EL HOMBRE CONFUSO

Día 93 – Tenía yo una historia tan buena…

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Tenía yo hoy una historia tan buena para contar que me hubiese dado para terminar los días que me quedan por todo lo alto. Pero nada, aquí estoy, mordiéndome los carrillos para no soltar nada. Qué dura es la vida del cronista, de verdad. En su lugar, en vez de estar deleitando a los pocos que todavía pasen por aquí con un derroche de giros, anécdotas y personajes interesantísimos, tendré que recurrir a las cosas de siempre. Así no hay forma de levantar la recta final. Porque entre una tormentosa cadena de infortunios y venir a hablar del tiempo, de lo difícil que es saber cuándo podremos viajar entre comunidades y de que tengo unas agujetas en las piernas que no me puedo ni mover, no hay color. Pero así es la vida. Unas veces ganas y te lanzas a la piscina. Otras te callas, chapoteas y esperas que nadie note que estás metiendo tripa. En mi caso esto último es constante. Incluso cuando nadie me está mirando.

Todo era más sencillo cuando no teníamos que hacer nada. Dejar pasar la horas, los días, las semanas. Poner una muesquita en el calendario y esperar. Buscar una forma de distraernos, hablar por teléfono, trabajar si eras de los que seguías trabajando. El contexto era un horror pero la vida era tan sencilla que asusta. Ahora todo vuelve a estar de nuestra mano. Toca tomar decisiones, salir de casa, gastar y parece que ya hemos perdido el ritmo. Qué rápido se adapta el ser humano a casi cualquier cosa. Una noche más se me ha hecho tarde con tantas cosas pendientes. Y eso que tenía yo una historia tan buena para contar que no hubiese necesitado pensar ya nada más de aquí al final del diario. Pero tan buena, tan buena que creo que la voy a escribir para que salga a la luz tras mi fallecimiento. Que el mundo, al menos, no se la pierda.

Mientras escribo todo esto suena Cristina Tárrega de fondo en su nuevo programa. Creo que es un dato a tener muy en cuenta. Hacía bastante que no hablaba con R. Casi desde principio de mes y con todo lo que ha cambiado. Dice que sigue en casa, que ya ha llegado un punto en el que ha optado por ni arreglarse ni nada. Se pone una camiseta para las videollamadas de trabajo y el resto, literalmente, en rabos. Creo que no se ha dado cuenta de que no va a poder superar esta fantasía y le tocará vivir con ello. A ver quién es el guapo que luego se enfunda unos vaqueros y pasa nueve horas en una oficina. Ahora mismo Tárrega está hablando con una joven de nombre Selena que se presenta con un espontáneo ‘Selena, encantadita’, que va a ser mi saludo a partir de ahora. Pero a lo que iba. Tengo tantos planes anotados para las próximas semanas que creo que terminaré no haciendo ninguno. No sé si me veo muy preparado para seguir como si nada.

Foto: Bernardo Villas Boas.

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Esta entrada fue publicada el 16/06/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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