EL HOMBRE CONFUSO

Igual las cosas no me han ido tan mal

gabrielitoboy_101852536_903365060132376_2628042341088973699_n.jpg

Deja la lujuria un mes y ella te abandona tres. Una máxima nada aplicable al confinamiento, me da a mí, pero totalmente a esto de escribir. Me apeo del diario así con ganas de descansar un poco de la obligación y sin darme cuenta casi ya ni me acuerdo de entrar. ¡Siempre igual! Que ahora llevaré mascarilla por la calle pero, por lo demás, sigo siendo un poco el mismo. Por cierto, qué buen momento para los que tenemos ojos azules. Estoy venga a echarme contorno e hidratante y las pegatinas estas para las bolsas a ver si consigo una mirada arrebatadora, visto que lo de la barba frondosa ya no sirve de nada. Si alguien tiene consejos, soy todo oídos. La vuelta a esta realidad que ahora tenemos me ha pillado con muchas ganas y algún que otro miedo. Quiero ver a tanta gente que me da cosa pasarme con esto de la exposición, así que voy combinando. Que si un día salgo y me tomo cervezas de más, pues al siguiente me quedo en casa como si nada. O eso me quiero contar para sentirme bien. Resulta difícil ser consciente y consecuente cuando hace cuatro meses que no ves a tus amigos. Y me faltan todavía unos cuantos. No sé, me da que van a terminar confinándome a mí para que se me pase la tontería.

Yo no sé a quién le debe haber sentado mal el confinamiento porque toda la gente que he visto está estupenda. Pero guapos, bronceados, con pelazo, de verdad, estoy por no salir yo ya más. La semana pasada vi a S. y L. en un intento de no desmadrarnos mucho y controlarlos así entre nosotros. No funcionó bien. Dice L. que quiere ahora cambiarse de piso pero no le está saliendo la cosa como ella quiere. Que fue a ver uno que le venía bien por pasta pero que se dio cuenta de que es un poco pija y que ahí no puede vivir. Y mira, cómo no voy a entenderla. Con lo que sufro yo por adelantado por todo me faltaría un piso en el que no pegar ojo cada noche. Que os veo muy felices con vuestras fiestas en los stories pero me plantaba yo ahí con una escoba y os sacaba a la calle con una somanta de palos. ¿En qué momento dejas de ser el que se lo pasa bien para convertirte en el vecino que quiere dormir? Pues en el mismo que te tapas así el cuellito cuando enchufan el aire acondicionado o suspiras al tomar asiento. Que es estupendo querer ser un chulo de instagram pero, la verdad, es mucho más fácil acabar en señora. Y puedes comer cosas que no sean proteínas. Todo son ventajas. Bueno, o casi todo…

Me dijo K. el viernes que le habían invitado a la fiesta de una millonaria en la terraza de su ático. No le he preguntado qué tal le fue. La verdad es que ya me gustaría a mí decir que pasé el sábado con una millonaria pero la realidad es que estuve tumbado en el césped bebiendo unas latas de una bolsa nevera mientras unos brasileños que no conocía hacían como que bailaban y se descamisaban. Lo de brasileños lo digo por la enorme bandera que llevaban a modo de manta de picnic. Igual solo eran fans. Pasar el verano en la ciudad es así. Caluroso, extraño, algo patético pero bastante divertido. Claro que este año no hay ni conciertos, ni proyecciones, ni nada que se le parezca. Dice Q. que ella se va a ir en agosto a su cortijo a no hacer nada. Cómo suena lo de cortijo, que parece esto Bonanza. I. sigue en la casa de la playa de sus padres y todavía no le he visto. Y S. y E. esperan que pasen estos diez días que tengo por delante antes de volver a la brisa marina. A ver si para antes de esto me encuentro con J. y B. Una está en casa organizándose un mercadillo -sí, ahora es empresaria; ella sabrá- y el otro pilló un avión hace dos días para visitar a su familia. Como se entretengan mucho me pillan ya sin este bronceado que luzco para sorpresa propia y ajena. Hay que joderse que haya terminado yo más moreno en el confinamiento que en mi vida rutinaria.

Hace ahora diez años estaba en Londres saltando de hotel en hotel en una de las experiencias más extrañas que he vivido nunca. Recalamos en uno por Bloomsbury mientras daban un partido de fútbol en todos los bares. Nos dimos un baño, pedimos unos sándwiches al servicio de habitaciones y nos los comimos con los albornoces. Creo que es lo más cerca que voy a estar de sentirme millonario. Como la de la fiesta en su terraza. Diez años después aquí estoy. Igual las cosas no me han ido tan mal.

Foto: Gabrielitoboy.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 05/07/2020 por en Uncategorized.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Archivos

Facebook

A %d blogueros les gusta esto: