EL HOMBRE CONFUSO

Hay algo de tremendamente placentero en asfixiarte de calor

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Me duelen los dedos mientras cambia el tiempo. Algunas gotas calientes de lluvia se cuelan por el patio. El olor a humedad entra por la única rendija que dejo abierta en la ventana. Poco a poco se oscurece el cielo y yo sigo sudando mientras hago flexiones. El ejercicio es de lo poco que mantengo de la cuarentena. Tal vez esperando que llegue otra. Voy a la ducha decidido a salir. Por mucho viento que sople. Empaqueto mi libro, una botella de agua, el gel y bajo andando las escaleras. Tengo tentaciones de aferrarme a la barandilla pero lo evito en el último momento. El hedor que se desprende del cuarto de basuras es insoportable. Me miro en el espejo de la tienda y no doy tanta pena como siempre pienso. Un chaval intenta darme una propaganda de una tienda pero le digo que no con la cabeza. No es momento para coger nada. Ni siquiera tu mano. Me pierdo mientras te busco y eso que llevo el móvil. El verano era esto. Leer al aire libre, comer cerezas y toquetear instagram. Hay algo de tremendamente placentero en asfixiarte de calor. Detestable pero placentero.

J. teje sin parar. Cambia diseños, enhebra agujas y corta hilos con los dientes. Reúne a sus amistades en casa para poder seguir tejiendo. Así ocupa sus tardes y planea envíos. Dice que no le apetece nada salir al exterior. Todo fuera, la verdad, parece extraño. Vuelvo de su casa por el camino de siempre. Me cruzo con parejas con mascarillas y grupos sin ellas. Hace calor y me han vuelto a rozar los zapatos. Este es mi castigo, cada uno tiene el suyo. Subo el volumen de la música y tarareo ahora ya sin que nadie me vea. Las terrazas siguen llenas, se me cuelan risas por debajo de los cascos y la gente parece feliz. Como si nada ocurriese a su lado. Como si lo que hemos vivido no fuese ya más que un recuerdo. Y puede que lo sea. Cada vez que crea que todo pasa, que no fue para tanto, releeré las entradas del diario que escribí con un nudo en el estómago. Pensaré en los días que echaba de menos abrazar a J. La supervivencia hace que olvidemos pero yo ahora lo que menos quiero es olvidar. O sobrevivir.

Llegando a casa me cruzo con un grupo de chicos. Vuelvo a sentir el miedo. Se estaba tan tranquilo en casa. Aprieto el paso y hago como que no les veo. Se separan para dejarme pasar y continúan su camino. Esto no nos ha servido de nada. Ni hemos cambiado ni parece que lo vayamos a hacer. B. se ha ido a ver a su familia y todavía ni nos hemos encontrado. Le veo feliz y delgado mientras abraza a sus sobrinas. Cuánto debe haberlas echado de menos, me pregunto con cada foto. Posiblemente más de lo que piensa. Quiero creer que no me asusta la soledad pero la verdad es que me aterroriza. Quedan muy pocos días para mi cumpleaños y siento el peso del paso del tiempo. Me veo envejecido y envejeciendo. Seguro que quién me conozca pensará que es una exageración y posiblemente lo sea, pero qué extraño es sentir la propia mortalidad. Debería dejar de leer historias de vampiros, eso también. Y aprender a tejer. A ver si el secreto de la existencia está entre telas y estoy aquí perdiendo el tiempo escribiendo.

Foto: frankmrose.

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Esta entrada fue publicada el 09/07/2020 por en Uncategorized.

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