EL HOMBRE CONFUSO

Y el vello púbico llegó al prime time…

Sin título-1

No podía quedarme yo sin opinar sobre esto. Sé que en cuestión de dos líneas perderé muchos de los lectores que he acumulado a lo largo de los años, pero cuando uno siente la llamada del interior tiene que hacer cualquier cosa para calmar el fuego. Son los riesgos de tener un espacio sin nadie que controle nada. Los riesgos y las ventajas, claro. Pero a lo que iba. Llevo dos días en shock. Es el tiempo que me ha costado recuperarme del impacto que sufrí el domingo por la noche, y no, no hablo de nada de política, que de eso vamos bien servidos y saturados -y todavía quedan tres semanas hasta la llegada de las elecciones; mi pobre corazón creo que no lo va a soportar-. Resulta que estaba yo tan tranquilo, sentado en el sofá, en pijama -siempre es más sexy imaginar un sensual slip muy ceñido, pero para qué vamos a mentir-, con una confortable manta mitigando la bajada nocturna de las temperaturas cuando me entregué a los placeres de la televisión -pueden acudir a lo que escribí ayer para completar esta sensación-. Sintonicé el debate de Gran Hermano, programa que veo tanto por placer como por trabajo, y lo que allí me encontré todavía no lo han digerido mis neuronas.

Para los que no estén familiarizados con el formato -y no hayan huido despavoridos al leer Gran Hermano– les pondré en situación. Hay un concursante en la casa de nombre Aritz que presume de no saber nada de internet y de llevar sombrero hasta en la ducha. Dos licencias artificiosas para construirse una personalidad reconocible de cara a los votos, ya que el pobre se sabe la parrilla de memoria y tan solo luce complementos capilares cuando sale a la calle. Pondríamos la mano en el fuego. Este concursante, además, mantiene una relación con otro, de nombre Han. Se quieren, se besan, se abrazan debajo de mantas y viven en este limbo de falta de etiquetas que tanto molesta a la gente. Si ellos quieren seguir así, pues que sigan. El problema es que, después del cariño, llega la bronca, la consciencia de la presencia de cámaras y los aspavientos por si fuera del programa pueden estar viendo lo que no es. Bobadas, ya que lo que vemos es precisamente lo que es. ¿Les ha quedado claro? A mí tampoco, pero, en realidad, poco importa.

Hace unos días, los concursantes se enzarzaron en una batalla de huevos -piensen que no pueden ni leer, algo tendrán que hacer- y acabaron todos de yemas hasta las cejas. Como los recursos dentro de la casa son limitados, sortearon los turnos de ducha, ya que no hay agua caliente para todos, y a Aritz, el del sombrero, le tocó el último. Es decir, que de agua caliente no le iba a quedar nada. Entonces, ni corto ni perezoso, montó un poco de show -hay que tener en cuenta que está nominado- y decidió emprender una huelga nudista para exigir que la organización le facilitase agua caliente. Contando que la temperatura media de la casa debe ser casi tropical para que los concursantes llevan la menos ropa posible, tampoco es un mérito. Ataviado con su sombrero y la petaca del micrófono a modo de taparrabos -con las manitas ocultaba la flor de su secreto-, se dedicó a recorrer toda la casa evidenciando su enfado y gritando sus consignas. Hasta ahí, todo bastante normal tratándose de Gran Hermano. Pero el drama se estaba cociendo en el exterior.

Al desnudarse completamente, el concursante dejó a la luz un espeso y oscuro vello púbico, algo que pilló a la audiencia desprevenida ya que en el resto del cuerpo es bastante lampiño -piernas y brazos incluidos, que siempre son delatores-. Una maravilla de entrepierna que no ha sucumbido a la tiranía moderna del rasurado o afeitado con la excusa de que ‘es que se ve más grande’. Un avance nunca visto contando que nos encontramos en un entorno, el del programa, donde la estética imperante es la depilación integral en hombres y mujeres. El look tronista, por si les sirve como referente. Toda una declaración de intenciones estética que ni siquiera yo, con esta visión que me caracteriza, pude prever. Y claro, todo lo que sale de la norma impuesta despierta el recelo de los súbitos entregados. Rápidamente, los comentarios del plató comenzaron a burlarse del matojo salvaje del concursante y se llevaron las manos a la cabeza ante lo que ellos consideran una dejadez. Ya saben, la vieja trampa de asociar el pelo con la suciedad. Una consigna no aplicable a las melenas -debe ser que la sociedad, como ente, se lava más la cabeza que el cuerpo- y potenciada por los fabricantes de maquinillas y aparatos dedicados al corte de pelo.

No contento con las primeras y jocosas reacciones, el asunto continúa a día de hoy. Y claro, entenderán mi enfado. ¿Por qué nadie se ha escandalizado ante las imágenes de otro de los concursantes rasurándose a maquina el vello de los brazos? No se me ocurre un atentado estético de peor calaña. Bueno, tal vez las cejas y la barba perfilada a cuchillo, pero poco más. Pero, claro, eso son ahora señas del mainstream y están bien vistas. Creen los integrantes del ‘prime time’ que no rasurarse el vello púbico es algo de otros tiempos, de una época pasada, una evidencia de falta de modernidad e imagen pública, cuando la realidad va por otro lado muy distinto. Me asusta pensar que a mi alrededor todo el mundo dedica horas a realizarse arreglos florales en sus partes más íntimas por la presión de los demás. ¿Por qué tenemos que ser todos iguales? ¿Por qué la uniformización ha tenido que llegar, incluso, a los órganos reproductores? Si Aritz, el del sombrero, quiere entregarse a la naturalidad por convicción propia, o incluso por gusto -¡qué loco! ¡a la hoguera!-, que lo haga. ¿Quiénes somos nosotros para decirle lo contrario?

El horror, no se equivoquen, no lo da abundancia, sino la escasez. Un adulto con un pubis de niño es lo más terrorífico que puede encontrarse uno en las situaciones amatorias. Reflexiones y dejen que el salvajismo guíe sus vidas. No se equivocarán. Palabra de Confuso.

En la imagen, el fotógrafo y sex symbol Xevi Muntané por César Segarra. La fotografía que mejor podía ejemplificar este larguísimo texto.

Un comentario el “Y el vello púbico llegó al prime time…

  1. Yuanyi
    01/12/2015

    Soy gay y yo estoy a favor del RECORTE del vello púbico porque no me gusta ver el matujo de pelo ahi si voy a tener relaciones sexuales con mi pareja o quien sea si estuviera soltero. Ojo, he dicho recorte, no rasurado. Todo minimamente cuidado es un plus, pero tampoco nos pongamos las manos en la cabeza juzgando a la sociedad porque cada uno tenemos nuestros gustos personales, y hay quien le gustará el vello púbico que mostró Aritz, y a otros que no, como en mi caso, y no por ello significa ni que yo sea una oveja más en el rebaño del tipo de hombre “tronista”, ya que ese tipo de chico no me mola, me gustan varoniles, con su vello, REPITO, debidamente cuidado/recortado, pero que esté ahí en pecho, piernas, brazos y barba… Y no por ello me debe gustar un vello púbico descuidado…

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Esta entrada fue publicada el 01/12/2015 por en Uncategorized.

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