EL HOMBRE CONFUSO

Diario de no confinamiento

“Mi amigo B. dice que, a este ritmo, se le va a caer el rabo a cachos para final de la cuarentena”. Así empezó el que fue mi diario de confinamiento. Corría el día catorce y yo pensaba que iba a estar en casa de mis padres unos quince días. Fueron cuatro meses, que se dice pronto. Cuatro meses en los que no terminé ninguna novela, no cincelé mi cuerpo con ejercicio, no aprendí prácticamente nada y, oye, no perecí en el intento, que no es para menos. Fui de los que, viendo lo que venía y por cuestiones de pura logística, tuvo que abandonar su casa para instalarse en otra. No hubiese podido ser de otra forma. Y anda que no lo pasé mal. Dejé mi vida, la que llevaba desde hacía décadas, en suspenso esperando que todo terminase pronto. No terminó, claro. Los quince días se convirtieron en cuatro semanas, de ahí a dos meses y cuando me di cuenta estaba comprándome ropa de verano online porque yo solo me había llevado jerseys gordos. ¡Nadie me había dicho lo contrario! Le dije a J. que volvería, que se cuidase y que no me olvidase. Lo primero lo cumplí relativamente. Lo otro lo siguió a pies juntillas. Y aquí estamos, un año después, cuidándonos y no olvidándonos de -casi- nada.

Tengo grandes tentaciones de escribir otro diario. Se ve que no escarmenté del primero y sus noches de angustia tecleando con el cerebro medio frito. Si es que no aprendo. Escribir no es un trabajo para mí y ahí reside gran parte de mi desdicha. Doce meses después, a mi amigo B. no se le ha caído el rabo a cachos. O al menos no nos ha mantenido informados de ello. Yo diría que no, la verdad. Mi amiga L. se ha cambiado de trabajo y de casa. Ahora busca una mesa bonita mientras se acostumbra a no vivir sola. Dice que lo lleva bien pero es que ella siempre lo lleva todo bien. Mi amiga J. ha dado un golpe sobre la mesa porque tiene el coño ya un poquito harto de todo. En este año se ha deshecho de muchas cosas, ha sufrido, ha reído y ya no nos enseña las tetas como hacía en las videollamadas. Por cierto, qué horror las videollamadas, espero que no vuelvan jamás. Mi amiga S. está tan enamorada que hace siglos que no la veo. Llega un chulo y ya no sabe ni cómo se llama. La verdad es que me escribió para comer el viernes pero uno tiene una vida o al menos hace como que la tiene. La pandemia nos ha arrollado más de lo que creemos. Y ahí estamos, aferrados al ‘cuando todo esto pase’, siendo cada vez más conscientes de que esto no tiene pinta de pasar nunca.

Lo mejor que puedo decir de estos meses es que he logrado mantener cierto equilibrio. Veo como el universo se desmorona a mi alrededor cada segundo. Como alguien de mi entorno pierde el pie y cae, como crece el consumo de tranquilizantes, como la ansiedad se apodera de las horas de sueño y los nervios en el estómago. Y yo no he sido menos, ¿eh? Hace tanto ya que aprieto la mandíbula que he perdido la cuenta pero, con todo, no estoy mal. He visto mucho cine, he dejado atrás algunas rutinas que no me servían de nada, veo menos que un topo y leo poquísimo. Sigo demasiado pegado al teléfono y no tengo un minuto libre al día. No sé cómo lo hago pero es así. Veo menos a mi familia y salgo menos de casa. Me enfado a veces pero se me pasa pronto. Continúo haciendo la gimnasia día sí, día no y he fortalecido mi ya de por sí férreo autocontrol. Y yo que pensaba que era un manojo de inseguridades que bailan al viento. Resulta que tengo una fuerza de voluntad titánica y acabo de descubrirlo. Acabáramos. Me aplico muchas cremas para frenar el paso del tiempo y no me compro ropa. Vamos, que este 2021 podría parecerse mucho al 2019 si no fuese por, claro, lo evidente.

Dudo que aquí empiece un diario de no confinamiento. Me gustaría pensar que iba a ser así pero igual debería aplicarme para otras cosas. Prometo escribir más, sí, pero es que este wordpress me tiene loco. No entiendo nada. Ojalá alguien me solucionase la papeleta y pudiese yo mudarme a un sitio mejor. Mientras tanto voy a escribirle a B. para que me haga el update del estado de su entrepierna. Vuelvo pronto con la respuesta. Atentos.

Esta foto de Paco y Manolo fue la que utilicé para el primer día del Diario de confinamiento.

Un comentario el “Diario de no confinamiento

  1. Maria
    14/03/2021

    Para mi tu diario fue una de las únicas cosas buenas del confinamiento. Lo viví sola por obligación, separada de todo el que quería también pensando que sería como mucho un mes. Aunque tengo un trabajo estable que ocupaba cada una de las horas de encierro, y bendito sea, pensaba con terror en los que no tenían mi suerte y que se tendrían que ver forzados a situaciones y decisiones que jamás pensábamos. Gente de casi 40 sin oportunidades. Ahora estamos en esa fase de la pandemia. Dormía como un bebé, evitaba leer periódicos hasta las 8 de la noche pero tu blog era lo primero que leía cada mañana. No quiero volver a leer un diario confinado pero me encantaría uno de historias cotidianas, optimistas y pesimistas, de lo que nos ha dejado esta nueva normalidad. Un abrazo enorme de agradecimiento. María

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Esta entrada fue publicada el 14/03/2021 por en Uncategorized.

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