EL HOMBRE CONFUSO

Sobrevivir al verano con… Marta Fernández

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Otro año más nos ha pillado desprevenidos. Hasta que los humos del asfalto no se cuelan por la ventana no nos damos cuenta de que ya está aquí, de que, de nuevo, llegamos demasiado tarde para escapar. ¡Maldición! Las manchas de sudor se acumulan debajo del peso del portátil. El aire acondicionado chirría cuando le pedimos más potencia. Y nosotros, nosotros no sabemos ya dónde meternos. ¡Cuánto esfuerzo para frenar lo inevitable! Con cierta nostalgia, recordamos aquellos letargos estivales de las tardes infantiles. Las horas infinitas de sol y las cenas viendo programas de playas y piscinas. Ahora, la actualidad nos mira a los ojos y amenaza con vengarse. Vorágines informativas donde antes solo había calor soporífero. ¿Tan malos hemos sido que no merecemos ni un -ardiente- respiro? Menos mal que aquí, en el blog confuso, siempre miramos por la salud de nuestros lectores. Pueden dejar de sufrir. Tenemos la solución. El remedio que cada año resurge de sus cenizas para transmitirnos un poco de esperanza. Sí, lo han adivinado -y no es que lo hayan leído antes en el título, qué va-. Cómo sobrevivir al verano con… Marta Fernández. Aplauso, reverencia y regocijo twittero (click).

El verano en una palabra: Me encanta la definición de los americanos para los días infernales: Triple-H, que técnicamente es una única palabra por obra y gracia del guión. Hazy-Hot-Humid.

La mejor forma de pasar un día tremendamente caluroso: Al amor de los aires acondicionados que ofrece la ciudad. Desde un museo a una tienda acabando en casa a toda mecha. Las terrazas están sobrevaloradas, el aire acondicionado es La Civilización –la mayúscula no es casual.

El complemento indispensable para llegar vivo al otoño: El sombrero, el sombrero… siempre el sombrero.

El sitio ideal para desaparecer de julio a septiembre: Si pudiera, en el hemisferio austral.

La bebida refrescante que no puede faltar en tu nevera: Jamás falta el hielo. Cubitos para todo. Cubitos para sobrevivir a agosto.

El libro más veraniego que existe: Tenessee Williams, de principio a fin. Desde La gata sobre el tejado de cinc caliente –aquí lo del caliente lo quitaron porque éramos muy de censurar- hasta la gloriosa camiseta del tórrido Kowalski-Brando en Un tranvía llamado deseo. Pegajoso, pecaminoso, sudoroso. No se puede ser más canicular. [Confuso enjuaga su sudor]

El remedio infalible para soportar las noches de insomnio: Ése no lo tengo…. Soy una criatura insomne más.

El truco para combinar sudor y lujuria con éxito: Donde hay sudor, hay alegría. Nunca se ha visto lujuria sin el preceptivo gotear.

La prenda de vestir que no puedes quitarte de encima en estos meses: Estos meses cuanto más te quites, mejor. Menos es mejor.

¿Se puede escribir en verano sin morir en el intento? Lo intentan mis neuronas licuadas sin ninguna garantía de triunfar.

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Esta entrada fue publicada el 29/07/2016 por en Uncategorized.

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