EL HOMBRE CONFUSO

Día 94 – El diario de S.

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He agradecido mucho durante las peores semanas del confinamiento estar bastante ocupado. Horas de trabajo, haber cogido la rutina del ejercicio, ponerme al día de lecturas. Ver, la verdad es que he visto poco pero tampoco me apetecía. Haber tenido los días llenos ha sido también un respiro. Estresante a ratos, agobiante en los momentos de descontrol de la ansiedad, pero un respiro. Saber que tienes todo organizado da cierta paz. De ahí que admire mucho a los que como S. se han enfrentado a esto a calzón quitado. Cuando empezaba a despuntar y a encadenar proyectos, llegó el paró y tuvo que quedarse en casa. Semanas en blanco por delante y una fortaleza mental que no estoy seguro de poseer. ¡Qué fácil es caer en la desesperación! Pero nada, chica. Ella ahí ha estado, preparando su regreso, esculpiendo su cuerpo y echándole humo al teléfono como si no hubiese un mañana. El reino de la nueva normalidad será de los que salgan con glúteos de acero. Ya nada se les resistirá.

Si con todo esto no tuviese bastante, a S. se le desapareció un ligue en plena pandemia. Nunca llegaron a poder verse por el cierre de todo y cimentaron su relación con mensajes, llamadas y una confianza forjada a ritmo de vértigo. Y todo iba bien. Nada como sentirte acompañado cuando más lo necesitas. Pero nada, el tipo de repente se hizo un repliegue y si te he escrito no me acuerdo. El ghosting de la cuarentena. Menudo sinvergüenza. Que una cosa es rescatar un interés movido solo por el hastío y el aburrimiento y otra muy distinta desaparecer así sin más. Claro que igual la llama ha vuelto a encenderse, tienen fecha de boda y yo aquí estoy, esparciendo mierda para ganarme el veto con méritos propios. Que también os digo, viendo como está el asunto de las bodas, pues mira, esa mascarilla deluxe que me ahorro. ¿Habrá ya diseños a juego con el traje? Seguramente sí y es lo queme faltaba. Dispendio y cutrerío.

Son tan monos mis amigos que no se han juntado todos esperándome a mí. ¿Es o no es para morirse así un poquito de amor? Que, a ver, que es porque no les ha venido bien la fecha y porque todos tienen unas agendas que madre mía el estrés, pero yo quiero creer que lo hacen con una lagrimita y una foto mía enmarcada. Ahora ya se me ha pasado pero durante varias semanas he vivido con ese miedo sin sentido a ser olvidado. A que el mundo continúe como si nada y nadie se acuerde del hueco que ocupabas. Luego ya me doy cuenta que todos preguntan por mí y mi corazoncito se revuelve de emoción. La cursilería, otra de las cosas a eliminar tras los confinamientos. Me asusta el regreso a lo que fue. No lo puedo evitar. ¿Y si todo eso que ha pasado ha dejado un poso insalvable? ¿Y si por mucho que nos esforcemos ya no volvemos a ser los mismos? Esto me lo pregunto porque voy sobrio. Dadme unas cervezas y ya no sé ni lo que es la nueva normalidad.

Creo que S. no ha tenido una mala cuarentena. Claro que es difícil saberlo cuando es capaz de reponerse ante casi cualquier cosas. Sus últimos meses no han sido fáciles y ahí está, subiendo y bajando pierna con instagramers de nombres vergonzosos. Qué sensiblera me está quedando esta recta final, ¿no? No quiero ni pensar en la despedida.

Foto: Alfonso Bassave.

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Esta entrada fue publicada el 16/06/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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