EL HOMBRE CONFUSO

Puertas que se cierran

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Todo parece el título de una novela. Una de estas frases largas y sentidas que se han convertido en marca de la casa de la ‘nueva literatura’ -yo te maldigo Albert Espinosa-. Recorro los pasillos de las librerías y me encuentro, uno tras otro, decenas de títulos intercambiables para textos que, seguramente, también podrían serlo. Puede que no y eso es lo peor de todo. El negocio de la lectura clama que cae en picado. Como todos. Como si no le hubiese ocurrido siempre. Como si no tuviese también su propia culpa. Como si no fuese sangrante que el escritor sea la parte que menos remuneración recibe. Menos mal que en España ya se venden pisos y la televisión nos alecciona de la recuperación. Menos mal. Pero no venía yo a hablar de libros, que ya lo hice hace unos cuantos días con la excusa de Sant Jordi, sino de puertas que se cierran. Giros del destino que, aún esperados, no dejan de ser sorprendentes.

Terminé la semana pasada con el anuncio de la cancelación de una colaboración que llevo realizando casi cuatro años. Muchos meses dedicados, semana tras semana, a pensar baterías de temas, proponerlos con la mejor de las intenciones y trabajar a cualquier hora del día por un sueldo que, si ustedes supieran, morirían de risa. Casi cuatro años en los que he visto desfilar por delante de mis ojos virtuales a tres equipos diferentes que han tratado de impulsar un medio tiritante y a los que no se les ha dejado ni tiempo ni recursos para conseguirlo. Muchas semanas, muchos textos y muchas concesiones que no han sido debidamente valoradas. Terminaba todo, como les decía, con un correo electrónico enviado por la persona a la que le han endosado esta ingrata tarea. No pasa nada. Puertas que se cierran. Hemos pasado antes por eso. Lo volveremos a hacer.

El poco dinero que caía en mis bolsillos irá a parar ahora a dos rostros televisivos, uno con larga y errática trayectoria mediática que acumula menos seguidores en twitter que un servidor -un dato con la misma rigurosidad que medirlo todo en campos de fútbol- y otro capaz de hacer pasar por nueva una chorrada con varias semanas de antigüedad -que en el mundo de las chorradas equivale a unos pocos siglos- sin despeinarse. Dinero bien invertido, sin duda. Mis pensamientos se dirigen a ese pobre mortal que deberá empezar a lucir pierna de vedette para atraer los ansiados clicks ante el fracaso de los nuevos derroteros. No seré yo, ya se lo adelanto. Mis torneadas extremidades, heredadas de la mejor tradición de la revista, se dirigen ya hacia otros asuntos. Sean los que sean. Hemos pasado antes por eso. Lo volveremos a hacer.

Nos hemos acostumbrado a pedir autocrítica y a ejercerla poco. Tenemos desenfundado el dedo acusador pero siempre dirigido hacia los demás. Hemos llenado los medios basados en la palabra con gente que no sabe escribir. Profesionales del lenguaje incapaces de construir frases con coherencia. Como lo leen. Otras virtudes tendrán, no lo dudo. Cada uno que aproveche las suyas como buenamente pueda. Yo, por lo pronto, me marcho con las mías a otra parte. En algún sitio me dejarán anidar, supongo. Total, ¿quién no necesita un hombre confuso a su vera?

En la imagen, una fotografía de Mariano Vivanco.

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Esta entrada fue publicada el 03/05/2016 por en Uncategorized.

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