EL HOMBRE CONFUSO

Dolores

Photo of Dolores O'RIORDAN and CRANBERRIES

Por suerte, la inmediatez es algo que cada vez me interesa menos. Vivo, vivimos, tan pendientes de ser los primeros que nos olvidamos de ser los mejores. Ojalá conseguirlo. Ojalá saber cómo hacerlo. Cuando hace pocos días leí que Dolores O’Riordan había muerto pensé en mi yo adolescente. Aquel chico que se compró el segundo -creyendo que era el primero, claro- de The Cranberries cuando tenía, supongo, doce o trece años. Hagan sus cuentas si son curiosos. A partir de entonces se convirtieron en la banda sonora de mi vida. Creía que era el único que los escuchaba. Pensaba que me cantaban solo a mí. Fuera de mi burbuja habían vendido millones de discos pero, ¿a quién le importaba? Desde luego, no a un chico de trece años.

Paradójicamente -o no tanto visto con el paso del tiempo-, no fue el éxito de Zombie lo que hizo que acabase gastándome el poco dinero que tenía en aquel disco de portada blanca y señores sentados en un sofá. Puede que fuese el rubio de Dolores. Escuché el disco en aquellas máquinas que colgaban en las tiendas con enormes auriculares. La prehistoria ocurrió en los noventa. Tenían todo para que me gustasen. Uno siempre se ha entregado a la melancolía con los brazos abiertos. Qué chasco debió llevarse el mundo entero pensando que allí encontrarían más gritos desgarradores cuando imperaban los susurros lacrimógenos. Historias de desamor para alguien que no sabía nada de lo que era aquello.

Recuerdo imprimirme las letras traducidas, encuadernarlas y hasta hacerles una carátula. También recuerdo escribir una especie de diario que nunca me salía bien. Comenzaba cada pocos meses y lo dejaba inmediatamente. No tenía mucho que contar, la verdad. Como ahora pero aquí sigo. Del segundo pasé al primero y exploté en el tercero. Esperaba a que pusiesen sus vídeos en la tele y corría a grabarlos. Qué lejos quedan aquellos ratos de paciencia infinita cuando eras capaz de invertir horas deseando que sonase tu canción. Cuando las imágenes se cargaban en la pantalla a una velocidad terrible y tenías que aguantar la eyaculación. Nunca lo conseguías. Ahora basta con entrar en twitter. ¿Cómo no van a triunfar los programas de melancolía rápida si, en el fondo, todos la estamos esperando?

No envidio nada del chico de trece años que compraba discos. Tal vez la espesa cabellera pero poco más. Con Dolores se ha ido una parte importante de mi juventud. He vuelto a escuchar sus discos. Lo hago ahora mientras escribo. Pienso qué quedará de mí cuando yo no esté. Tal vez debería importarme poco pero no lo puedo evitar. Es un pensamiento recurrente que llega cada poco. Dolores, te echo de menos. En presente, sí, que parece aliviar el recuerdo. Lo escribí el otro día y lo repito hoy. Ya ni frases mejores soy capaz de imaginar. ‘Do you remember the things we used to say? I feel so nervous when I think of yesterday‘. Puede que lo que eche de menos sea a mí mismo. Joder.

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Esta entrada fue publicada el 25/01/2018 por en Uncategorized.

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