EL HOMBRE CONFUSO

Pequeña lección de anatomía masculina

David-Ramirez-Homotography-Joan-Crisol-04

Al final, he caído. No tenía intención, la verdad, pues sé que me repito y que cada vez vuelvo a rondarles con lo mismo, pero la sociedad, el mundo y la estupidez reinante me acaba llevando a ello. Sí, soy así de influenciable -de ahí que nunca me coloquen entre los gays más poderosos del país, es la cruz que llevo clavada en el alma-. Hoy vengo a hablar de algo que conocen bien -o eso quiero creer-, algo sobre lo que disertan constantemente, algo que ocupa gran parte de sus conversaciones diarias y que les ha acompañado desde el inicio de los tiempos. Tampoco sé para que creo tanto misterio si el título de este post y la fotografía que lo acompaña son bien reveladoras, la verdad. No me culpen a mí, señalen al sistema que me obliga a crear entradillas misteriosas, cebos sacados del mismísimo Sálvame para poder atrapar su atención -todo lo que no lleva desnudos pasa tan desapercibido…-. Hoy vamos a hablar de anatomía masculina, ese gran desconocido para gran parte de los usuarios de redes sociales.

No creo que, a estas alturas, quede nadie que no haya corrido al quiosco a atesorar su ejemplar de la revista Coure con el desnudo integral de Quim Gutiérrez. La señora del espacio ha escuchado nuestras plegarias y ha hecho que el actor se entregue al nudismo y que un avispado inmortalice el instante. Deberíamos darle gracias en forma de ofrenda -sean agradecidos, la vida les irá mejor-. Rápidamente, las redes sociales, esas amigas que dirigen nuestra existencia, se llenaron de comentarios sobre el físico del actor. Sería absurdo plantearse nada más allá de admirar la pura perfección anatómica. Podrá ajustarse a nuestros gustos, podrá no ser el tipo de hombre que nos gusta, pero cualquiera que no quiera rendirse a la evidencia estaría engañándose a sí mismo -servidor de ustedes, como imaginan, ya tiene colocado el ejemplar en un altar plastificado-. Entonces, entre tanta alabanza y comentario mordaz, una fuerte corriente comenzó a cobrar peso. La misma que cada vez que un personaje famoso -de primera, segunda o tercera- se desnuda para las cámaras. Un pene, afilemos los cuchillos.

La sociedad es falócrata, hay que reconocerlo. Hemos mitificado tanto el pene, hemos creado tantos tabús a su alrededor, lo hemos escondido tanto que ahora la fascinación que despierta es irrefrenable. Y aquí, de nuevo, tenemos la culpa los hombres. Por mucho que la sociedad evolucione, la virilidad continúa instalada en los genitales. Poco importa todo lo demás si se tiene un pene grande, grueso y siempre dispuesto. Y con este mismo rasero de fantasía medimos las de los demás. La sociedad, y por ende su máxima expresión, twitter, azota con el látigo de los centímetros cualquier pene que se ponga a tiro. No podemos alabar algo que nos dejaría a nosotros en posición de inferioridad. Puede que escondamos un precioso pene de proporciones puramente españolas -ahí están las estadísticas- entre las piernas, que de cara al exterior tenemos que marcar nuestro territorio meando con fuerza y, si hace falta, contra el viento. Ahora resulta que todo el mundo necesita preservativos extragrandes, calzoncillos con amplitud de miras y una transfusión de sangre cada vez que tiene una erección para no caer preso de una embolia. Como si los demás no tuviésemos uno. Como si los demás no hubiésemos visto unos cuantos.

Ayer Quim Gutiérrez emergía de entre las aguas frías de Formentera como su madre le trajo al mundo y la sociedad se disponía a juzgar. El veredicto, como no podía ser de otra forma, era decepcionante. ‘Me esperaba algo más’, rezaban afligidos twitteros decepcionados al ver un pene de proporciones más que aceptables en plena naturaleza. Pero, exactamente, ¿qué esperaban? Me niego a creer que estos pobres desdichados tan solo se han encontrado con miembros gigantescos a lo largo de sus cortas pero fructíferas vidas. Me niego a imaginar que guardan entre las piernas el misterio del origen del mundo. Me niego a sopesar la idea de que todavía no conocen el funcionamiento básico de la anatomía masculina. No hemos llegado a 2015 para volver a reincidir sobre los diversos tipos de penes y su respuesta a la estimulación sexual. Lo ven cada día -diversas veces- en sus propios cuerpos, lo tocan en los de los demás, no nos vengan con pamplinas. Volvemos, de nuevo, a la lucha de egos, la enfermedad que sí conseguirá acabar con la humanidad tal y como la conocemos. Deténganse unos minutos a reflexionar antes de lanzarse a degüello. Es otro de esos favores que tanto les pido.

Tengan en cuanto que cuando alguien les grita ‘pollón’ tras haberle mandado una fotografía convenientemente estudiada, encuadrada y retocada de su pene es una mera fórmula de cortesía, como el que aplaude un peinado horroroso o reafirma la pérdida casi imperceptibles de perímetro abdominal. No piensan de verdad que su pene sea magnífico, tan solo acarician suavemente su autoestima para que no caiga en picado. Actúen con consecuencia y no crean lo que no es. No alimenten rumores que saben que son falsos. No es necesario ni beneficia a nadie. Y, sobre todo, tengan sentido común. Con esos sencillos gestos están creando monstruos. Seres ávidos de poder que aprovechan cualquier excusa para situarse por encima de los demás. Nosotros somos los culpables y nosotros tenemos que remediarlo. Así debería funcionar la sociedad -pese a que estemos muy lejos de conseguirlo-. No le den al pene más importancia de la que tiene, ni menos tampoco. Dejen que la gente disfrute de lo que quiera -‘es solo un pene, todos tenemos uno, no sé a qué viene tanto revuelo’, escribe mientras mira con desdén desde su púlpito de ser pretendidamente evolucionado- y disfruten ustedes de lo que quieran. Es fácil si saben cómo. Pruébenlo.

Efectivamente, Quim Gutiérrez tiene un pene, algo que ya suponíamos, y es bonito. ¿Y qué? Pues nada más. La vida continúa, la sociedad sigue descuartizándose y los ritmos de internet harán que lo olvidemos en cosa de dos días. Ni regodearse en el hecho les hace peor personas, ni levantar el dedo acusador contra los que lo hacen les hará subir al cielo. Que un pene consiga causar semejante revuelo no es más que una pequeña revolución en la lucha social. ¿Y si dejamos de criticar tanto y todos nos sacamos el pene? Venzamos el mito y seamos un poco adultos. Ay, ya he vuelto a caer en lo mismo. Y continuaré haciéndolo, creo, hasta el final de mis días. ¿Ven lo que me obligan a hacer? Esta enfermedad mental que estoy desarrollando lentamente es por su culpa. Que lo sepan.

En la imagen, el modelo David Ramírez fotografiado por Joan Crisol.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 03/09/2015 por en Uncategorized.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Archivos

Facebook

A %d blogueros les gusta esto: