EL HOMBRE CONFUSO

La muy puta

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‘¡Qué bien se conserva!’, murmuran al pasar. Cual lata de atún guardó silencio sepulcral. Para qué explicarles que en mi hueco pectoral guardo mariposas que no puedo desvelar. ‘Te quiero, vida mía, más de lo que nunca sabrás. Por llegar a ti sobreviví a lo demás. Eres más que un ángel. Eres mi única verdad en este aterido mundo de presencia fantasmal. Tarde como siempre, me tendrás que perdonar. Desconsideración no es parte del plan. Todos los retrasos van sumando y al final, a la decrepitud también tardaré en llegar. Hasta la misma muerte de cansa de esperar. Irá a buscar a otro que no deje de fumar. Hasta el día aciago en que me vuelva a señalar. ‘Atrapen a esa rubia, que le toca ya‘.

Dices que soy lenta, esa día ya verás. Mis pies serán centellas rasgando la ciudad. Ella, la muy puta, con un gesto impersonal, mandará un sicario con orden judicial. ‘Usted como poeta maldita se tiene que suicidar. Aquí tiene la soga, aquí el horno de gas’. Otro que disiente: ‘ella es una popstar, le toca sobredosis eso dice el manual’. Mis ex formando un castellet letal, coronarán la fiesta de mi ejecución final. Los críticos conceden la absolución total, desde la compañía les exigen santidad. En la hora escrita el cielo se abrirá y estas mariposas me rescatarán. A través del viento me oirán gritar: ‘Quiero vivir siempre. ¡Tengo tanto amor que dar!’.

Si logran abatirme, no tienes que llorar. También llegaré tarde a mi propio funeral. Cuando el enterrador pregunte ‘¿A quién hay que enterrar?’, tú di que no estoy lista para ir al más allá. ‘No sabe que ponerse, si de largo o informal. Guarden sus pañuelos, que otra vez será’. Con ese, el de la pala, también seré impuntual, morirá de hambre y frustración profesional. Los años son de plomo que se funden negro mar. Yo estaré danzando sobre tumbas de cristal. Peceras donde ninfas aprenden a nadar, violadas por sus sueños en delirio tropical. Entre mariposas nos volvemos a encontrar, mi vestido de gasa se enganchó en un matorral. Así, danzo desnuda, sin rostro, sin edad. No me afecta el tiempo, ni la gravedad…

Christina Rosenvinge, Lo Nuestro.

Mataría por su talento.

Moriría por su talento.

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Esta entrada fue publicada el 27/05/2015 por en Uncategorized.

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