EL HOMBRE CONFUSO

Día 79 – Mientras estén, sé que no lo hemos logrado

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Hoy han abierto más comercios. Hay más terrazas y mucha gente esperando. Puedes empezar a entrar en tiendas, a creerte un poco más que todo es como antes, que nada ha cambiado a excepción de esas mascarillas que pueblan las calles. Pero la realidad es que todo es muy diferente. No puedes abrazar a tus amigos, no puedes darle besos a tu familia, no saber si estarás contagiando a la persona con la que vives. Y te acuestas en la misma cama y haces la cucharita y le dices que le quieres. Y puede que ese gesto conlleve mucho más pero ¿qué vas a hacer? Vuelves a encontrarte con tus amigos a los que hace meses que no ves y les miras de lejos. Y te ríes aunque no te vea la cara al completo. Paseas junto a ellos y te cuentas cómo ha ido todo y miras las mesas llenas de gente codo con codo y te da un poco de escalofrío. Al menos, a mí me lo da. No quiero volver a pasar por lo mismo por mucho que tengamos la amenaza sobre la cabeza y a los agoreros felices. Todavía no hemos terminado esta vez. No empecemos con lo que vendrá.

Pienso en el primer tren que coja. En los asientos vacíos y las mascarillas puestas. En que las quejas antes se quedaban en el aire acondicionado. Iré a esperar el autobús con mi maleta como hago siempre. Pasará el 19 y no sé si podré subirme o no. ¿Y si hay mucha gente? Todo parece que vuelve al redil en un intento de hacernos creer que las cosas no han cambiado. Y la verdad es que parece que así ha sido. Reconozco que la realidad que conocía, aunque sea en forma de espejismo, me da cierta tranquilidad. Pensar que ya ha pasado, que el calor ha hecho su labor, que volveré paseando a casa mientras el asfalto arde y mi estomago intenta digerir la poca cena acompañada de cervezas. Que no tendré que taparme nariz y boca por el camino. No tiene pinta de que esto vaya a ser así. Y nos acostumbraremos, como nos hemos acostumbrado a todo. Como ya no concebimos pasar un segundo esperando en la calle sin consultar el teléfono. La pura supervivencia jugará las cartas por nosotros y nos parecerá bien. Igual diremos que no pero, en verdad, nos parecerá bien. Y todo lo que hemos pensado e ideado en estos meses se quedará en nada.

Tengo una pequeña cruzada contra la romantización de las mascarillas. No quiero que sea un complemento más. No quiero que sean monas, vistosas y que combinen con mi ropa. No quiero presumir de originalidad ni de elegancia, por mucho que me encantaría tener una de la que sentirme orgulloso. La mascarilla me recuerda lo que hemos pasado, dónde estamos y lo que nos queda. No quiero que se quede conmigo por el mismo hecho de que quiero volver a darle besos a mis amigos. No quiero renunciar a pensar que esto también pasará. Y mientras estén, se que no lo hemos logrado.

Foto: Giovanni por BaronneDeneuve.

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Esta entrada fue publicada el 01/06/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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