSO

A mí también me gusta ser humano

Tengo una memoria que es una tortura. Un castigo, un suplicio, un yugo que cargo sobre mis hombros. Benditos lo olvidadizos porque de ellos será el reino de las sorpresas. Recuerdo muchísimas cosas que me han ido pasando a lo largo de la vida. Una cantidad ingente de datos que no termino de saber procesar. Detalles, situaciones, frases, no diré que todo pues sería mentir pero sí mucho. Soy capaz de rememorar qué llevabas puesto la primera vez que nos vimos, las palabras que nos intercambiamos y los gestos que hiciste mientras intentabas averiguar qué pasaba por mi cabeza. En esto tengo menos pericia pero creo que logré despistarte. Recuerdo que entré en el bar y estabas al final de la barra, llevabas un jersey gris, una camiseta azul debajo y te habías hecho el pelo rarísimo para ver si me espantaba o no y así descubrir si lo nuestro iba a llegar a algo. La verdad es que no me fui. Lo noté, claro, pero aguanté divertido. Tenía que haberme dado cuenta de lo que venía si la cosa empezaba así. Esa vez no te llevé a casa en coche. La siguiente sí.

Recuerdo lo primero que apunté en el folio el primer día de universidad, el número de errores que cometí en el carnet de conducir, también lo que me dijo el profesor de la autoescuela -al que odiaba a muerte- el día que aprobé el práctico, la esquina y la calle en la que quedé con M. cuando nos encontramos en Madrid hace ya unos cuantos años, lo que llevaba puesto y donde fuimos, la frase que no logré pronunciar aquella vez que se metieron conmigo al salir del colegio, lo primero que busqué el día que llegó internet a mi casa y las letras de canciones que no he escuchado en los últimos veinte años, aunque esto, la verdad, es que no tiene mérito alguno. Bueno, nada lo tiene. En realidad es un suplicio. Y con el paso del tiempo nada se ha mitigado. J. siempre me dice que sería un buen detective porque soy capaz de recordar dónde estaba cada pequeño objeto de una sala pero yo le digo que lo único que me interesa en la vida es ser Jessica Fletcher y por las novelas, no por la policía.

A veces reconozco que me hago el tonto por intentar pasar desapercibido. Afirmo no recordar esto o aquello aun sabiendo con precisión lo que pasó. Olvido hacer determinadas tareas de pequeño calibre, dejo cosas fuera de su sitio, anoto recados y direcciones, hago como que compruebo si tengo la agenda llena o me excuso asegurando que no había caído en que ya había llegado el día. La realidad es que nada de eso es cierto. Tenía todo perfectamente memorizado en mi cabeza pero a mí también me gusta ser humano. Los chicos de Vigilante preguntaron en uno de sus especiales de fin de año si en el futuro íbamos a ser ultracuerpos o ratas. Yo dije ultracuerpo. Lo que callé es que creo que ya he empezado el camino. Ojalá logre frenarlo a tiempo. Aunque rata, la verdad, no me veo.

Foto: Man About Town

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Esta entrada fue publicada el 12/04/2021 por en Uncategorized.

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