EL HOMBRE CONFUSO

Pegajoso

Franky Cammarata by Bruno Staub3

Escribo esto sentado en la cama. Con el portátil exhalando, los cascos puestos y un sentimiento de culpabilidad al que ya estoy más que acostumbrado. El murmullo de los aparatos de aire zumbando a través de la ventana, una botella de agua que estuvo fría en algún momento y el último libro de Raúl Portero en la mesilla. Debería haberlo empezado. También debería estar durmiendo. Me sudan las piernas y te echo de menos. Más lo segundo que lo primero. Odio el verano pero me lo callo. Solo lo escribo. Total, esto no lo lee nadie. La sensación de felicidad impuesta por los rayos de sol no va conmigo. Tampoco contigo. Eso me gusta. Igual tengo algo de culpa. Igual te has solidarizado conmigo. Haces muchas cosas creyendo que no me doy cuenta. Pero lo veo, aunque luego te diga que no. No miento. Solo es posverdad.

No he empezado este no-verano con buen pie. Espero terminarlo mejor. No es complicado el reto, la verdad. Pienso poner mucho de mi parte. Cambiarme la camiseta sudada y salir a pecho descubierto -si esto no es digno de una columna, que baje Umbral y lo vea-. Siempre he vivido el calor con resignación furiosa. Me ha molestado todo y así lo he hecho saber. Aunque nadie me lo pidiese. Aunque nadie lo quisiese. Con el tiempo, he aprendido a no hacerlo. O a intentarlo. Gracias a ti, que yo tiendo a la poca voluntad para ciertas cosas. Reconozco que a veces se me descontrola. Entro en bucle y no consigo ver nada más allá de ese vapor gaseoso que desprende el tórrido asfalto. Serán los malos humos. Los del asfalto, que los míos ya los llevaba de serie. ¿No tendrá Shakira una canción sobre los males del verano? Si ella puede cantarlo, no pueden ser tan malos.

Agonizo bajo la ola de calor. Esa que tanto llevaban esperando los amantes del tirante y la manga corta. Calima asfixiante que arrasa los pulmones. Algún propósito debe tener. Espero poder encontrarlo pronto. Ya llevo unas cuántas décadas intentándolo. Será que soy torpe. Sudores chorreando por la espalda, nucas requemadas, entrepiernas empapadas y no por lujuria. El mundo se vuelve pegajoso. Y tal vez es el momento de hacerlo nosotros también. La sinceridad, con calor, es menos ofensiva. Las palabras se diluyen en los grados. Las miradas se esconden detrás de las gafas de sol. Todo cuesta menos. Igual también duele menos. No sé. Igual.

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Esta entrada fue publicada el 11/06/2017 por en Uncategorized.

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