EL HOMBRE CONFUSO

Diarios III: Madrid edition

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Lunes, 29 de junio de 2015

La vida comienza y termina en un tren de cercanías. Poca atención se presta al lapso temporal que se invierte dentro de uno de estos inventos creados, seguramente, por la mano de Satán. Menos mal que la tecnología evoluciona y unos buenos auriculares garantizan un aislamiento social digno e insonorizado. Escucho el último disco de La Prohibida, que me tiene fascinado, mientras suenas los silbidos y se cierran las puertas. Delante de mí, una chica con el pelo rosa lucha por quitarse la camiseta blanca que lleva debajo de la negra y se peina con los dedos durante todo el viaje. De vez en cuando mira hacia su teléfono móvil para ver qué tal lleva el pelo y levanta la vista esperando encontrar una mirada cómplice. El resto del vagón hace como que no existe y ella continúa peinándose. ¿Hay un símil mejor de la vida humana en pleno siglo XXI?

Me compro un botellín de agua (1€) y el último número de Vanity Fair (3,50€) que lleva a Jerry Hall en portada. Mick Jagger consiguió casarse con dos de las mujeres que más me han fascinado en mi corta pero productiva existencia. Ahora, no sé si me gusta más Jerry Hall o Bianca Jagger. Ojalá hubiesen entrado ambas subidas al caballo blanco en Studio 54. Dice Bianca que en verdad eso no ocurrió. Ella sabe que sí pero hace como que no. Muy de Bianca. Las fotografías de Jerry en la revista no le hacen ningún tipo de justicia. Y el reportaje sobre elites y campos de golf tampoco. Aunque con Vanity Fair siempre me pasa lo mismo. Me gusta tanto como me disgusta. Y eso está muy bien. Lo peor sería encontrarse con una revista que no dice nada. Y de esas, en España vamos servidos.

Recibo un mensaje de Jacobo para ver cómo quedamos al día siguiente. Le digo que para comer está bien y que decida él sitio y lugar. Será el único rato libre dentro de mi apretada agenda. Me dice David que se le ha incendiado la batería portátil en las manos. Ha empezado a sacar humo y ha vivido un momento de pánico. Yo también llevo una en la bolsa. ¿Debería tirarla? La mía parece que funciona, pero nunca se sabe. ¿Cuál es el precio de estar siempre conectados? ¿La muerte? Lo peor de todo es que ya no tengo datos y solo puedo mandar mensajes. Menos mal que llego sin tener que usarla. Ahora la miraré con otros ojos.

Hablo con Leticia y me dice que no cree que pueda salir antes de las doce de la noche. Así no hay forma de arreglar nada. Nos vemos, finalmente, al día siguiente. Llega acalorada y con el bolso lleno de papeles. Me expone sobre la mesa, con café frío (1,20€), los planes que tiene para los próximos meses. Mientras repasamos todo, recibe una llamada para organizar su vida fiscal. Le dice a la chica, de forma muy amable, que se lo tendría que pensar. ¿Habrá alguien dispuesto a organizar la vida de los demás? No la financiera, sino toda. Alguien que tome las decisiones por ti y al que puedas hacer responsable de los errores. Alguien que te diga que mandar ese mensaje no es una buena opción o que marcharte de la discoteca con ese hombre tampoco lo es. Si implica un coste económico seguro que le haríamos más caso. Lo anoto como posible medio de vida en el futuro.

Me cruzo con una actriz que hace de fea en las series de televisión. Me pregunto qué pasaría si, una mañana, se despertase con la cara de Sara Carbonero. ¿Se le acabaría el trabajo? Me gustaría preguntárselo pero tampoco quiero que me escupa. Yo lo haría, sin duda.

Comenzamos la comida encontrando un pelo en el plato. Pero no un pelo cualquiera, una tímida pestaña caída en un momento de despiste. No, no. Un pelo que bien podría haber pertenecido a la familia Pantoja. El camarero, un chico delgadito y atento, lo ve antes de que le digamos nada y retira el plato. ¿Quién está cocinando en este restaurante? Todo lo demás, muy bueno, aunque la alerta hirsuta nos mantiene en guardia. No nos quitan ni un euro por el incidente. Deberíamos haber llevado una cucaracha en el bolso como Julie Andrews en ‘Victor o Victoria’. Seguro que los de la mesa de al lado, que estuvieron escuchando cada una de nuestras palabras, nos hubiesen delatado. Nunca hay que fiarse de alguien que deja el móvil encima de la mesa. ¿Y si lo está grabando todo?

Recojo a Mario en una boca de metro. Me cuenta que su amigo Ángel ha cambiado su firma y que, desde entonces, todo le va mucho mejor. Se lo dijo una amiga suya y él, pese a asegurar que no creía en ese tipo de cosas, le hizo caso. Ahora no para de trabajar. No sé si debería hacerle caso yo también. ¿Y si llevo media vida firmando de forma equivocada? Le pongo al día de todos los asuntos que llevo entre manos y quedamos en veranos dentro de unas semanas. Aprovecho para comprar el poemario que ha publicado Óscar Espirita. Se llama ‘Niño marica’ (14,90 €) y lleva ilustraciones de Andrés Sierra. No hay regalo mejor ahora mismo. Espero que pronto se pase por aquí y lo cuente todo. También me llevo un precioso fanzine de Lizabeth Scott (2 €) creado por el Dr. Insermini. Una maravilla en blanco y negro sobre una actriz que lo tuvo todo y lo perdió en nada. No debería perdérselo nadie. Si pasan por ‘Sandwich Mixto’ o ‘La integral’ seguro que queda alguno.

¿Hasta cuándo va a durar este calor infernal? Espero no cruzarme hoy con ningún amante del verano. Creo que no podría contenerme, y la verdad, un sobresalto es lo último que necesito…

El Hombre Confuso, Diarios.

Un comentario el “Diarios III: Madrid edition

  1. Antonio Campoy
    29/06/2015

    Lo de la firma me ha dejado preocupado… Quizás yo también esté firmando con la equivocada!

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Esta entrada fue publicada el 29/06/2015 por en Uncategorized.

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