EL HOMBRE CONFUSO

El día que España olvidó a Sabrina Salerno

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Septiembre se está convirtiendo en un mes de decepciones. El calor no termina de irse -motivo de alegría para los veranolibers y de lágrimas como gotas de sudor para el que aquí escribe-, Terelu ha roto, una vez más, con su novio, las redes sociales se empeñan en crear opciones que fomentan la negatividad, como si de eso no estuviésemos ya bien servidos, y, para colmo, ha muerto Jackie Collins. Y lo hizo en domingo, para pillar a los maricas de after o pasando la resaca, que no sé cual de las dos cosas es peor. Me entristece la obsesión por afirmar que Jackie vivía a la sombra de su hermana Joan, como si no hubiese vendido varios centenares de millones de sus novelas, como si no hubiese conseguido revolucionar el paradigma de la novela romántica, como si su visión de los años postdorados de Hollywood no fuese una de las más acertadas, como si no hubiese tenido más suerte que su hermana en muchos aspectos de su vida. Claro que Jackie escribía y eso siempre es un handicap. Las hermanas Collins hicieron todo lo que la modernidad se mata por hacer mucho antes de que nada de eso fuese moderno -¿qué es moderno? Moderno eres tú-. Mi devoción por Joan es incuestionable, pero Jackie… Ay, Jackie, daría un brazo, el izquierdo a poder ser, por escribir una novela como las tuyas. Con un hombre sin camisa en la portada y veintisiete formas diferentes de referirse al miembro viril.

El domingo en que el mundo lloró la muerte de Jackie Collins, las redes sociales españolas estaban a por uvas. Jackie no era un personaje televisivo. O no, al menos, en la concepción que el mainstream patrio tiene de ello. No tenía su propia serie, no había protagonizado películas emitidas una y mil veces en la sobremesa, no sabía mover la pierna como Lina Morgan. Su muerte pasó más bien desapercibida -quitando a cuatro fanáticos que compartieron la maravilla que es Mujeres de Hollywood-. Un motivo más de decepción en una sociedad condenada al olvido. Nos hemos convertido en una máquina de fagocitar información. La leemos, la compartimos y la olvidamos en cuestión de pocas horas. Ya nada permanece. Estamos desbordados. Vivimos inmersos en un maremágnum de chorradas, de pérdidas de tiempo, de iconos de usar y tirar. Somos incapaces de dedicar parte de nuestro tiempo a investigar qué ocurrió antes de que tuviésemos conciencia de la realidad. Ni nos interesa, ni nos importa. Es más satisfactorio entregarnos con los brazos abiertos a las pesquisas de la actualidad. Nos reportará más ‘me gusta’ que, al final, es lo único que nos remueve por dentro. La dictadura del minuto. Todo lo que pase de sesenta segundos debe ser eliminado.

No deja de sorprenderme -y, de nuevo, entristecerme- la facilidad con la que hemos dejado la curiosidad aparcada. Si no nos lo traen en bandeja no movemos un dedo para averiguarlo. Queremos que la información llegue a nosotros y, si puede ser mientras twitteamos con un ojo abierto, mejor. Ya nada nos cuesta nada. Y lo peor es que esto no es una oda al esfuerzo ni a la cultura del trabajo. Hace pocos días, la organización de Gran Hermano -los prejuiciosos pueden seguir leyendo, no les pasará nada- decidía sorprender a los habitantes de la casa con la visita de Sabrina Salerno. Para algunos, como quién les escribe, hubiese sido un momento mítico. Ellos se quedaron impasibles. ¿Por qué? Pues porque desconocían quien era aquella mujer que paseaba por la casa y les hablaba en italiano. Rápidamente vino la justificación. “Es que ninguno había nacido cuando a Sabrina se le salió una teta en el especial de Navidad”. ¿Y? ¿Acaso ahora es motivo suficiente la temporalidad? Si cada uno nos tuviésemos que preocupar tan solo por los eventos que han sucedido tras nuestro nacimiento, el mundo hubiese terminado hace mucho. No quita, claro, que lo que uno vive en primera persona, sobre todo durante los años de la infancia tardía y la adolescencia, marca mucho más, pero, ¿nos vamos a contentar con eso? Pueden regalarme una de las polaroids que le hizo Warhol a Grace Jones y verán mi alegría -antes de caer al suelo desmayado-. Y yo en los 70 no había nacido.

El menosprecio a las generaciones posteriores forma parte, aparentemente, del código genético de la humanidad. Todos pensamos que los que vienen después no saben nada, de la misma forma que consideramos que los que ya estaban se han quedado anticuados. Así funciona la sociedad y no pasa nada por asumirlo. Ahora, el salto entre la última generación que nació sin tecnología y los que ya aparecieron creyendo que las fotografías son esas cosas que uno pasa con el dedo en una pantalla táctil es abismal. Nosotros mismos, los de antes, nos hemos contagiado de la premura que lo envuelve todo. Nos hemos autoconvencido de que todo caduca a los pocos minutos. Sacamos pecho de nuestra capacidad para situar en el tiempo las salidas de tono de los demás -‘eso es tan 2003…’-, sin darnos cuenta que, así, tan solo vamos avanzando hacia el olvido más oscuro, hacia la tiranía del presente. Y no se equivoquen, no vendré yo aquí a decir que debemos frenar el imparable avance de la sociedad para anclarnos en épocas que ya no existen. El inmovilismo no puede traer nada bueno, sea en el campo que sea. Avancemos, pero retengamos algo. Creemos menos ruido y tratemos de focalizar en aquello que nos puede resultar interesante. No debe ser tan difícil, ¿no creen?

No creamos que eso es una cosa de los demás, de esos pobres mortales sin dedos de frente ni neuronas activas a los que tanto nos gusta mirar por encima del hombro -como si nosotros no estuviésemos en el mismo caldo de cultivo-. Las ha pasado ellos y puede pasarle a cualquiera. El alzheimer social. Y, ya puestos, háganme un favor y denle a Sabrina el puesto que le corresponden. Ni fue una one hit wonder, ni nadie se acuerda de ella, ni, desde luego, su teta saltarina en televisión fue tan solo una teta saltarina. Es historia de España. No lo olviden.

2 comentarios el “El día que España olvidó a Sabrina Salerno

  1. Alex Pler
    22/09/2015

    Totalmente de acuerdo con tus observaciones y reflexiones, pero no tengo tan claro que nadie hubiéramos reconocido a la Sabrina actual de tenerla delante.

  2. OV
    22/09/2015

    Sabrina sigue siendo un mito……aunque tenga España un tanto descuidada,trabaja muchísimo en el resto de Europa,sobretodo en Francia donde lleva 10 años de gira con Stars80…. hace poco hizo un dueto con Samantha Fox,una pelicula y ahora acaba de sacar un nuevo single “Colour me”

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Esta entrada fue publicada el 22/09/2015 por en Uncategorized.

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