EL HOMBRE CONFUSO

Cuando la realidad supera a ‘Transparent’

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Me sorprende encontrar gente que todavía no ha visto Transparent. Sé que lo mismo pensarán de mí cuando les diga que no he visto The Wire -miento, vi quince minutos del primer capítulo y decidí que no era para mí- o cualquier otro de estos clásicos ya atemporales que todo el mundo debe haber visto -son los problemas de las series de primera y las series de segunda que tan bien explicó, como hace todo, Alberto Rey-. Pero Transparent es otra cosa. Primero, porque tan solo tiene una temporada emitida y de diez capítulos. Incluso alguien con las horas tan ocupadas como servidor de ustedes encuentra tiempo para sentarse media hora en el sofá. Segundo, porque lo que se disponen a ver en televisión es algo que nunca antes habían visto. Sí, no exagero. La historia a la que van a enfrentarse -y dejarse seducir- es lo más evolucionado que van a encontrar en la oferta actual. Por fin algo que de verdad supone un avance y que no tiene ninguna intención de serlo -justo lo que esperaba encontrar en Looking y no encontré-. Y tercero, porque van a quedarse con ganas de más. Parece que alguien esté pagando este post, pero si todavía no han aprendido nada del blog confuso, no seré yo el que vaya a impartir lecciones a estas alturas.

Esta cuña publicitaria de Transparent no era más que una excusa para hablar de Bruce Jenner. Me fascina que el mundo entero haya invertido su tiempo en sentarse a escuchar la historia del referente actual sobre transexualidad más mediático. Me enorgullece pensar que, gracias a Bruce Jenner, una realidad que existe, que genera mucho sufrimiento y a la que se le suele dar la espalda, se ha colado en todos y cada uno de los hogares americanos -y de rebote, en el mundo entero-, removiendo sus esquemas tradicionales y enfrentándoles a algo que, hasta ahora, desconocían. Seguramente lo han hecho, en un primer momento, movidos por el morbo, la curiosidad y el ansia de crítica, pero lo importante es que han estado ahí, que han hecho el esfuerzo y que el mensaje les ha calado, quieran o no quieran asumirlo. Ahora es tarea de todas esas grandes mentes pensantes que deciden lo que debemos saber y lo que no, el ponerse manos a la obra y no dejar pasar un momento tan crucial como éste. Que la historia de Bruce Jenner no quede en nada y sirva para abrir un camino que hace mucho que debería estas abierto.

Y es que la valentía -porque esto, aunque nos pese, actualmente sigue siendo valentía- del ex atleta olímpico no puede pasar desapercibida, como tampoco puede hacerlo la repercusión mediática que supone. No estamos hablando de un rostro conocido que decide hacernos partícipe de su verdadera identidad de género -hemos tenido ya unos cuantos ejemplos-, sino de, posiblemente, una de las personas más famosas del planeta. Piensen que, trasladado a España, sería como si Belén Esteban se sentase en el Deluxe para contar que siempre se ha sentido mucho más hombre que mujer. Ese es el nivel de impacto, por mucho que aquí no nos demos demasiado cuenta. No puede negarse la repercusión económica, ni el timing perfectamente estudiado de las apariciones pública de Jenner, pero no dejemos que las ramas nos tapen el bosque. Escuchemos las dificultades por las que ha pasado, las dudas que todavía le asaltan y la lucha contra los verdaderos sentimientos que ha mantenido toda su vida. Pensemos que todo no es o blanco o negro, que hay muchas realidades, que no siempre es fácil analizarse a uno mismo y que la vida nos lleva por caminos a los que, a veces, es difícil renunciar. A Bruce Jenner le ha costado 65 años dar el paso. Hay gente que no lo consigue nunca.

Si de algo nos han servido las redes sociales es para darnos cuenta de que nuestro universo es tan pequeño que casi ni existe. Eso ya lo sabíamos, de acuerdo, pero ahora nos aparece delante de los ojos sin ni siquiera buscarlo. Creemos que la sociedad ha evolucionado porque nuestro entorno así lo ha hecho. Pero basta con poner un pie fuera para darnos cuenta de que todo continúa igual -o peor- que antes. Me cuesta imaginar una entrevista como la de Bruce Jenner en la televisión española actual. Imagino los comentarios al día siguiente -y durante la emisión- y las preguntas del entrevistador o entrevistadora y se me ponen los pelos de punta. En España somos especialistas en no entender nada. Muchas veces ni los propios protagonistas son capaces de dejar ese poso de moralidad cada vez más extendido. ¿Saben la gran oportunidad que hemos perdido con el asunto Olvido Hormigos -sí, hoy esto va de crónica social-? Era el momento ideal para dejar claro que esta sociedad no es la de antes, que una mujer puede hacer lo que le plazca sin necesidad de escuchar el calificativo de ‘puta’, que un matrimonio no es lo que la religión cristiana decide que es un matrimonio y que cada uno afronta su vida de la forma que considera mejor, guste o no guste a los demás. Pero ni esas hemos conseguido.

El que aquí escribe se esperanzó mucho al asistir, en pleno prime time y en una cadena de televisión generalista, a un modelo de pareja distinto al que se considera tradicional. Por fin una ventanita a la sociedad real y no a la que nos quieren imponer. Pero mi satisfacción fue momentánea. En el discurso de Olvido Hormigos había de todo menos convicción. Pronto llegaron las contradicciones, las disculpas, los arrepentimientos y los ‘quiero recuperar a mi marido’. Mi gozo en un pozo. No estábamos ante una mujer dispuesta a defender la libertad, sino ante alguien que ha encontrado en la libertad la excusa perfecta para construirse un personaje que ni comparte, ni entiende. Aun así, su aparición evidenció lo que todos ya sabíamos. Ni somos modernos, ni lo pretendemos. Vivimos muy cómodos con nuestros dictados de siempre, nuestro estado del bienestar -ese que nos han hecho creer que necesitamos- y nuestra doble moral, la que afirma tener ‘muchos amigos gays’ pero confía en que ninguno de sus hijos sea maricón. Y de ahí mi fascinación absoluta por Bruce Jenner, mi veneración hacia Transparent y mis decepciones constantes cuando observo las oportunidades perdidas. La frustración, el sentimiento que recubre el siglo XXI.

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Esta entrada fue publicada el 02/05/2015 por en Uncategorized.

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