EL HOMBRE CONFUSO

A través del espejo

RichardStanBench_05

RichardStanBench_03

Se miró en el espejo confiando en descubrir lo mismo que todas las mañanas. Llevaba haciéndolo toda la vida, no siempre por gusto, aunque últimamente había aprendido a aceptarse. Nunca se había considerado guapo pero el éxito entre los hombres le había redimido. Aunque, claro, ¿quién no folla en esta era virtual? Con tener un aspecto mínimamente presentable, y a veces ni eso, es más que suficiente para encontrar a un torso desesperado a las cuatro de la mañana. El truco, como siempre, es esperar. Eso lo sabía bien. Lanzó la toalla al suelo, abrió la puerta del baño para dejar salir el vapor, se recortó las cuatro canas que ya le salían en la barba y sonrío. Siempre había tenido buenos dientes. Se puso desodorante, de roll on, nunca de spray, se despegó los huevos de la pierna y antes de volver a sudar, se dio la vuelta para correr hacia la habitación. Entonces, algo atrapó su mirada. Se puso de puntillas para tratar de salvar la estrechez del espejo, dio varios saltos, lo comprobó desde todos los ángulos, obteniendo siempre el mismo resultado. No había nada que hacer. La realidad había golpeado su mente y ya no había vuelta atrás. Tenía el culo caído. Era un hecho.

Nunca se había preocupado por hacer demasiado ejercicio. No más del recomendado para mantenerse en forma. Le aburría la gente que vivía por y para su cuerpo y no contentos con eso, martirizaban a sus conocidos con las ventajas del ejercicio. Lo que se callaban eran los inconvenientes, pero ya se encontrarían con ellos, ya. Por un momento pensó que su atractivo había terminado, que ya nadie le miraría, que tendría que camuflar aquel descolgamiento con pantalones ajustados y jockstraps un par de tallas más pequeños. Todo por ofrecer lo que se pide. Todo por continuar sintiendo ese deseo a su alrededor. Eso era lo que quería todo el mundo, ¿no? Cuando se dio cuenta llevaba diez minutos desnudo delante del espejo contrayendo y relajando los glúteos. ¿Sería bueno para recuperar la forma perdida? Tal vez sí. Siempre había pensado que la obsesión por el cuerpo y el efecto que tendría en los demás era uno de los grandes males de la humanidad, que no era más que un drama autoimpuesto y de lo más ridículo. Hasta entonces, claro. ¡Qué fácil es hablar de los demás! Pensó en pedir opinión a alguno de sus amigos, confiando en que disiparan sus temores y le aseguraran que no se trataba más que de un error. Eso debía ser. Un error. Un maldito y blandurrio error.

Rápidamente desechó la idea. Todos sus amigos vivían en el gimnasio. Pasaban allí varias horas a la semana, levantando pesas casi cada día y quejándose en sus perfiles del poco resultado que obtienen. Nunca se cansaba de decirles que era todo pura vanidad, ganas de que coleccionar piropos. Lo hacía tan solo para que dejaran de decirle que se apuntara con ellos. No tenía ninguna intención. Estaba contento con su cuerpo y no necesitaba que nadie le subiera el ego. Además, la obsesión por los físicos cincelados había llevado a que se fijara mucho más en los que no lo estaban. Y estaba seguro de que no era el único. Pero, claro, ¿cómo iba a decirles que opinaran sobre su culo? Iba a ser peor el remedio. Optó por ponerse los calzoncillos y tratar de no sacar las cosas de madre. Tampoco era ya un jovencito y esos deben ser los estragos de la edad. Todo se le iba a caer más y tampoco debía pasar nada. ¿No sería mejor asumirlo? Bastaría con mandarle un mensaje a uno de sus amigos ‘especiales’ y comprobar que ni lo notaba, ni le importaba. Los demás nunca ven lo mismo que tú. Igual en eso consiste la supervivencia humana.

Mientras la opción de caer en el gimnasio pasaba por su cabeza tuvo una revelación. ¿Y si lo comprobaba en el espejo del probador de una cadena de ropa low cost? Nada maquilla mejor la realidad que el capitalismo. Se imaginó desnudándose y descubriendo un culo a la altura de los hombros. ¡Bendita iluminación! Tendría que conseguirse algo así para casa. Se acabaron los dramas matutinos, con el único inconveniente de que no podría salir de su cuarto de baño, claro. ¿Lo entendería la gente? ¿Quién no se sentiría identificado con un problema de este tipo? Bueno, basta de bobadas, se dijo a sí mismo. Se quitó los calzoncillos, cogió las llaves de casa y bajó a la calle. Sin nada encima. ¿Para qué? Confiaba en que los fotógrafos locales llegaran antes que la policía. O, al menos, que alguien subiera el instante a twitter. Una vez desnudo ante el mundo ya nada tendría que disimular. ¿No era esto lo que pedía la evolución? Volvamos a la naturaleza. Seguro que nos trata mejor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 04/08/2015 por en Uncategorized.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Archivos

Facebook

A %d blogueros les gusta esto: