EL HOMBRE CONFUSO

Las editoriales han descubierto a los influencers

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Ha tardado pero ya está aquí. El último movimiento que nos quedaba. Primero fue la ropa, luego llegaron los complementos, los perfumes, los productos de belleza, incluso los de limpieza. Poco a poco, todo lo que tocamos diariamente con nuestras manos cayó en el círculo de los influencers. Seres creados para el mundo virtual que, desde sus perfectas cuentas de instagram, promueven, previo pago, todo tipo de objetos para que nosotros, oh, pobres mortales sin gusto ni condición, corramos adquirirlos. Más barato que pagar a un famoso y, posiblemente, más efectivo. Al menos hasta que nos dimos cuenta de que todas estas promociones se pagan y bastante bien, de hecho. Pero todavía quedaba un pequeño reducto que no había conseguido caer en la tentación. Quedaba.

Esta mañana me daba la alerta un buen amigo. Uno de esos que ganan el sustento gracias al tecleo furioso y constante. Uno de los que escribe libros, los publica y hasta puede vivir de ello -bueno, más o menos, tampoco nos vengamos arriba-. “Las editoriales han descubierto a los influencers”. Más claro agua. Y como acompañamiento, cinco o seis capturas de perfiles variopintos de instagram con un único y común denominador: el último libro de Ken Follet. Resulta que la tercer parte de Los pilares de la Tierra sale esta misma semana y la editorial correspondiente ha decidido lanzarse al mercado enviándoles unos ejemplares a personalidades instagramers para que lo publiciten desde sus cuentas, entre desayunos y fotos de pies en el aire. Ya están aquíii.

La elección del objeto promocionado no es casual, por supuesto. ¿Tan mal piensan que van a ir las ventas para que necesite de este despliegue? Para nada. Si Follet no vende, ¿qué les puede quedar a los demás? Claro que tratar de hacernos creer que los influencers están leyendo el último de Vargas Llosa -que vende menos que Terelu- sería ya pura ciencia ficción. Y puede que la ingenuidad millennial sea capaz de muchas cosas, pero de tantas… Mejor apostar por un caballo ganador, posicionarlo bien en el mercado y ya ir afinando estrategias para próximos lanzamientos. Desde aquí, que conste, me ofrezco para que me manden libros. Incluso para leérmelos. ¿Combinarán bien con mi perfil repleto de hombres desnudos? Eso ya no lo tengo tan claro.

“Hoy emulo el estilo inglés del escritor superventas galés que ha conquistado el mundo con sus novelas de historia y suspense”, escribe uno de estos influencers seleccionados. “Aprovechando que mañana sale #UnaColumnaDeFuego, hoy emulo el estilo del escritor galés Ken Follet para sumergirme en la lectura de su nuevo best-seller”, se lanza otro de los elegidos. La consigna está clara -y el mensaje pactado, que suele ser habitual-. Estilo british, cuadros escoceses y mucha elegancia. “No soy el mayor devorador de libros que hay, eso se sabe”, reconoce el modelo Javier de Miguel antes de entregarse a la promoción en cuerpo y alma. Suerte que no les ha tocado promocionar Patria de Aramburu. Igual la ‘kale borroka’ no queda tan cuqui cuando le pasas el filtro Valencia. Eso sí, de la etiqueta de patrocinado, ni rastro.

La desmitificación se nos vuelve encima cada día. También respecto a la literatura, algo que considerábamos intocable. Nos lo recuerdan en la calle, en la televisión, en las redes sociales. Creíamos que el duro acto de crear en soledad, de enfrentarse al papel en blanco y construir una historia, era más que suficiente para considerarlo a salvo. Nos equivocábamos de pleno. Lo de mirar por encima del hombro igual debemos dejarlo para los nacionalismos, sean del origen que sean. Las editoriales se han rendido a los pies de los influencers. Les han ofrecido su reino y, a los demás, nos han dado una buena bofetada. ‘Espabilad, que la cosa va en serio’. Nos creíamos especiales con nuestro libro bajo el brazo, una orgullosa flor resistiendo en el desierto -qué cursilería-. Han tenido que venir a recordarnos que no lo somos. ¿Tanto les costaba dejarnos soñar?

Seguramente, cualquiera de estos influencers terminará llevándose más que el escritor del propio libro. No en el caso de Follet -supongo-, pero si en el de muchos otros -a un euro por ejemplar, no es difícil echar las cuentas-. Primero se llevaron a los diseñadores, pero como yo no lo era, no me importó. Luego se llevaron a los cocineros, pero como yo no lo era, no me importó. Ahora… Ahora hay que joderse. En fin.

Un comentario el “Las editoriales han descubierto a los influencers

  1. Miquel
    12/09/2017

    No creo que Ken Follet necesite un influencer después de joderla pero bien con los lectores españoles llamándonos tercermundistas, que hemos tenido reyes villanos en el siglo XVI y todo lo demás en la entrevista que dio en El País el fin de semana. Como si en su país no se dedicasen al pirateo desde hace centenares de años.

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Esta entrada fue publicada el 11/09/2017 por en Uncategorized.

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