EL HOMBRE CONFUSO

Día 67 – Que el mundo vea con lo poco que me conformo

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No pasa nada si no eres perfecto todo el rato. No pasa nada si no eres creativo, productivo y constante. No pasa nada si dedicas parte de tu día a no hacer nada, a tumbarte y desconectar, a no hablar con nadie. Tampoco pasa nada si no lo haces. No pasa nada si no respondes ese mensaje, si no coges esa llamada. No significa nada más que no es el momento. No pasa nada si te vienes abajo, si todo esto se te hace pesado y tienes muchas ganas de que termine. No pasa nada si lo cuentas, tampoco pasa nada si no lo cuentas. No pasa nada si te encuentras más sensibles de lo normal. Tampoco pasa nada si no lo estás. No pasa nada si no te ves con ganas de hacer ejercicio, no pasa nada si te comes ese otro trozo de pastel, no pasa nada si cenas pizza. No pasa nada si no lo haces. En realidad, no pasa nada si haces o dejas de hacer. Ojalá todo esto nos sirviera para dejar de ser tan exigentes con nosotros mismos. Aunque siguiendo el mismo razonamiento, tampoco pasaría nada. Vaya mierda de teoría.

Mañana tengo una agenda bastante completa y me gusta y me asusta a partes iguales. Parece que todo empieza a activarse. Salgo a la calle y me suda la barba con la mascarilla. No sé cómo voy a poder llegar hasta agosto, la verdad. He prescindido de las gafas de sol porque, total, ya me tapo bastante. Mi amigo K. dice que no piensa salir a la calle de momento. Que ya que está se espera a verano. Me parece bien porque así nos veremos en el momento preciso y todo parecerá seguir como era antes. Claro que no sé si con tanto encierro terminará cogiéndole miedo. Hoy B. y yo hemos compartido la misma foto al mismo tiempo en el grupo que tenemos. A ver si vamos a ser gemelas y no lo sabíamos. Y eso que ya tengo a mi amigo M. que nació el mismo día que yo y del mismo año. A ver cuánta gente es capaz de decirlo. Me gusta hablar con él, entre mil motivos, porque vivimos lo mismo casi con la misma intensidad. Ay, qué ganas tengo de verles a todos. De verdad, qué largo se me está haciendo todo.

A J. no le gusta cuando le cuento algunas cosas y veo como abre la pantalla del ordenador mientras hablamos por skype. Se refleja la luz en su cara y creo que piensa que no me doy cuenta. Hace el tonto para que me ría y la verdad es que me hace gracia aunque no se lo diga siempre. Me gusta verle todos los días aunque eso también suponga una punzada de dolor por tener que hacerlo a distancia. Añoro los días en los que llevaba todo esto con entereza y buen humor. Fueron unas primeras semanas bastante sencillas. Continué como si nada hasta que, de repente, se me cayó todo al suelo. Desde entonces, intento remontarlo. A J. tampoco le gusta hablar conmigo cuando estoy un poco girado. También lo entiendo, claro. Más vale que cada uno aguante sus humores, que esto ya es bastante complicado. Luego salgo a la calle y se me pasa. Posiblemente sea mi momento más feliz. Para que el mundo vea con lo poco que me conformo.

Foto: TezcanFenerciler.

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Esta entrada fue publicada el 20/05/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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