EL HOMBRE CONFUSO

12 mujeres escritoras por 12 mujeres lectoras

Donna Tartt by Beowulf SheehanLos hombres nos apropiamos de todo. A veces queriendo -muchas-, otras sin ni siquiera darnos cuenta. Nos han programado para que así sea. Arrebatar el foco. Creer que tenemos derecho a hacerlo, que es peor. Olvidamos que hay luchas que no nos pertenecen. Debemos estar ahí, sí. Levantarnos del sofá, soltar el móvil y empujar. Sin perder de vista que no somos los protagonistas. El día del hombre que reivindica el día de la mujer. Así con todo. Mírenme a mí. Un hombre -confuso- acaparando el espacio que no debería ser mío. Si es que no escarmentamos…

Siguiendo una tradición ya arraigada en este blog, volvemos a recomendar lecturas. ¿Acaso hay algo mejor? Tal vez comer queso, pero poco más. Esta vez he recurrido a doce mujeres a las que admiro y venero para que sean ellas las que hablen de libros escritos por mujeres. Novelas, ensayos, cuentos, lo que más les apetezca. Reconozco que me he quedado con las ganas de ampliar las invitaciones. Se me han quedado demasiadas en el tintero y me da rabia. Tampoco hay que abusar de las peticiones, que, luego, se vuelven en contra. Disfruten del día. Salgan a la calle y reivindiquen. Luchen y lean. La revolución será feminista o no será.

Valeria Vegas (click)
‘Carne apaleada’ de Inés Palou. Es autobiográfica y narra las amarguras de una cárcel de mujeres en plena dictadura franquista, donde la autora fue a parar por delito de estafa. Es a su vez la historia de varias reclusas, que tuvo incluso una adaptación para el cine. La autora se suicidó en las vías de un tren poco después de presentar dicha novela al Premio Planeta.

Anastasia Bengoechea (click)
Recomiendo el libro ‘Zonas Húmedas’ de Charlotte Roche. Me gustan las mujeres fuertes y un poco salvajes y este libro es tan bestia que en su día me dejó alucinada. El libro cuenta la sexualidad de una adolescente bastante peculiar y en algunos momentos llega a unos niveles de perversión tan obscenos que pueden llegar resultar repugnantes y difíciles de digerir para estómagos sensibles.

Diana Aller (click)
Ah, pues mira, hay mil que me gusten, pero justo ayer me acordé de uno que me gusta releer de vez en cuando. Se trata de un libro de Lucía Etxebarria, que no es novela. Es un ensayito muy ameno. En realidad son dos en un solo libro: ‘La Eva futura’ sobre mujeres y el que me encandila y camela fuertemente; ‘La letra futura’ que trata de literatura, el negocio editorial y el oficio de escribiente. Es sublime… Además Lucía Etxebarria es de las que ha pagado un peaje extremo por ser mujer, y eso me hace admirarla más. Si fuera un tío, sería un genio incomprendido, una figura poliédrica y extravagante en la cultura española. Pero al ser una mujer, su imagen es la de una inestable que escribe bien.

Emilia Landaluce (click)
‘Maneras de no hacer nada’ de MarÌa Vela Zanetti. Solo se me ocurre decir que se trata de un libro luminoso y preciso al que no le sobra ni le falta una palabra.

Pilar Eyre (click)
‘Buenos días tristeza’, de Françoise Sagan, un libro inocente y perverso a la vez, que le abrió a aquella niña que era yo un nuevo mundo lleno de deseos y anhelos confusos y distintos

Ángeles Caballero (click)
‘Manual para mujeres de la limpieza’, de Lucía Berlin y ‘La lección de anatomía’, de Marta Sanz. Por ser mujeres que no conozco cuyos libros parecen la historia de mi vida. Porque te agarran el estómago sin necesidad de lágrima fácil ni tono paternalista. Porque ya el almíbar lo ponemos nosotras cómo y cuándo queramos.

Mònica Escudero (click)
‘Cómo ser mujer’. Me gusta Caitlin Moran porque lleva el feminismo al pub. Es divertida, mal hablada, fresca y usa expresiones que incluso traducidas hacen que te mees de risa. Que te mees, sí. Me iría con ella tanto a un club de lectura de Jane Austen como a una competición de beber tequila, ¿se puede molar más? Lo dudo.

Raquel Piñeiro (click)
Supongo que alguien más lo mencionará, pero… ‘Cómo ser mujer’ de Caitlin Moran, porque en las diatribas con la depilación, el aborto y la vida laboral de una inglesa muy autoconsciente de pertenecer a la clase baja podemos encontrar una de las lecturas más desopilantes e inspiradoras de nuestra vida

Rebeca Suárez (click)
Me vuelve loca que me expliquen cosas, así que suelo devorar ensayos y memorias de mujeres brillantes. Pero reconozco que la buena ficción tiene una capacidad de agarrarte por dentro que me enamora. Y eso es lo que me pasó cuando leí ‘Nora’ de Irati Jiménez, un cuento lleno de cuentos, plagado de fotos, y voces, y magia. Maravilloso

Marta Jaenes (click)
Si hay un libro que siempre está en mi mesilla de noche es ‘Teoría King Kong’ de Virginie Despentes. Diría incluso que, dada mi tendencia a dormir de lado, es lo primero que veo muchas mañanas cuando abro los ojos. Ahí, de frente, bien cerca para tener siempre a mano lo que una de las voces feministas más transgresoras del momento tiene que contarme. Escrito a camino entre el ensayo y la autobiografía es considerado por muchos como el manifiesto del nuevo feminismo punk. Alejada de lo políticamente correcto, Despentes aborda temas como la feminidad, la maternidad y el rol de hombres y mujeres en la sociedad. Pero también indaga, sin pelos en la lengua, en otros temas más controvertidos como la prostitución, el porno o la violación desde una perspectiva que, se comparta o no, invita a hacerse preguntas. Despentes ya lo advierte desde la primera página: ni se disculpa de nada, ni viene a quejarse. La revolución feminista ha comenzado.

Beatriz Miranda (click)
Mira, a mí me encanta Amelie Nothomb. Hace literatura sin género (estoy en contra de la literatura de género); podría ser escrita por un hombre o por una mujer. Tiene unas ocurrencias y una imaginación tan brutal, que los libros de esta escritora francesa siempre me atrapan. Mi libro suyo favorito se llama ‘Higiene del asesino’, es una breve locura que te engancha hasta el final. También me encanta Dolores Redondo, su trilogía del Baztán es altamente recomendable

Raquel Peláez (click)
‘Querido Scott, Querida Zelda: las cartas de amor entre Zelda y F. Scott Fitzgerald’. El título del libro es engañoso. Para empezar no son cartas de amor. Para seguir, las cartas son mayoritariamente de ella a él (y no viceversa). Para terminar, aunque aparentemente se trate de una recopilación de la correspondencia entre estos dos mitos de la literatura, la sensación con la que se queda el lector es la de haber hecho un viaje al centro de la psique de Zelda, una pobre mujer a la que encerraron en un manicomio por una conducta exactamente igual a la de su marido. La diferencia es que ella tenía vulva.

En la imagen, la gran Donna Tartt.

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Esta entrada fue publicada el 08/03/2017 por en Uncategorized.

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