EL HOMBRE CONFUSO

10 series que han caído en mis confusas manos

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Me fascina la gente que tiene tiempo para todo. Trabajan, hacen deporte, leen, salen por las noches, madrugan, asisten a eventos, crean, no se pierden un estreno y, además, controlan cada una de las series que esta locura productiva nos deja semana tras semana. De todas tienen una opinión formada, de todas saben qué premios merecen, cuáles han ganado y si se han quedado cortos o se han pasado de largo. Es la vida instagram, esa que inventamos para que los demás crean que no tenemos un minuto libre. Porque ahí está la verdadera evidencia del éxito. Piensen en qué les suele decir la gente cuando les preguntan por su vida. ‘De cabeza, sin parar todo el día’. La sociedad nos ha enseñado que descansar es de vagos, cuando lo único que queremos todos es descansar. Mientras uno se mantiene ocupado de forma maquinal, no piensa. Ténganlo en cuenta.

A mí, como a cualquier ser virtual y confuso, se me escapa todo. Llego a lo que llego y tampoco considero que sea un drama. Incluso me atrevo a decirlo en público, aún a riesgo de ser tachado de marginado social. No me gusta American Horror Story, no pude pasar de la mitad de la primera temporada de True Detective y veo sitcoms. ¡Lancen las piedras! Ay, la vida instagram, cuánto daño nos ha hecho… Pero para que vean que no pasa nada, que uno puede vivir a remolque, que la actualidad es algo que tenemos tremendamente sobrevalorado, he decidido hacer un listado de las últimas series que he visto. ¿Por qué? Pues porque me apetece, porque en algo tengo que llenar mi tiempo y porque si lo hacen en Salvados seguro que a la comunidad twittera -sea eso lo que sea- le parecería bien. Total, ¿quién me lo va a impedir?

1. How to get away with murder. Imagino a los pobres estudiantes de secundaria españoles creyendo que en una clase de Derecho penal se aprende a defender a los acusados. Si alguien está pensando en adentrarse en el mundo de las leyes para convertirse en la Viola Davis nacional, más vale que cambie de objetivos. How to get away with murder es una serie trepidante, sin ningún tipo de coherencia narrativa, donde se aplaude la peor moralidad de la sociedad y se adiestra a los espectadores en el tan extendido ‘todo vale’. Vamos, una maravilla. Chicos guapos, chicas guapas, una mujer despiadada que se rompe a la mínima, asesinatos, universidades, fiestas que parecen fallas. A esto me refería cuando la sociedad no quiere que perdamos un minuto. En cada segundo de cada capítulo pasa algo trascendental y sorprendente. La vida instagram.

2. Fargo. ¿Han guardado las piedras de antes? Pues pueden ir sacándolas. La primera temporada de Fargo, con genuflexión ante Billy Bob Thornton y sus guiños a la película, me dejó cautivado hasta su minuto final. En la segunda temporada no he pasado del segundo capítulo. Sí, veo venir la acción, veo el personaje de Kirsten Dunst, lo veo todo, pero, a la vez, no me interesa nada. Fargo ha conseguido crear la ‘impronta Fargo’. En cada uno de sus planos sabemos que estamos viendo Fargo y eso es un éxito. Otra cosa es que eso acabe pasando factura a espectadores tan poco atentos como servidor de ustedes. ¿Para qué manchar un buen sabor de boca? ¿Para qué perder el tiempo? Pueden lanzar las piedras.

3. Bron/Broen. Una de mis series favoritas de los últimos tiempos. La tercera temporada puede que no sea tan gloriosa como las dos primeras -aunque el personaje de Saga sea motivo más que suficiente para rendirse a sus pies- pero supone unos avances en las tramas que para los pobres españoles suenan a chino. ¿Una guardaría donde no se define a los niños por su género si no que se deja que sean éstos los que construyan su propia identidad? En Bron/Broen es posible. Volvería a ver la primera temporada hoy mismo. Maravilla pura.

4. Wet hot american summer. La llegada de Netflix a casa de los Confuso ha hecho que afloren muchas de sus producciones. Wet hot american summer es una de ellas. La adaptación en serie de la película, con sus actores adultos haciendo de adolescentes, sus campistas, sus tramas gubernamentales, su Amy Poehler, su Paul Rudd, su rivalidad con el campamento de pijos, su cameos venidos de Mad Men. Más redonda que The Spoils of Babylon, aunque sin escenas tan míticas. Todavía lloro con el personaje del maniquí…

5. Orphan Black. Debo ser la única persona que continúa viendo Orphan Black. Y el problema, sin duda, no es mío. Una trama enrevesadísima que nadie entiende ni falta que hace, una actriz dándolo todo, los actores más guapos del panorama actual, humor, ciencia, drogas, complots, desiertos, un escorpión que viene y va, ¿qué más necesitan para engancharse a una serie? Ojalá no termina nunca y podamos ver a Tatiana Maslany envejeciendo en televisión e internándose en una clínica de salud mental para controlar sus múltiples personalidades. Y, ya puestos, que se aparezca Michiel Huisman en mi casa. Gracias.

6. Unbreakable Kimmy Schmidt. A esta vida yo sólo le pido que Tina Fey escriba la serie sobre El Hombre Confuso. Un ya no tan joven que da la cara por primera vez después de diez años en el anonimato y se encuentra con un reacción que no esperaba. ¿Creen que Netflix podría comprarme los derechos? Unbreakable Kimmy Schmidt tiene el mejor punto de partida de la historia y lo aprovecha hasta el final. Sí, lo sé, el histrionismo de Titus puede terminar cansando pero, al final, se le coge cariño -el momento videoclip-. Y ahora hablemos de Carol Kane y de por qué todavía nadie le ha dado el reconocimiento que merece… Somos tan cortos de miras.

7. Mad Men. ¿Se puede vivir en este mundo sin haber visto Mad Men? Solo si se mantiene en silencio. Lo mismo ocurre con Breaking bad, con A dos metros bajo tierra, con The wire, con todos estos productos que han dejado de ser series para convertirse en religión. Yo le estoy poniendo remedio. Todavía me queda el final. A partir de ese día podré salir a la calle con la cabeza bien alta y mirar directamente a los ojos de la gente. Mientras tanto, continúo siendo ciudadano de segunda, de esos que no viven, subsisten.

8. Scream Queens. Hace un tiempo hablé largo y tendido de Scream Queens, esa invención autocomplaciente que pasará al olvido más rápido de lo que creemos -de hecho, igual ya nadie se acuerda de ella-. Una nueva creación de Ryan Murphy, el mayor impresentable que ha creado Hollywood, que peca de lo de siempre aunque acierta más de lo que nos tiene acostumbrados. El reflejo perfecto de lo que significó 2015. El ejemplo idóneo que rescatarán los historiadores del futuro. Ahora, si crea un spin off de Denise Hemphill estoy dispuesto a retractarme de todo, organizar un crowdfunding y dedicarle una rotonda en la ciudad de España que elija.

9. Empire. No he tenido tiempo todavía para ver la segunda temporada de Empire, aka ‘La vida de Cookie Lyon y de todos los demás’, y, la verdad, no sé cómo he llegado a permitirlo. El fanatismo que experimenté con la llegada de esta versión renovada y musical de Dinastía debe haberse enfriado con el paso del tiempo. Aun así, debería ponerle remedio. Ya he leído que no es como la primera, que las audiencias en Estados Unidos no han sido tan explosivas y que un ser humano no puede soportar tantos giros indescriptibles de guión, pero si tuviese que hacer caso a todo lo que leo a diario… No tendría tiempo ni siquiera para ver series.

10. Happy Valley. Dos años ha tardado en estrenarse la segunda temporada de Happy Valley. Las aventuras de la sargento Catherine Cawood parecía que se iban a quedar pospuestas para siempre. Tampoco sería de extrañar, ya que no fue un boom, pero la historia merecía una continuación. Lo que parece que va a ser otra serie más de policías en entornos rurales que acaban teniendo que lidiar con crímenes que escapan a su competencia da un giro y termina siendo interesante. Denle una oportunidad si ya están al día de Girls. Total, si lo de Lena Dunham les parece entretenido a estas alturas, no puedo ni imaginar lo que experimentarán con otras series. ¡Un besi Lena!

Bonus: Juego de tronos. Desde aquí lo digo alto y claro. Ojalá en la próxima temporada de Juego de tronos maten a todos los personajes y acabemos de una vez con esta farsa. ¿Qué sentido tiene ver una serie cuyo creador se pasa el rato viendo la propia serie para ir adaptando sus novelas a lo que quiere el público? A este ritmo, tendremos Juego de tronos hasta 2075 y miren, no. Si la ciencia avanza para poder descargar nuestro cerebro en un cíborg y vivir eternamente como un robot no es para seguir viendo Juego de tronos. Ya vale.

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Esta entrada fue publicada el 23/02/2016 por en Uncategorized.

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