EL HOMBRE CONFUSO

El chamán del vello corporal

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Vengo a contarles una historia que he empezado a narrar en instagram -mi obsesión por escribir acaba incluso en las redes sociales que no están pensadas para eso-. Es una historia televisiva, situacional, generacional y tan triste que no parece de este mundo. Triste estéticamente hablando, claro, que no está el horno -literalmente- para bollos. Todo ocurrió ayer mismo, sobre las 14:20 de un jueves cualquiera, en un mes de agosto especialmente caluroso. Como cada día sintonicé el programa del momento, el único soplo de aire fresco que ha parido la televisión patria para mitigar el hastío veraniego, el espacio televisivo que ha encumbrado al mainstream más absoluto a dos figuras que el underground tenía ya muy reconocidas -algo tan sentido para algunos de nosotros como cuando aparece un conocido en el casting de un reality y alguien exclama ‘¡ese es de mi barrio!’-. Comienza la sintonía y empieza Cámbiame, ese miniespacio -que perderá su esencia cuando se estrene la versión ‘premium’ y se convierta en el nuevo Sorpresa, sorpresa– en el que tres estilistas tratan de arreglar algunos de los desastres estéticos que pueblan tranquilamente nuestras calles, sobre todo, durante los meses de verano. Nada más sencillo y más afectivo para atrapar la neurona que te queda suelta entre sudar y engullir.

Entre los candidatos a ser cambiados, un gitano gay vestido con vaqueros cortos con dobladillo y camiseta de tirantes -vamos, como el 90% de los usuarios de instagram-, una señora fan de Miguel de Molina con una chaqueta vaquera bordada con la frase ‘Miguel de Molina. Adiós España’ en color rosa y un chico en sus treinta tirando a tímido, vestido con la misma ropa que utilizaba en el instituto, que no tiene nada de malo -sobre todo si te cabe, que ya es un mérito- si no fuese porque la ropa era ‘fea pa perro’, que diría mi adorado Sr. Q. -¿hay ya un change.org para que vuelva Qué moderno?-. El pobre asegura que no sabe combinar -que es una de esas grandes mentiras que ha creado la moda para poder seguir viviendo-, que su madre le llama cateto y que quiere conquistar a una chica que no le hace caso y de la que tampoco va a desvelar el nombre, ya que quiere guardar su privacidad. En un plis conquista a todo el jurado -habría que decir que era una especie de Alberto Garzón de hombros caídos pero muy adorable y achuchable- y pese a las insistencias de Cristina, la estilista de Supermodel0, con lágrimas incluidas, prefirió marcharse con Natalia Ferviú, que es el descubrimiento mainstream de la temporada. Entonces, llegó el drama.

En una de las pruebas de vestuario, el joven se puso una camiseta de tirantes blanca, dejando al aire un pecho moderadamente peludo -muy moderadamente-, cosa que, al parecer, le avergonzaba. Rápidamente dijo que no se veía bien con eso ya que era ‘más pelo que músculo’ y que debía depilarse primero. Ahí comenzaron mis taquicardias. Natalia Ferviú, firme defensora del entrecejo y de las mujeres que no sucumben a la tiranía de la depilación, no le dio demasiada importancia al asunto pero imagino que los directores del programa vieron en el comentario del joven el vídeo ideal para completar el programa. Nada gusta más en televisión que someter a un hombre a las torturas de la depilación a la cera -con gritos y una lagrimita final, si puede ser-. Y allí que se fueron. Vimos, entonces, que tenía un pecho y abdomen estupendo y dentro de las ‘normas de corrección social del vello corporal’, esas que indican donde se puede tener y donde no. Tumbaron al pobre en una camilla, le rasuraron con máquina el pecho y le aplicaron unas bandas de cera para completar la obra. Ahí tuve que cambiar de canal para no ver la magnitud del desastre. A la vuelta comprobé como Natalia aseguraba que le habían depilado porque él se había empeñado. No hacía falta decirlo. Desgraciadamente, lo teníamos claro.

¿Hasta cuándo vamos a dejar que los heterosexuales sigan creyendo que un cuerpo depilado es lo que gusta, es lo que ‘debe ser’? ¿Cuándo les haremos entender que una polla sin pelo no es más que la absurda prolongación de la infancia en hombres adultos y que eso es una aberración se mire como se mire? La aparición del vello corporal llega asociada al despertar sexual, a la madurez, a las feromonas y al instinto reproductor. El ‘dónde hay pelo, hay alegría‘ no es simplemente un refrán popular. Resulta comprensible que la evolución pendular de la moda y las tendencias hiciese que los hombres -ya sé que siempre hablo de hombres, pido perdón desde ya- respondiesen con la metrosexualidad al modelo estético de los 70 -y su digievolución en los 80-. Nada más fácil para romper con el estereotipo de Alfredo Landa y su ‘catetismo’ en busca de suecas que aplicarnos cremas y quitarnos todo el vello corporal. Muy bien, pero de eso hace ya cuarenta años. Mientras los estándares homosexuales han ido cambiando de forma penduleante hasta exaltar el vello, de nuevo, como le corresponde, los heterosexuales continúan estancados en las mismas. ¿No va siendo hora de quitarse ese lastre de encima?

Me sorprende que un chico joven, acostumbrado a salir a la calle, a ver la televisión y a relacionarse con gente por métodos virtuales no se haya percatado de la presencia masiva del vello. Me sobrecoge que todavía siga pensando que por tener vello en el pecho las mujeres no le hacen caso -será esa mujer en concreto, y pondría la mano en el fuego que no tiene nada que ver-. Cada uno vive sus complejos como puede y los camufla y disfraza como se le antoja. Lo que a nuestros ojos es un error, a ojos de otra persona puede ser el mejor de los reclamos sexuales. Nada como follar para darse cuenta que tenemos demasiados pájaros en la cabeza y que la mayoría son infundios sin sentido que a los demás les importan menos que nada. El problema es que no se trata de un pequeño reducto. Ya hablé largo y tendido del tema con el estreno de Adán y Eva, el reality para conocer pareja sin ropa encima y que nos dejó claro que el mainstream no tolera el vello en televisión. Una docena de pubis afeitados que buscaban presumir de mayor tamaño cuando lo que hacían era despertar los instintos asesinos de gran parte de sus telespectadores -aprovecho para abrir el melón del tamaño del miembro viril y su diferencia entre reposo y erección, algo que parece que la población todavía no ha entendido a juzgar por el revuelo de Lenny Kravitz y su ‘pues me la esperaba más grande’-. Basta de bebés gigantes. No son sexies, ni invitan a follar y no son agradables a la vista.

Digamos no al rasurado. Organicémonos y combatamos este mal endémico desde dentro. Es nuestra misión el acabar con los prejuicios fomentados desde las compañías fabricantes de espumas y productos para el afeitado. No sucumbamos al poder del capitalismo por esta bobada, que con comprar camisetas a 9 euros y iPhones a 500 ya tenemos bastante. Digamos alto y claro: ‘¡Sí se puede! ¡No a la tala!’. Es nuestra responsabilidad. Está en nuestra mano.

4 comentarios el “El chamán del vello corporal

  1. Yop86
    07/08/2015

    Que cada cual haga lo que le salga del coño, ¿no crees?

    • elhombreconfuso
      07/08/2015

      Por supuesto. Eso siempre. Y cada cual que escriba lo que le salga del coño también.

  2. discretoso
    07/08/2015

    Muy a favor de todo lo que nos salga del coño. Por mi parte muy a favor de Confuso

  3. Y encima le pusieron el pelo de POLLO.

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Esta entrada fue publicada el 07/08/2015 por en Uncategorized.

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