EL HOMBRE CONFUSO

Día 68 – Siempre hay alguien más joven dispuesto a empujarte por la escalera

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Hoy he recuperado la cita de los jueves. Con esto de los paseos y los horarios habíamos cambiado el skype por la calle que, oye, tampoco está mal, pero me he dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos. Es el rato más divertido de la semana y como ya parece que lo de las videollamadas ha pasado a mejor vida, no se corta ni se pixela tanto. J. nos ha contado que lleva desde marzo sin ponerse sujetador y que este fin de semana se dio el homenaje de su vida. Que si pizzas, que si chucherías, que si venga un poquito más que total no pasa nada. Claro que sí, hay que darse algún capricho que ya tenemos bastante sufrimiento. L. está un poco fastidiada porque cuatro días ha salido a correr y ahora se le ha jodido la cadera y le ha dicho el médico que se esté quietecita. En su lugar, pues se ha abierto media docena de cervezas. ¡Qué se le va a hacer! Eso sí, no estábamos todos y me ha dado un poco de penita. S. tenía sus cosas laborales y B. se ha ido a socorrer a una amiga. Se lo perdono pero una y no más.

L. está obsesionada con ser siempre la más joven de la contornada. Vamos, en su mente no hay nada más joven que ella. Que no es mal plan pero, claro, es que, a ver, hay gente más joven. Siempre hay alguien más joven dispuesto a empujarte por la escalera. Es una ley que no falla. Tan loca está con esto de la edad que se ha dedicado a stalkear a uno que ha conocido para averiguar si, de verdad, era más joven que ella. Pobrecita, ya como vaca sin cencerro. Dice J. que todavía no ha salido con su novio a la calle. Que o sale ella o sale él. Hemos tenido que explicarle que si es con la persona con la que convive podría haberlo hecho ya hace unas semanas. Vamos, estoy seguro que se lo ha inventado para perderle de vista un ratito. Que lo de entregarse al amor y no haberse matado en el confinamiento está muy bien pero poder estar un rato solo, sinceramente, está mejor. Qué ganas tengo de verles a todos, la verdad. Y qué dura se hace la distancia y las ausencias y el tiempo que no pasa y la normalidad esta que nunca llega.

Desde que se puede salir he ido renunciando a muchas cosas que antes me resultaban impensables. No llevo gafas de sol porque ya tengo bastantes cosas extrañas en la cara. He optado por no malgastar colonia así sin sentido, contando que no me voy a encontrar con nadie. Es un gag que ya tengo con L. constantemente. Otra L., no la jovencísima de antes. Ya no recordamos cómo era el mundo antes del confinamiento y no hemos vuelto a ponernos colonia. Paso un poco de arreglarme bien, de conjuntarlo todo y de no dar un poquito de pena. A ver, que no la doy, que quede claro, pero yo antes me preocupaba más. Ahora ya tengo bastante con no morir asfixiado detrás de la mascarilla. Dice L. que ligar va a ser complicadísimo a partir de ahora y me da a mí que no. Lo complicado va a ser pasar a mayores pero ¿y el misterio de no ver más que los ojos de los demás? Eso sí, más vale que vayamos practicando el lenguaje del abanico y el hechizo de la mirada. Con eso tendremos que aguantar el medio año que nos queda. Y que solo sea eso.

Foto: Adrien Vadot.

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Esta entrada fue publicada el 21/05/2020 por en Uncategorized.

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