EL HOMBRE CONFUSO

Día 99 – El diario de J.

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La verdad es que este diario no lo he escrito para mí. De hecho, a veces dudo ni siquiera que lo haya escrito yo. Algo ocurrió hace ahora casi cien días que me llevó a sentarme cada noche. Y lo he cumplido creyendo que no lo iba a lograr. Este diario lo he escrito para J. Para que no se olvide de mí. Para que sepa que aquí sigo, que estoy bien y que mi vida también continúa. Que a veces no le digo todo lo que le quiero porque sé que ya lo sabe y que por mucho que el mundo tiemble ahí fuera nada podrá hacer que todo cambie aquí dentro. La última vez que nos vimos estaba yo muy nervioso. No sabía si había tomado la decisión correcta. No sabía que estaba pasando. Me dijo que no me preocupase, que todo iba a ir bien. Siempre me lo dice. Y casi siempre acierta. Me quedaba mucho por recoger y no podía entretenerme. Nos dimos un abrazo porque todo estaba ya muy difícil y no quería que se pusiera malo. Le pregunté si se acordaría de mí, si me echaría de menos. No recuerdo qué me respondió. Se puso el abrigo negro, las gafas de sol y salió por la puerta. Me dijo adiós con la mano y yo pensaba que solo iban a ser quince días. De eso hace más de tres meses y no hay momento en el que no lamente de haberme ido.

No he sido una persona fácil en este confinamiento. Me he agobiado, me he hartado, me he venido abajo y he hecho esfuerzos por reponerme. Le he llamado con ganas de llorar y sé que no lo he sabido disimular mucho. Me he sentido solo, muy solo. Para mí esto ha sido una especie de viaje extraño. Era él quien terminaba consolándome pese a que no era yo quién más debía necesitarlo. He aguantado el tipo delante de todos, he hecho como si nada, como si mi vida no se hubiese parado aquel día de principios de marzo. No ha pasado una noche sin que no piense en él. No ha habido un día en el que no haya querido darle los buenos días. Echo de menos salir a tomar un café, pensar qué vamos a comer o tomarme una cerveza tras un paseo. Echo de menos sus payasadas y como me enfado cuando no sale todo como yo quiero. Echo de menos las noches de invierno y las tardes en el sofá. Esas en las que no estoy quieto porque se me descontrola un poco la ansiedad. Echo de menos que todo sea como antes, aunque no sé si esto va a ocurrir ya nunca más.

El otro día encontré rebuscando entre mis cosas una camiseta que todavía no me había puesto. De repente, todo olía a él y no quise lavarla más. Le mandé un mensaje para contárselo con el estómago algo encogido. Ojalá la hubiese encontrado antes… Quería que esta fuese la entrada más especial de este diario. Al final ha resultado ser la más difícil. Creo que no he sabido transmitir nada. Cada palabra que he escrito aquí se la he escrito a J. Cada anécdota, cada sueño, cada tontería. Son las cosas que me hubiese gustado contarle y no he podido hacerlo. No sé si le he hecho sufrir mucho al verme triste. Porque, sí, lo he estado y mucho. Solo pretendía hacerlo todo más sencillo aunque, para variar, no sé si lo he logrado. Al menos, lo he intentado. Si tú dices que sí, yo diré que sí. Si vives de alquiler, yo también.

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Esta entrada fue publicada el 21/06/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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