EL HOMBRE CONFUSO

Los supervivientes

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Sentir la soledad a través de un libro. Vivir una infancia que no has vivido pero sabes que podría haberte tocado. Tú también has sido uno de ellos, pese a que tu suerte ha sido infinitamente mejor. ‘Los supervivientes‘ de Jimina Sabadú ha sido una de mis últimas lecturas. La tenía pendiente durante demasiado tiempo, lo reconozco. Ojalá mis días fuesen más largos. O mejor, mis ocupaciones menos absorbentes. La espera, claro, ha merecido la pena. Nadie como Jimina retrata la sociedad actual. Con algo tan sencillo como la recreación de una simple cadena de mails, consigue plasmar una realidad -la nuestra, la de todos- que a muchos escritores, preocupados por alcanzar la gloria, les resulta demasiado lejana. Como esos columnistas que necesitan tirar de sinónimos y frases inconexas para demostrar su pericia delante del teclado. Como quiénes alardean con la cabeza bien alta de la exquisitez de su verbo creyendo que nadie va a percatarse de sus debilidades.

Nada de eso van a encontrar en la segunda novela de Jimina Sabadú -con su segundo premio debajo del brazo-. Una historia que encuentra en un colegio la excusa perfecta para enfrentarnos a la miseria que nos rodea y de la que, por mucho que nos pese, formamos parte. Sentir el sufrimiento en carne propia, verse reflejado en los personajes, desear que la narración vaya por otros derroteros sabiendo, perfectamente, que esto no va a ocurrir. Un placer para cualquiera que lleve tiempo leyendo lo que Jimina ha ido publicando, por ejemplo, en Mondo Brutto. Una suerte para los que se acerquen a la novela sin saber muy bien qué se van a encontrar, atraídos, tal vez, por la promoción del premio. Ojalá después de terminarla continúen investigando sobre ‘esa autora de nombre tan extraño’ y se encuentren con todo lo que lleva escrito en los últimos años. Alguna utilidad tendremos que darle a Google además de buscar porno y stalkear a los pretendientes, ¿no creen?

Entre mi ¿nueva? obsesión por incentivar la lectura y mi arduo trabajo a hacerles recapacitar cuando se empeñan en rasurarse el vello púbico, creo que me estoy ganando ya algún tipo de premio o reconocimiento. Mandaré a un fan sin camiseta a recogerlo en mi nombre. Ya tengo claro a quién se lo pediré, de hecho. Tan solo falta que ocurra lo imposible. Ay.

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Esta entrada fue publicada el 06/05/2016 por en Uncategorized.

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