EL HOMBRE CONFUSO

Día 4 – No tengo tiempo para nada, pero nada de nada

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Yo pensaba que esto de la cuarentena iba a ser lo más cercano a la vida contemplativa que iba a lograr experimentar. Una especie de Renacimiento pero con wifi y mensajes de instagram. Dedicar largas horas a la lectura reclinado en un diván -que no tengo-, descansar la mirada mientras reflexiono acerca del pasado, el presente y el futuro, cultivar el arte de la pintura o el modelaje con arcilla, aprender a tocar el arpa y degustar pequeñas uvas directamente de la parra. Así pasaría día tras día, llevando mi mente a límites insospechados y amaneciendo como un ser absolutamente superior y renovado. Lo de los efebos brincando a mi alrededor mejor lo dejo porque aquí somos más de hombres de pelo en pecho. Total, que ni lectura, ni escultura ni la madre del cordero. Llevo cuatro días de encierro oficial, y algún otro extraoficial, y he descubierto que no tengo tiempo para nada. Absolutamente para nada. ¿Pero qué estafa de confinamiento es este?

Lejos de entregarme a los placeres terrenales salto de una actividad a otra con ritmo frenético y la disposición del que sabe que no va a llegar a todo. Me levanto con el alba y desayuno, delante del ordenador, claro, viendo caer la lluvia tras los cristales. Rápidamente, recojo todo, hago la cama, consulto las notificaciones de mis redes sociales y corro raudo y veloz al baño para acicalarme algo y no dar esa pena tremenda que sé que daré cuando termine el confinamiento. Me lavo los dientes, me pongo cremas, miro las lentillas y recuerdo aquellos viejos tiempos en los que salíamos a la calle y ya vuelvo a sentarme ante el ordenador. Trabajo mis horas, bebo agua, voy al baño de vez en cuando y no paro hasta la hora de comer. ¡Y luego me queda la tarde! En cuanto termino de trabajar, emprendo mis rutinas de ejercicio, sudo cual cerdo mientras recupero el aliento, corro a darme una ducha, vuelvo a mirar las notificaciones a ver si alguien me ha mandado un ‘ConfuNude’ y ya casi a cenar. Y así me pasan los días de encierro que ni me entero. ¿Dónde está ese aburrimiento que leo en los stories? ¿Y el hastío? ¿Y el matarse a pajas mientras esperas que se haga de noche? De verdad, alguien me está timando de nuevo.

Hoy mientras hacía la ‘ginasia’ me ha llamado mi amiga J. Pero tenía yo aspecto tan lamentable que no podía descolgar la videollamada ni de broma. Ya sufro por cómo me veo en el espejo como para, encima, enseñarlo al mundo y que hagan captura. Creo que, no sé, igual he visto una o dos reuniones virtuales compartidas en instagram. Tres a lo sumo, ¿eh? Será que la gente no está haciendo facetimes con ochenta de sus mejores amigos. Entre esto y los que han aprovechado para quitarse la barba o rasurarse el pecho, llevo un disgusto que no hay quién me lo quite. Que sí, que estáis en casa, que no os va a ver nadie -ejem-, que no pasa nada, que el pelo crece -dicen los hombres antes de darse cuenta que, a veces, no crece-, pero no entiendo la necesidad imperiosa de correr a prescindir de tan estupendo adorno facial. Ahora resulta que los chulos no es que fueran chulos, ¡es que tenían barba! Por si no tuviésemos ya bastantes calamidades con tener que estar sin salir de casa. Menos mal que nadie me ha dado una vara de mando para organizar a la humanidad. El Imperio Confuso en ciernes. No digo más.

Mi amiga C. dice que lo del confinamiento le da totalmente igual. Que ella está acostumbrada a no salir y que no ve mucho problema con este drama. Ahora, lo de los supermercados está matándola. Que fue el otro día a comprarse su quinoa, su soja texturizada y su té matcha y que no había nada de eso. Que se volvió a casa con un paquete de arroz y uno de fideos, que era la única pasta que le quedaba en los estantes. ‘¿Pero qué mente perversa ha ideado un encierro sin té matcha?’, me decía alterada. Para que vean que las prioridades se las marca uno. Y que un confinamiento, sin soja texturizada, no es un confinamiento. Y yo pidiendo a la gente que no se quite la barba. Si es que me conformo con nada.

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Esta entrada fue publicada el 19/03/2020 por en Diario de confinamiento, Uncategorized.

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