EL HOMBRE CONFUSO

Día 69 – ¿Se notarán los setenta días de ejercicio?

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¿Y si ahora no me apetece salir? ¿Y si lo que veo ahí fuera me da un poco de miedo? Empecé este diario un poco en broma, un poco en serio. Creía que iban a ser unos días y por aquel entonces me veía en cierta obligación de aprovechar el tiempo. Por fin iba a tener largas horas por delante y me tocaba esmerarme para escribir. Al principio ftodo fue sencillísimo. El mundo estaba deseoso de comentar, de explorar, de narrar el giro que había dado su vida. Luego llegaron las malas rachas y la falta de ganas. Las ausencias, los silencios y el enfrentarse a un vacío que no ha sido fácil de rellenar. Por suerte, las cosas pasan y remontan y parece que por fin van terminando. Claro que a ver cómo hago yo ahora para adaptarme. Los cambios nunca han sido mi fuerte y en estos meses me he llevado la palma. Dice D. que él pasa de salir. Que ahora que puede, no quiere. Y lo entiendo. Tampoco es que lo que me espera fuera sea mucho mejor.

Yo lo que quiero es que todo sea como antes. Que llegue el verano y saque el dichoso ventilador. Que me toque cambiarme de ropa cada diez minutos y muera de calor cada vez que pise la calle. Que vayamos por la tarde a leer al parque y merendemos mientras nos cambiamos de sitio para que no nos agobien los niños. Rescatar el libro de la Costa Azul y leer los pasajes que me quedan. Pasear por la noche y negarme a comer helados por esto de guardar la línea. Tintos y cervezas en la isla, trenes hacia la playa y ver el mar desde la terraza. Quejarme de que julio y agosto no terminan nunca y silenciar a los que encadenan festivales. La verdad es que nunca me ha gustado el verano y ahora lo echo de menos más que nunca. Las cenas en la alquería y las tardes en la tumbona. Tampoco pedíamos tanto y ahora no tenemos nada. Bueno, casi nada.

La fase cerono es tan diferente de la fase uno. No hay abrazos, no hay besos y los cafés en la terraza saben mejor que en casa a pesar de las mascarillas. Necesito comprarme ropa y tengo una lista interminable de libros. No me quedan lentillas nuevas y todavía no me he armado de valor para ir a la peluquería. Sigo llevando zapatos de invierno, la chaqueta de entretiempo se me ha vuelto a quedar guardada y no veo el momento de recuperar mis cosas. No tengo ni idea de cómo será todo cuando salgamos de verdad. De momento casi muero atropellado en dos ocasiones por pensar que sigue sin haber coches circulando. Me ha mandado B. unas fotos de un instagramer del que nos reímos bastante. Guardo el nombre con mi vida, no se molesten en preguntar. He bebido tan poco estos meses que preveo terminar pedo con un par de botellines. La vuelta va a ser extraña y parece que barata. Ahora solo falta que exista. ¿Se notarán los setenta días de ejercicio? Va a ser que no. Menudo timo, de verdad.

Foto: Félix Gómez.

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Esta entrada fue publicada el 23/05/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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