EL HOMBRE CONFUSO

Día 5 – Aquí nadie es inmune al virus ni a la bajona

img-jamie-dornan_15431724068

Aguantar días enteros sin salir de casa, por muchos facetimes, muchos vermuts virtuales y mucho salir al balcón a bailar La Lambada el baile prohibido -ay, como resuena en mi cabeza ese ritmo sabrosón- pues no es tarea fácil. Ni un estirar las piernas, ni salir a sentarse en una terracita a ver como los centennials enchufan ‘Tusa’ en sus altavoces, ni disimular así como que haces deporte en un parque cuando lo único que quieres es que acabe esa pesadilla y correr -bueno- a casa a quitarte el chandal. Ay, cómo echo de menos a los runners sin calzoncillos, ese regalo que nos ha dado el señor. Pero a lo que iba. Aguantar el tipo no es sencillo. Se te viene todo a la cabeza. Tus amigos, tus compañeros, la vecina que pone ‘Sálvame’ a toda leche, la otra que no calla ni debajo del agua -una cuarentena sin vecinos, ese es mi sueño Patricia-, tus rutinas, el chico guapo del autobús, volver a casa andando cuando ya anochece, apurar litronas como el adolescente eterno que eres… La vida, qué injusticia. Y con todo ese mogollón de nostalgia, se te cierra así un poquito la garganta, se te pone una presión en la boca del estómago y se te escapa un llanto. Y mira, pues no pasa nada porque aquí todos somos humanos con un corazoncito. Incluso yo.

Hoy me ha dado un poco la bajona, lo reconozco, pero tampoco me ha durado mucho. Es lo que tiene haberse cogido el día libre, que tu cabeza vuela sola. Sí, soy este tipo de persona que, en pleno confinamiento decide que, oye, pues no está mal aprovechar para ¿dormir? ¿descansar? ¿quedarse en casa? Hay que ser palurdo. Con todo, no me ha ido mal. No he madrugado, me he metido entre pecho y espalda un desayuno con su zumo, su pan y su café, me he recostado en el sofá mientras me daba un rayito de sol y he hecho como que leía mientras consultaba instagram cada medio segundo. He gestionado unos temas de los ConfuNudes -emplazamiento publicitario- y he esperado con calma la llegada de la hora de comer. Hoy tocaba San Confuso y eso, en mi casa y en todos los hogares de bien, se celebra. Y todavía he tenido tiempo de pimplarme unas cervezas, echar una siesta a media tarde y configurarme el skype porque soy viejo y esas brujerías que hacéis con el teléfono no las entiendo. Me ha faltado bajar a darle un par de hostias al vecino que amenizaba la tarde con ‘Paquito el chocolatero’. Sin duda, hubiesen sido los 600 euros de multa mejor aprovechados de mi vida.

Me ha dicho M. que este encierro le está pareciendo un auténtico sueño. Lee, ve películas y espera pacientemente a que su empresa le mande al paro. Y lo lleva muy bien, claro. También es que D. ha empezado a asumir que esto de quedarse en casa va en serio y ya no está rebelándose contra la autoridad. Luego está Q., que ha entrado en un delirio reposteril que la tiene mañana, tarde y noche haciendo pasteles. Qué hace luego con ellos, nadie lo sabe. Tal vez los deja en los rellanos de sus vecinos cual hada de los dulces. Si termina detenida, se lo tiene ganado. Me pasa mi amigo A. un vídeo de un chico muy apañado de twitter que te enseña filosofía mientras pasea por su casa con un jockstrap -ya saben, uno de estos suspensorios que te protegen lo de delante pero dejan al aire lo de detrás-. Cultiva tu mente mientras anima tu entrepierna. Dos en uno. ¡Viva los emprendedores! Y por si no tuviese suficiente emociones, me ha dicho, y aquí tiro de name dropping para hacerme el interesante, Diana Aller que estoy bueno y Lucía Etxebarría que soy un genio. ¿Y quién soy yo para llevarles la contraria?

A estas alturas, en mi primera semana de confinamiento, no tengo muy claro si lo que acabará conmigo es el virus, el confinamiento, el cantajuegos de los balcones, la bajona, los 300 kilos que engordaré de aquí a mayo, los vídeos fitness que me pongo para intentar controlarlo -otro día os hablaré de Sergio, mi monitor que no me conoce-, la psicosis paranoide que terminaré desarrollando o el éxito abrumador de este diario al que ya nadie puede resistirse. Yo apuesto por los balcones, la verdad, mi némesis actual. Aunque tiene pinta que serán las magdalenas que me sonríen desde la despensa. Las quiero pero también las odio. Malditas.

Un comentario el “Día 5 – Aquí nadie es inmune al virus ni a la bajona

  1. Domingo De Montejo
    20/03/2020

    Bravo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 19/03/2020 por en Uncategorized.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Archivos

Facebook

A %d blogueros les gusta esto: