EL HOMBRE CONFUSO

La ropa interior

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Me repito, lo sé, pero hace tanto que no venía por aquí que casi se me había olvidado el camino. Y miren que es fácil. Después de nueve años largos debería tenerlo memorizado. ¿No les atormenta el alma cuando las rutinas diarias no les dejan vivir su vida? Así me encuentro yo, en un estado permanente de tormento, como si de una feligresa de las redentoras humilladas se tratase. Imagino que esto es lo que sentía Santa Teresa de Jesús cuando no vivía en ella. Total, ser mística en el siglo XVI debía parecerse a ser bloguer en la actualidad, pero en lugar de sentarse a pontificar delante de un ordenador, lo hacían a través de la escritura y el contacto con el más allá. Siento la comparación. Se lo prometo. ¿Le gustaría a Santa Teresa que la llamasen mística? Nada me molesta más que alguien se refiera a mi persona -esa gran expresión de folclórica- como bloguer. No hace falta que insulten. Tan solo obvien la información que creen poseer. A veces, el silencio es la mejor respuesta. ¿No les atormenta, de nuevo, el alma cuando alguien se empeña en etiquetarse por encima de sus posibilidades? A mí sí y lo veo a diario. Aun así, no venía yo a hablar de este tipo de tormentos.

Llevo un tiempo tremendamente preocupado por la ropa interior. No por su uso, que queda entre ustedes y sus rozaduras -uno no es más revolucionario por no llevarla, ténganlo en cuenta-, sino más bien por su concepción. Le damos una importancia tremenda a la ropa interior. Me sorprende ver como, en el colmo de la superficialidad frívola -algo que defiendo a capa y espada, por otra parte-, hay personas capaces de truncar un encuentro sexual por el tipo de ropa interior que utiliza su partenaire. Y créanme, si ésta evidencia una dejadez en la higiene personal o en el lavado de las prendas, lo entiendo, ¿pero por su forma y/o marca? Hemos llegado a unos niveles tan altos de vivir hacia los demás que nos hemos olvidado de nosotros mismos. Nos compramos los calzoncillos que creemos que los demás van a querer ver en nosotros. Hacemos pedidos quilométricos a Aussiebum porque pensamos que esas ingenierías de levantamiento y posición en tonos flúor nos van a garantizar un puesto de honor entre los más deseados. Creemos que con ellas seremos aceptados, que nos identificarán como un igual y podremos situarnos en lo más alto de la demanda virtual. Nos burlamos de aquellos que marcan el D&G en la cinturilla del slip por la calle pero hacemos lo propio con nuestros Aussiebum en instagram. A la señora del espacio rogando y con el mazo dando.

Y sí, ya sé que ahora los usuarios talibanes de la citada marca van a alegar cualidades casi orgásmicas de comodidad, forma y precio, esas mismas que encontrarían en cualquier tipo de prenda, pero, claro, no son las que llevan los demás en [ponga aquí su putiapp favorita] y eso resta puntos. Me enternece ver cómo somos capaces de autoconvencernos de lo que nos da la gana y cómo censuramos todo lo demás con la vehemencia de un tertuliano. Entiendan que el morbo está en ustedes y no en lo que lleven puesto. Evidentemente todo ayuda. Uno se viste con las prendas que considera que destacan lo que cree positivo y ocultan al máximo aquello que eliminaría con photoshop si pudiera. Y lo mismo ocurre con la ropa interior. Conseguir un buen nivel de sujeción, de apariencia y, claro, de paquete, se ha convertido ya en un dato esencial en nuestra interrelación con los demás -como si un buen paquete evidenciara algo más que unos testículos prominentes-. Ahí depositamos el centro de nuestra gravedad y toda nuestra autoestima. Olvidamos que la vida real no es una fotografía de instagram y que quien llega a la ropa interior tiene muchas posibilidades de seguir avanzando y terminar descubriendo lo que se esconde debajo. El truco termina pronto y esos brillantes Aussiebum tan solo servirán para limpiar la corrida de camino a la ducha. ¿No querían costumbrismo? Aquí lo tienen.

Sean libres. Compren lo que deseen y llévenlo con la cabeza bien alta y el pitillo bien prieto. Entiendan que hay vida más allá de la imposición estética del momento. Empaticen con quien prefiere comprar su ropa interior en otro sitio. No le miren mal, no prejuzguen, no crean que por no recibir sus calzoncillos por internet son menos personas -creen que exagero pero no lo hago-. Renuncien a la ropa interior si les molesta, pero ténganla en cuenta cuando lleven pantalones claros y sientan la llamada de la excitación espontánea. Es un consejo que les doy. Y dejen de atosigarnos con tanto flúor. No les garantizará el polvo. Tampoco se lo privará. ¿No están cansados de relacionarlo todo con el sexo? A veces, la naturaleza animal es agotadora. Casi tanto como las redes sociales. Bueno, no, nada es tan agotador como las redes sociales.

Si alguien tiene a bien decirme quien es el muchacho de arriba, el que no parece tenerle mucho amor a su ropa interior, se lo agradeceré eternamente.

3 comentarios el “La ropa interior

  1. Uno
    07/10/2015

    Estoy seguro de interpretar correctamente los deseos del autor de esta entrada al decir que si, además de decirle quién es el muchacho, adjunta su número de teléfono se lo agradecerá mucho mas eternamente.

  2. Astcor
    09/10/2015
  3. Fil0gelos
    05/02/2016

    hombre, algunos no llevamos no porque sea más revolucionario sino porque nos molesta jejeje pero si, tienes bastante razón. Roderick es parte de mis fantasías eróticas 🙂

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Esta entrada fue publicada el 06/10/2015 por en Uncategorized.

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