EL HOMBRE CONFUSO

¿No tengo miedo?

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Qué fácil es decir que no se tiene miedo cuando, realmente, no es así. Lo decimos desde la comodidad del sofá, con el móvil cargando en una mano y el mando de la televisión en otro. Lo decimos mientras descansamos confortablemente entre el calor del nórdico que compramos la semana pasada. Lo decimos mientras pasamos con velocidad las fotografías de instagram esperando encontrar la de ese nuevo amor que luego no lo será tanto. Lo decimos mientras dejamos caer el libro que estamos leyendo y respondemos a ese grupo de mensajes que tanto nos incomoda. Lo decimos mientras planeamos nuestro próximo fin de semana fuera de la ciudad. Lo decimos mientras abrimos otra cerveza para pasar la cena. Lo decimos mientras nos quejamos de que la actualidad haya retrasado el comienzo de Mujeres y hombres y viceversa. Lo decimos mientras leemos a Nada importa. Lo decimos mientras miramos por encima del hombro a los que se comportan de forma diversa y aplaudimos a los que nos dan la razón por sistema. Lo decimos mientras esperamos que nuestro ligue instantáneo llame a la puerta. Lo decimos en las redes sociales. Lo decimos sin abrir la boca.

Yo sí tengo miedo. No es que lo tenga desde hace dos días. No es que haya aparecido por generación espontánea al darme cuenta de que el siguiente puedo ser yo. Siempre lo he pensado. Todos lo hemos hecho. Tengo miedo a sufrir. A ver sufrir a los que duermen a mi lado, sea física o mentalmente. Tengo miedo al futuro, a no encontrar gente increíble que me vaya a enseñar cosas increíbles de enseñar. Tengo miedo a equivocarme, a no ser capaz, a dejarme llevar por las minucias, a no poder con los problemas reales. Tengo miedo a decepcionar, a llegar un punto en que la realidad me sea ajena, a olvidar, a recordar demasiado. Tengo miedo a la sociedad, a los derroteros que está tomando la ciudadanía, a la mala educación imperante, a que esta tensa cuerda se nos escape de las manos y nos arrastre con ella. Tengo miedo al miedo mismo y a sus consecuencias. A no cumplir los sueños. A cumplirlos a raja tabla. Tengo miedo a morir. Sí, a morir, por mucho que el instinto de supervivencia nos obligue a no pensar en ello. Y no creo que sea nada malo, ni una cosa ni la otra. Nos hemos hecho inmunes al exterior siempre y cuando no nos toque demasiado. No viviríamos de no ser así. No nos podemos culpar.

Hace tanto que hemos perdido la conciencia de la naturaleza humana. Puede que no la hayamos tenido nunca. Puede que todo sea un mero camino que alguien ha trazado a mano alzada. Puede que tengamos que salirnos. Puede que no sepamos cómo. Puede que sea el momento de improvisar. Puede que incluso acertemos. Puede que no. Puede.

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Esta entrada fue publicada el 15/11/2015 por en Uncategorized.

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