EL HOMBRE CONFUSO

Diez años confusos. Diez.

marlon-teixeira-83

Hace cosa de diez años me encontraba yo actualizando un blog que acababa de abrir. Llevaba un tiempo escribiendo desde una página de visita limitada, una de estas cosas horribles que todavía pululaban a principios de los dos mil. No sé muy bien por qué, tal vez fuese el sentimiento exhibicionista que todos llevamos dentro, decidí que era el momento de llevarlo a otra plataforma, una más visible, una más como la de esos blogs que solía visitar. Y así lo hice. Me trasladé a blogger, busqué una plantilla de las gratuitas -supongo que debía haber de pago, nunca lo miré- y pensé un nombre. Lo tenía claro. El espacio que abría se iba a llamar ‘El Hombre Confuso‘, una forma de sintetizar una frase que, por aquel entonces, me había dicho un amigo. La frase se perdió en el tiempo, igual que algunos recuerdos, hechos trascendentales que lo fueron entonces y ahora no significan nada, pero el nombre perduró. De eso hace diez años. Los cumplió el pasado día 13 de febrero, víspera de San Valentín, víspera de la exaltación comercial del amor malentendido. ¿Se les ocurre una fecha mejor? A mí no.

Decidí escribir un blog sin un motivo demasiado concreto. Buscaba, imagino, dejar caer algunos pensamientos que venían a mi mente y no sabía muy bien dónde compartirlos. No tenía ninguna intención de notoriedad, ni de recibir regalos en un apartado de correo, ni de hacerme un hueco en el overground nacional. En aquella época, los blogs eran otra cosa. No había negocio. De hecho, para muchos, nunca lo ha habido. Como en todo, la burbuja fue inflándose hasta que cristalizó en el ansia de la popularidad, en el hacer para crecer, en la vergüenza escrita. Pero eso llegó mucho después y en un universo que, para mí, siempre ha sido desconocido. Entonces estaba Popy, estaba Diana Aller, estaba el Sr. Q., estaba Lucio Chiné, estaba Di por Dior, estaba Alterego, estaba la Gratis total, estaba Kahlo, estaba La Petite Claudine. Ese era el star system, lo que había que leer, lo que marcaba el paso del tiempo. Algunos siguen estando, pocos, otros han variado su megáfono de discurso. Ellos escribían cosas interesantes. Yo no. Y no es modesta fingida, es realidad pura y dura.

El Hombre Confuso fue creciendo con el tiempo, madurando a los ojos de los que se hayan atrevido a visitar la vida de alguien que no conocen a lo largo de diez años. Dudo que exista alguien así. Nunca he pretendido centrarme en algo concreto, hacer de este espacio un monográfico destinado a perdurar. Un día terminará internet, o terminaré yo, y ahí quedará, flotando en el magma intangible. He escrito sobre lo que me ha apetecido. He hablado con quien he querido. He callado lo que no ha merecido ser nombrado. Quiero pensar que todo lo he hecho con libertad, con cierto toque confuso, aunque sería demasiado atrevido afirmarlo. Las presiones las sitúa cada uno en una parte de su cuerpo. La tarea complicada es contenerlas. A veces sé que lo he hecho. Otras no. Pero eso también ha sido este blog durante la última década. Un muro donde venir a vomitar y limpiarse sin que nadie pueda hacer nada. Vomitar, qué verbo tan de columnista con ínfulas, qué elección tan poco confusa.

Durante el último tramo del blog, los últimos años que nos han llevado hasta aquí, he virado profesionalmente a ganarme la vida escribiendo para otros. Un golpe en la mesa motivado por la falta de ingresos. Cuando uno se encuentra cara a cara con sus cuentas se pregunta qué podría hacer para vivir, qué talento podría llegar a forzar, y yo decidí que lo único que sabía hacer, puede que bien, puede que mal, es escribir. El destino quiso que alguien se fijase en mí y me abriese una puertecita. De ahí he ido saltando de un sitio a otro, trabajando sin fin, reduciendo la atención que este blog se merecía. Me lamento, sí, y le he puesto remedio. Parece que el futuro no me tiene reservada la abundancia, así que tampoco hay que empeñarse tanto. Eso sí, llamen a la puerta si tienen algo que ofrecer. Prometo, como siempre, ser educado y atento. Ahora, sepan a lo que vienen. Después de diez años escribiendo desnudo y de cara al público, poco hay que esconder. El Hombre Confuso es lo que es.

¿Es esto un punto y final? No, por supuesto. A lo largo de estos diez años, nunca me lo he planteado. Seguiré mientras me apetezca seguir y, por el momento, no noto el final cerca. No me importan las visitas, no me importa la repercusión, no tengo ningún interés en figurar, no vivo pendiente de lo que se dice o se deja de decir. Creo que es la única forma de mantener el interés. Errar en el planteamiento, engañarse a uno mismo es el peor consejo. Me gustaría decir que he recibido ofertas millonarias, tentaciones prohibidas que han hecho que tuviese que luchar por mis principios con uñas y dientes. No ha sido así. El universo confuso interesa poco. De hecho, me sorprende que pueda interesar a alguien que no sea yo. El voyeurismo, la curiosidad fomentada por el anonimato, el picor en la entrepierna, pongan la excusa que más se adapte a sus intenciones. No seré yo el que se preocupe por el motivo. Me interesa más el resultado.

Reconozco que en otros aniversarios menos señalados he organizado celebraciones mejores. Tal vez el paso del tiempo todo lo mitiga. Pero no crean que no voy a hacer nada. Confío en que algunos amigos virtuales me echen una manita para avivar las redes sociales -permanezcan atentos- y, dentro de poco tiempo, verá la luz ‘Confuso‘, una publicación en papel que recogerá lo que ha pasado en estos diez años, con entrevistas, colaboraciones e invitados que espero que tengan tantas ganas de tenerla en sus manos como yo mismo. No, no es el inicio de una revista, ni de un proyecto que va a perdurar en el tiempo. Es un fetiche material. Iré compartiendo los avances, no se preocupen. Ahora que ya lo he dicho en público no tiene vuelta atrás. Diez años, casi un tercio de mi vida, merecen algún tipo de reconocimientos. Piensen en qué actividades, que no sean puramente fisiológicas, llevan haciendo más de diez años. Piensen.

Y hasta aquí lo que se daba. No saben lo que les agradezco que hayan invertido segundos de existencia en visitarme. Ni lo merezco ni me lo he ganado. Les veo dentro de diez años. Si es que internet aguanta tanto tiempo. Crucen los dedos.

Un comentario el “Diez años confusos. Diez.

  1. ¡Enhorabuena! Te felicito donde tiene que ser, en el blog, donde hubo una pequeña aportación mía. Por muchos años más (y mucho más desnudos)

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Esta entrada fue publicada el 15/02/2016 por en Uncategorized.

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