EL HOMBRE CONFUSO

2017

tward_numerohomme

2017 empezó con una ilusión y una mudanza. La primera terminó, exactamente, once días después. ¿La segunda? Sigue estando en el aire. En cuanto metes tu vida en cajas ya no hay forma de devolverla a su estado original. Allí quedan los libros que querías leer, las películas que querías ver, tus papeles, tus cosas, los recuerdos. En el fondo, no pasa nada. En la superficie, pasa todo. Pero, total, ¿qué le vas a hacer? Cerré el año en la que era mi casa y me dispuse a iniciar una nueva etapa. Como siempre -y desde hace ya mucho-, lo cerré de la mejor forma posible. Otra cosa es cómo se porte el año, pero claro, ahí yo ya no tengo mucho que hacer. Ni que ver.

Pocos días después, terminé de empaquetar mis cosas y me lancé a la aventura. No empezó bien, lo reconozco. Fue, posiblemente, la peor semana que recuerdo en mucho tiempo. Bofetadas a diestro y siniestro y yo, allí, pensando en qué me había equivocado para haber deconstruido -perdón- el castillo. Puse remedio rápido, no sin sentirme igual de gilipollas, y en cosa de tres días, lo que parecía un reto pasó a ser el pasado. Coño, tres días. Todavía, a fecha de hoy, muchos meses después, hay quién recuerda la gesta. Debo ser la persona que antes se deshace de un contrato indefinido. Ojalá poder ponerlo en un currículum al lado de inventor de la confusión.

Fue entonces cuando comenzó de verdad el año. Tampoco fue fácil. Lloré mucho sin saber muy bien por qué. Vi un muro delante de mí y no tenía ni idea de qué podría hacer con él. Seguí tecleando, como hace años, y dejé pasar el tiempo. Sufrí. Hice sufrir. Puede parecer una chorrada vista con el tiempo. Puede que no lo parezca. Para mí, en aquel momento, lo era todo. Volví, poco a poco, a encontrar el equilibro. Y lo hice gracias a trabajar sin descanso. Esa ha sido mi vida en los últimos tiempos. Un arar la tierra sentado delante de la pantalla. No puedo decir que me haya ido mal. Será que, al final, las cosas no son tan negras como me las imagino.

He escrito mucho, he pospuesto todos mis proyectos, he conocido gente, he hecho nuevos -aunque no lo eran tanto- amigos, he leído poco pero bien, he visto poco pero, bueno, tampoco estaba mal, he paseado, he recorrido las mismas calles una y otra vez, he ido a presentaciones de amigos que cumplen sueños, he empezado nuevos trabajos, he terminado otros, he odiado sin fin las notas de voz, he inaugurado los ConfuNudes -gracias a Fran Patiño por el naming-, sin duda, mi mayor éxito en lo que va de década, y he actualizado este blog menos que nunca. Por suerte, el hombre confuso tiene ya su entidad propia. Algún día acabará matándome a mí. Lo tengo asumidísimo.

El destino ha querido que empiece el 2018 con el mismo patrón que el 2017. Empiezo a pensar que esto va a ser así siempre -ay, iluso-. Una nueva etapa en cosa de pocas horas. Ahora ya solo me falta dejar atrás mis miedos. Y lo de sufrir con antelación por las cosas que todavía no han pasado. Y relajarme un poco. Y terminar lo que tengo entre manos. Y levantarme más de esta silla. Y, bueno, tampoco hace falta amargarme antes de empezar. Ya veremos. Poco a poco.

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Esta entrada fue publicada el 31/12/2017 por en Uncategorized.

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