EL HOMBRE CONFUSO

Día 58 – Como esto continúe, voy a terminar odiándome

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Quiero hacer algo este verano. No sé qué, ni cómo, ni cuándo, ni dónde, pero quiero hacer algo. Quiero ver el mar y pasear y tomar el sol aunque nunca me ponga moreno. Quiero pasar noches en vela charlando, escribiendo, leyendo. Quiero espacios abiertos y mirar el cielo. Quiero que pasemos días y noches sin hacer nada, tan solo estando, que es algo que hace mucho que no hacemos. Quiero contarte todo lo que he hecho estas semanas y que recordemos el confinamiento y las chorradas que nos contamos por skype. Quiero que pensemos en el otoño y lo hagamos sin miedo. Quiero sentarme en el césped por las tardes y no tener que poner el ventilador por la noche. Quiero viajar aunque sé que esto no va a ocurrir. No me importa sin tan solo es un día. Incluso unas horas. Quiero salir cuando se ponga el sol y perderme entre las calles de la ciudad. Quiero sentir el fresco de la madrugada. Quiero desaparecer una temporada y que nadie sepa donde estoy. Esto no va a ser tan fácil.

Quiero que me enseñes los cambios que has hecho en casa. Que me digas que si me gustan y que seguro que te voy a reñir. Quiero ver la nevera vacía y que me pongas caras desde el sofá. Quiero salir a comprar las plantas de cada verano a ver si este año sobreviven al calor. Quiero leer todo lo que no he leído en esta cuarentena. Y ver todo lo que no he visto. Y tocar todo lo que no he tocado. Quiero quedar cuando baje el sol y asarnos de calor por culpa de las sombrillas. Quiero que vayamos a recoger a N. a la estación y nos lo llevemos a comer donde siempre. Quiero que cumplas tu promesa de pasar un verano diferente. Posiblemente nos lo hayamos ganado. Quiero perder de vista el teléfono, las pantallas y las videollamadas. Quiero dejar de estar disponible. Pero ahora y siempre. Qué agotador todo. Quiero que pase esto y que todo vuelva a ser como era antes. Aunque me agobiasen los domingos y nunca lograse acostarme pronto entre semana. Qué ridículo es pensar que mi mayor problema era dormir poco. Y la cursilería, que la tengo desatada.

Llevo ya casi dos meses escribiendo cada noche rigurosamente y no siquiera yo me lo creo. No sé muy bien cómo he llegado hasta aquí o si queda alguien que no me tenga bloqueado. He vencido perezas y cansancios, sueños y tristezas. Parece que cuando me lo propongo, lo consigo. Ojalá fuese así en todas las parcelas de mi vida. Por cierto, ¿cuántos años de mala suerte suponen decir parcelas de la vida? De verdad, como esto continúe voy a termina odiándome. No lo permitáis. Salvadme.

Foto: Christian Katarn.

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Esta entrada fue publicada el 11/05/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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