EL HOMBRE CONFUSO

Muerdealmohadas

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Cada vez que Víctor Algora comenta algo en alguna de las redes sociales que manejo, con cierta soltura debo añadir -excepto Snapchat, un invento que todavía no he entendido para qué sirve y al que no pienso dedicarle mi tiempo-, aparece un seguidor del cantante para alabarme sus bondades, tanto interpretativas como, sobre todo, físicas. Cómo si los demás no nos hubiésemos dado cuenta. Algora despierta unas pasiones nunca vistas y no sé hasta qué punto es consciente de ello. Es el sex symbol underground por excelencia. El hombre con el que todo el mundo desea compartir una larga noche de pasión y sexo desenfrenado. Supongo que deben pensar que, tras el intercambio, se les pegará algo del talento que derrocha en cada una de sus canciones. Pobres ilusos, si eso fuese posible, tendría cola delante de su puerta. Yo el primero, que quede claro.

La envidia me corroe cada vez que escucho una de sus nuevas composiciones. ¿Cómo puede hacer que algo tan complicado parezca tan fácil? ¿Cómo consigue transmitir sensaciones como si fuésemos nosotros los que las estuviésemos viviendo? Sí, no son más que obviedades, pensamientos que todos repetimos cuando nos encontramos ante alguien con un don para el arte, en la manifestación que corresponda. Pero no por eso dejan de ser verdad. Acabar colando como uno de los grandes temas del año algo tan aparentemente natural como la comparación entre el latido del corazón y los partidos de baloncesto no es tan sencillo como pensamos. Ni siquiera teniendo a la Prohibida por delante. Y menos en una sociedad como la nuestra, que se encarga de menospreciar cualquier cosa que hagan los demás con el férreo argumento de ‘eso también lo hago yo’. Desde el sofá, se entiende.

Espero con ganas el nuevo disco de Algora, como he esperado con ganas cada uno de sus anteriores trabajos -espero que hayan contribuido en el crowdfunding-. Espero con ganas sus conciertos, y eso que yo no soy nada de conciertos -tampoco de festivales, aunque de eso no pueda hablarse en público-. Espero con ganas que la bonanza llegue a su puerta y pueda vivir desahogadamente de la música, que es lo que debería estar haciendo ya. Espero con ganas un café en su compañía, aunque para eso tendría que salir yo de este ostracismo que me he construido, y fuera, reconozcámoslo, no se está tan tranquilo como en casa. Espero con ganas su posado con desnudo integral, a poder ser en este blog que también es el suyo. Espero con ganas la flecha azul de la noche y baila, baila pegamoide. Lo espero todo con ganas.

Debería dedicarme a hablar más de lo que me gusta y menos de lo que me preocupa. Me lo recordaré la próxima vez que me siente a escribir. A ver si soy capaz de hacerlo.

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Esta entrada fue publicada el 12/04/2016 por en Uncategorized.

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