EL HOMBRE CONFUSO

Todo debería ser más fácil

No es este el texto que debería estar escribiendo. Ese otro, el que me arde por dentro, no puedo hacerlo realidad. Llevaría demasiadas consecuencias y no tengo yo los nervios para más caos. Ahora leo mientras como. La nueva normalidad, supongo. Apago la pantalla y paso las hojas. A mi alrededor todo baila. La gente, los datos, las voces y los teléfonos. Ellos hacen como que no me ven aunque imagino que se extrañan. ¿Qué hará este leyendo aquí? La verdad que es una de las mejores decisiones que he tomado. Tal vez no quiera más que sentirme especial, distinto a los demás. Eso nos ha enseñado la sociedad y yo, la verdad, soy muy bien mandado. He empezado con el ‘Nada importa’ de Jesús Terrés porque, realmente y en este momento, nada importa. Cruzo sus textos, escritos ya hace unos años, y vuelvo a sentirme un poco en casa, un poco joven. Más joven, aclaro. Aunque la juventud poco importa también. Creo que debería teñirme las canas de la barba, por cierto. Pero bueno, a lo que iba, que siempre me pierdo.

Con el mundo desmoronándose solo puedo pensar que todo debería ser más fácil. La vida, la muerte, los cambios, las relaciones. Las fotos, los stories, los whatsapp a deshora y los amigos. Los sentimientos, las quejas, el dolor y la felicidad. También el amor. Ay, el amor. Sobre todo, el amor. Dejar las tácticas y las guerras. Las gilipolleces que hemos aprendido de series escritas por imbéciles. Dejarnos llevar y no cambiar ni un ápice de nuestros actos. Estén bien, mal, certeros o errados. Ser consecuente aunque termine mal. Incluso aunque termine bien. Mandar ese mensaje que queremos mandar, decir ese te quiero que queremos decir. Aunque nunca nos respondan. Aunque nunca nos quieran. Sufrir también debería ser más fácil. “Porque estás aquí, porque aún nos quedan cosas que decir”. Esto lo escribe Terrés, no yo. Y me lamento por ello. A menudo pienso que hago las cosas complicadas, que me emperro en lo imposible y termino torciéndolo todo. Y prometo que mi intención es que todo sea lo más sencillo posible. A veces me gustaría apagarme un rato y volver a empezar. Saliese lo que saliese. Por suerte, no puedo hacerlo.

Mientras como, repaso las listas de ‘Nada importa’ con cierto regusto y asintiendo con la cabeza. Que vean que estoy pendiente, que leo y reflexiono, que sé de lo que hablo. Que me siento parte de algo. A veces le veo la costura y otras me la cuela sin darme cuenta. Hoy he marcado varias páginas para futuros textos. Hacía tiempo que no me pasaba. Claro que también hacía tiempo que no escribía. Debí gastarme en el confinamiento. “A Jesús Terrés, las manos detrás de ‘Nada importa’, le conozco de hace mucho. No en persona, claro. Le leo. Que, en muchos casos, es un ejercicio de exhibicionismo más profundo que desnudarse”, escribí hace ya cuatro años, cuando ‘Nada importa’ echaba el cierre. “Llevo once años -tal vez alguno menos- leyéndole. Le leí mucho antes de la explosión de las redes sociales y siempre pensé que no congeniaríamos nada. Admirar a alguien no significa nada más que eso”. Me equivoqué entonces y me he vuelto a equivocar ahora. Me ha gustado releerme. ¡Qué sorpresa! Hasta me he reconocido, que no es poco.

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Esta entrada fue publicada el 21/09/2020 por en Uncategorized.

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