EL HOMBRE CONFUSO

¿Vacaciones?

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Noto su aliento en mi nuca. Cada vez que levanto la cabeza del teclado, cada vez que echo mano de la pila de revistas que se acumulan en mi mesa. Escucho a la gente hablar de ello, leo constantes referencias en redes sociales -qué maravilla contar con ese totum revolutum digital-. La gente me interroga en los descansillos mientras el ascensor se eterniza en su llegada. Me lo preguntan por la calle, entre referencias al calor y sueños playeros aspiracionales. Y yo, sinceramente, ya no sé qué hacer. Me siento acorralado, atrapado, sin salida. ‘¿Cuándo vas a cogerte vacaciones?’. Me gustaría responderles con contundencia, mirarles fijamente a los ojos y decirles que desconozco de lo que me están hablando. ¿Vacaciones? ¿Qué es eso?

Leía hace poco un artículo -espero que me perdonen haber olvidado dónde- reflexionando sobre el mito de las vacaciones pagadas. ‘Muchos de mi generación terminarán su vida laboral sin hacer conocido nunca ese concepto’, venía a plantearse el autor. Nada que no ocurriera ya antes, claro -que me conozco sus argumentos y vendrán corriendo a esgrimirlos-, pero con una ligera diferencia salarial. En las cabezas -poco- pensantes de nuestro entorno sigue sobrevolando la idea del trabajador por cuenta propia de antaño. Ese cuya facturación sobrepasa los muchos miles de euros cada mes. Ese que todavía existe, aunque en una proporción mucho menor. Una utopía como otra cualquiera en los tiempos que corren. Deberían ver mis lágrimas cada vez que, a final de mes, llega el cargo de los seguros sociales. Entono lamentos que harían sonrojar a las sirenas.

Trabajo habitualmente en tres de los medios más importantes del país y no llego a fin de mes. Ese sería mi titular si acudiese como testimonio a uno de los programas de las mañanas. Escribo al día varias colaboraciones que suelen publicarse inmediatamente. Tengo espacios virtuales a mi nombre y regento, desde hace poco, una columna en una revista mensual. Y lo hago en empresas que pagan lo máximo que uno puede encontrar cuando hablamos de colaboraciones web. Acumulo pocos gastos, vivo con la contención propia de la confusión y me llevo el almuerzo de casa, que no estamos para ir perdiendo la calderilla a la primera de cambio. Y ni con esas consigo terminar un mes con tranquilidad. Entenderán, claro, que no está el horno para hablar de vacaciones.

Pero no crean que me estoy quejando -bueno, de acuerdo, igual lo parece-. Por mucho que los telediarios se empeñen en recordarnos que las playas están llenas y los turistas se agolpan en los chiringuitos enarbolando sus fajos de billetes, la realidad dista mucho de esa imagen idílica. La sociedad no es instagram. Tampoco es twitter. Parece mentira que todavía no lo hayamos aprendido. Desconfíen cuando un freelance hable de vacaciones. Asuman que es un autoengaño de su mente para continuar con la vida laboral. La ficción, ese refugio que nos ha salvado en tantas ocasiones. Y que sigue haciéndolo cada día.

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Esta entrada fue publicada el 02/08/2016 por en Uncategorized.

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