EL HOMBRE CONFUSO

Doce

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Tenía que venir facebook a recordarme que este blog ha cumplido ya doce años. Fue el pasado 13 de febrero y reconozco que ni lo pensé. Ni remotamente de hecho. Las viejas relaciones siempre se resienten por lo mismo. Hace ya tiempo que siento que no acabo de dedicarle el tiempo que se merece. Con lo que yo he pasado aquí. ‘No eres tú, soy yo’. Esta modesta página virtual me ha visto sufrir, cambiar y volver a empezar. He venido a contar mis miedos, mis anhelos, incluso mis esperanzas. La he utilizado para conseguir objetivos, aún sin pensar que eso podría llegar a ocurrir. Y como en los romances duraderos, le he dejado espacio y ella… Ella me lo ha consentido todo.

Llegué aquí hace ya mucho más tiempo de lo que nunca hubiese imaginado. A ver quién es el guapo que aguanta doce años haciendo lo mismo sin ningún tipo de compensación económica. Tal vez emocional, pero eso puede que tenga menos mérito. Abrí este blog por pura inercia. Todo el mundo tenía uno -al menos, todo el mundo que consideraba interesante- y yo no iba a ser menos. Nunca pensé que esto pudiese leerlo alguien. También lo comparto en redes, que es, posiblemente, la mayor contradicción del mundo. Pero, bueno, bajo el paraguas confuso caben muchas cosas. Incluso un proyecto que no tengo muy claro hacia donde va. ¿Y si llega un día en el que ya no me apetece actualizar? ¿Y si, de repente, pierdo mi identidad?

He adoptado el Confuso como nombre de guerra. Hay quién cree que es mi apellido real. Ojalá fuese yo una persona tan interesante. El nombre del blog, lo he contado mil veces, nació de la casualidad. De saber lo que no quería pero no tener demasiado claro lo que buscaba. Y yo, como en las buenas ficciones, he terminado creyendo lo que inventé. Me imagino desvalido, tecleando sin rumbo, mirando con arrobo la decisión de los demás. El aplomo. La valentía. Creo que, en el fondo, no me ha ido tan mal. Una vez deseé vivir de escribir y lo he conseguido. Malvivir, al menos. Nada tan peligroso como fantasear con cosas terrenales. Igual llega un día en el que acaban cumpliéndose. Por mucho que nos pese.

En doce años he cambiado demasiado. Sería preocupante no haberlo hecho. He madurado, he perdido pelo y ganado confianza, he llorado de dolor y me lo he pasado bien. No sé si tanto como debería. ¿Quién sabe lo que el futuro nos depara? Me resisto a echar la vista atrás para ver lo que he conseguido. Por pudor, más que nada. Empecé escribiendo fatal. Apoyándome en cosas cotidianas, como si pudiesen serle interesantes a alguien. No sé si he avanzado mucho. Quiero creer que sí. He conocido a gente estupenda, me he enfadado en un sinfín de ocasiones y he tecleado mucho. Doce años darían para una antología si alguien se preocupase en intentarlo. Prometí hacerlo cuando llegó el décimo aniversario y sigo prorrogándolo. Tal vez debería pedirle a esta docena un poco más de constancia.

Suena vulgar pero tan solo puedo rendirme a los pies de los que han invertido un minuto en pasar por aquí. Sin duda, no merezco tal atención. Prometo esforzarme más. No sé si lo conseguiré pero ofrezco mi palabra. La promesa confusa. Cómo si eso valiese algo. Gracias, de verdad. A por otros doce. ¿No?

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Esta entrada fue publicada el 16/02/2018 por en Uncategorized.

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