EL HOMBRE CONFUSO

Hablemos del rimming…

tony ward richard burbridge 10 men #23, fall-winter 2010 7

Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir un texto con el título que acaban de leer. Y no crean que se trata de un gancho para atraer su atención. Nada de eso. Hoy vamos a hablar de una de las prácticas sexuales más placenteras que existen y también de las más denostadas, una técnica que parece venir asociada directamente con el mundo homosexual masculino pero que está presente en todos los demás universos, un trabajo delicado y cuidadoso que puede suponer una auténtica revelación cuando se encuentra el momento exacto y la precisión absoluta. Hoy, sí, vamos a hablar de rimming, ya saben, el arte de provocar placer utilizando la lengua en un ano ajeno -si lo consiguen en el propio, envíen documento gráfico a cualquiera de las redes sociales asociadas a este blog-. ¿No se les ha hecho la boca agua en un minuto? De no ser así, es porque no saben de lo que estamos hablando. Y reconozco que, viniendo de gente que pasa a visitar este espacio, me sorprende y mucho.

La primera cuestión que me vino a la mente cuando decidí plantearme este texto fue la versión tan sesgada que tenemos de la realidad. ‘¿Cómo voy a hablar de rimming si no sé qué ocurre más allá de mis fronteras?’, me pregunté. Y ni corto ni perezoso lancé una petición virtual, solicitando la presencias de jóvenes varones heterosexuales que pudiesen iluminar un poco mi camino. Reconozco que no fue una tarea sencilla. Evidentemente, el universo que rodea el mundo confuso es sobre todo homosexual. Y tengan claro que utilizo el término ‘evidentemente’ con conocimiento de causa pero también con un regusto amargo. Aquí estamos abiertos a todos, ya deberían saberlo. Pese a la práctica inexistencia de sujetos dispuestos a someterse a mi estudio sociológico, conseguí unas cuantas muestras de lo más entregadas que resolvieron todas mis dudas a la perfección. El rimming es patrimonio de la humanidad. ¡Halleluya! Pero cuidado, que no es oro todo lo que reluce.

Mis mayores temores, todos aquellos que relacionan el culo con los hombres heterosexuales, fueron desterrados en cuestión de minutos -claro que se trataba de varones dispuestos a responder preguntas sobre rimming, cosa que ya predispone a una cierta apertura de mente-. Nada de lugar prohibido, ni de sentimientos incómodos, ni de locuras que la homofobia, sea mucha o sea poca, nos ha transmitido con los años -las mujeres, en estas lides, están mucho más avanzadas que nosotros-. Todos habían utilizado su lengua para lamer culos ajenos y habían disfrutado cuando se lo hacían a ellos, aunque no todos lo habían podido practicar con la asiduidad que deseaban. Y ahí no hay que ensañarse. Cada uno disfruta del sexo cómo quiere, con quién quiere y de la forma que quiere. Me sorprende como, a estas alturas, todavía hay voces que critican la falta de interés de parte de la población en prácticas concretas. ¿A qué viene esto de que todo el mundo debe ser versátil o que todo el mundo debe comerse una polla? Entender el sexo en términos puramente matemáticos -debe existir siempre un cilindro y un agujero donde encajarlo- es tan absurdo como pensar que dos varones homosexuales sin demasiado interés en ser penetrados no pueden disfrutar del sexo como el que más. Luego nos quejamos de la rigidez heterosexual…

Claro que a estas conclusiones podría haber llegado yo mismo si hubiese tenido una mínima dedicación en investigar la historia del cine porno -si hay alguien dispuesto a financiar este proyecto, estaré encantado de desarrollarlo con ganas e ilusión-. Como bien me indicó uno de mis encuestados, el mismo Rocco Siffredi introdujo en sus películas un apartado dedicado el rimming que fue todo un éxito –aquí pueden disfrutar de una complicación muy apañada-. Lo mismo ha hecho, más recientemente, el actor James Deen, fanático entregado del ‘asslicking‘ y uno de los actores porno que más escenas ha rodado -sí, es el de The Canyons, para los que no son capaces de memorizar la cara de los profesionales del sexo-. Y no, el porno no es precisamente un reflejo de la realidad, pero en mi ilusa forma de ver la vida, imagino a todos estos hombres retrógrados masturbándose con vídeos de Siffredi y cuestionándose a sí mismos por lo que acaban de ver en la pantalla. Y si eso ha ocurrido en alguna ocasión -que quiero yo pensar que sí-, el porno ya ha servido para algo más que fomentar la industria de los pañuelos de papel.

Ahora ya pueden sacar la artillería pesada y esgrimir el argumento de la higiene para evitar practicar rimming, como si esta misma higiene no fuese deseable en todas las demás partes del cuerpo -¿o de verdad creen que, tras una noche de bailes y excesos, sus órganos genitales lucen limpios como si acabasen de salir de la ducha?-. Cualquier relación íntima necesita cuidados y un mínimo de sentido común. Dense un agua y traten de hacerlo lo más agradable posible para su partenaire, y si les pone reproches -cosa que no debería-, explíquenle que eso es un culo, quieran o no, y que si no están dispuestos a pasar por ahí, que no lo hagan. Esto no es una obligación. Eso sí, no saben el placer indescriptible que se están perdiendo. Algún día caerán del guindo y se lamentarán. O vivirán toda su vida como si no hubiese pasado nada y tendrán una existencia feliz y completa. No se puede luchar contra los prejuicios.

Hagan y déjense hacer. No sean remilgados que todo tiene solución -tan sencillo como recortar un poco aquellos pelos que puedan molestarles, que no hemos venido a ser fundamentalistas-. Disfruten, hagan disfrutar, láncense a experimentar, vean porno, mucho, y aprendan. Entiendan que aquí no hay nada cerrado ni preestablecido, que no les traten de convencer de lo que tienen que hacer o de cómo tienen que ser. Si no les parece bien, que recojan su ropa interior y se vayan por donde han venido. Abran su mente -y su culo- y dejen que todo fluya. ¿No ven que así se puede sobrellevar mejor la semana?

 —

En la fotografía, el culo de Tony Ward. El Dios.

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Esta entrada fue publicada el 20/05/2015 por en Uncategorized.

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