EL HOMBRE CONFUSO

La (auto)cobardía

Alex-Homotography-Scrima-06

Las esperas nunca suelen traer nada bueno. Como mucho, una ligera decepción. Y eso poniéndonos en la mejor de las suertes. Así me encontraba yo hace a penas unos minutos. Esperando. Y refrescando la web de los trenes, a ver si me dejaba comprar billetes a precios de risa -por el momento, no lo he conseguido, aviso-. ‘Espero un poco más y si no, lo dejo’. Repasando los documentos que tenía guardados en el escritorio, por eso de hacer algo de limpieza mientras tanto, me encontré con un pequeño relato que había tecleado unas semanas antes. Una chorrada, de hecho. Un chico que se encuentra con un perfil de un chulazo peludo en instagram, se tira un buen rato bajando en su timeline y acaba mandándole un mensaje sin querer. Ahí terminaba todo. Podría decir que se basa en hechos reales. Igual no propios, pero sí ajenos.

La web de los trenes continuaba colapsada y yo, claro, dormitaba sobre el teclado. Busqué una imagen bonita, de un muchacho fotografiándose lo que escondían sus calzoncillos. Pegué el texto, lo edité un poco, cuatro negritas y una releída rápida. No era ninguna obra maestra aunque tampoco lo pretendía. En el fondo era una excusa para hablar de pechos peludos y despertar las entrepiernas de la audiencia. Apelar a la lubricación siempre funciona. Es el único éxito de mi instagram, de hecho. En cuestión de pocos minutos ya tenía la entrada lista. En los cascos sonaba la versión al piano de ‘Dios odia a los cobardes’. Debería haberlo entendido como una señal. Al otro lado de la pared, el vecino cantor tarareaba una de sus interpretaciones. Es otro tema pero necesitaba dejarlo por escrito.

Publiqué, revisé un verbo mal conjugado y seleccioné un trocito del texto para adjuntar en la promoción. Bueno, en el autobombo. Reservo lo de promocionar para cuando hay dinero en juego. No había quedado mal. Así lo pensaba y así lo sigo pensando. En unos minutos ya tenía unos cuantos likes. Ahí fue cuando cometí el error. Pensé en dejarlo también en twitter. Ni medio minuto había pasando cuando un usuario decidió que mi selección del párrafo -pues era materialmente imposible que hubiese leído nada más allá- merecía su linchamiento. Mi chorrada pensada para animar erecciones no pasaba el filtro de la corrección política. Y eso que ya me había autocensurando eliminando las referencias al pene. Pues ni así. Reconozco que yo tampoco dudé más de medio minuto. Eliminé el tweet e hice desaparecer el texto. Me entregué con los brazos abiertos a la cobardía. Y lo hice por pura supervivencia.

Admiro sobremanera a todos aquellos columnistas que, día a día, semana a semana, son capaces de escribir lo que saben que no va a gustar. Los que se arriesgan a vivir en mitad de la tormenta e incluso -algunos- lo disfrutan. Yo no tengo esa valentía. Tampoco esa paciencia. El mero hecho de pensar en amanecer con las notificaciones al rojo vivo ya es razón más que suficiente para autojustificar mi cobardía. Lo he experimentado en diversas ocasiones, no crean. Los riesgos de escribir sobre frivolidades en varios medios nacionales cuando, al parecer, el mundo ya no está para estas chorradas. Me han insultado, ridiculizado y aleccionado. No han llegado a amenazar mi existencia, por suerte. A veces lo he llevado mejor, otras peor. Al final y al cabo, uno termina siendo humano.

Hoy me he rendido a la primera. ¿Para qué continuar? Prefiero morderme la lengua y seguir viviendo en paz. Seguramente se hubiese quedado ahí, en un tweet solitario flotando en el ciberespacio. Seguramente nadie hubiese visto más allá de lo que era el texto. Seguramente me he dejado llevar por la paranoia. Seguramente. “¿Crees que no sé que sabes que soy cobarde? ¿Crees que no sé que no sabes que eres un cobarde? Sí, Dios odia a los cobardes. Somos cobardes, ¿y qué?“. Eso digo yo. Y qué.

En la imagen, Alex Tripodi fotografiado por Manuel Scrima.

Un comentario el “La (auto)cobardía

  1. Kesar
    25/11/2017

    Me gusta esta entrada y también la anterior, borrada.

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Esta entrada fue publicada el 25/11/2017 por en Uncategorized.

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