EL HOMBRE CONFUSO

El mar llegaba hasta Barcelona

1912050_1601348140095448_6944705687565750754_n

Llevaba tres días encerrado en casa. Una incómoda gripe había truncado casi todos los planes que tenía en mente, aunque, en realidad, tampoco importaba. La lluvia parecía que nunca iba a terminar. Veía mantos de agua cayendo constantemente a través de la ventana. Las paredes rezumaban humedad. Los cristales temblaban al ritmo de los truenos. Tan solo podía refugiarse debajo de tres mantas -todo podía contarse de tres en tres-, acumulando pañuelos de papel usados en el suelo y confiando que la lluvia terminara tan pronto como su resfriado. Quiso despejar la mente y aprovechar el inesperado encierro para hacer todo aquello que no podía hacer habitualmente. Quiso leer, quiso cantar, quiso escuchar toda la música que tenía pendiente. Se levantó a coger aquel libro que acumulaba polvo en su mesita de noche cuando un rugido le alertó de que algo estaba ocurriendo. Escuchó las pisadas de los vecinos, apresuradas, impacientes, a través del techo. Los gritos de la gente se colaban por las rendijas de la ventana. Se enrolló en una manta y se acercó al gélido cristal. No podía creer lo que estaba viendo. El agua había inundado su calle. Donde antes había coches, farolas y excrementos de perro, ahora corrían ríos y peces. Asustado, dio un paso atrás. Sin saber cómo, el mar había llegado hasta allí…

Para cualquiera que se dedique a escribir, sea de la forma que sea, el papel continúa teniendo esa categoría de fetiche. No hay sensación parecida a observar la letra impresa, y más cuando has sido tú el que la ha tecleado antes. En mi caso, esto último se ha producido en pocas ocasiones y sin tener nada que ver con la ficción, y aun así, me ha hecho ilusión. No quiero llegar a imaginar -de haberme aplicado un poco, puede que estuviese contándoselo en primera persona- la sensación que tuvo Alex Pler cuando recibió el primer ejemplar de El mar llegaba hasta aquí. Tras muchos meses luchando, al final, optaba por controlar todos los detalles de la edición -algún día hablaremos del desolador panorama editorial que se nos presenta en España- y economizar esfuerzos gracias a las ventajas que ofrece la tecnología actual. Cuando uno siente la necesidad de transmitir sus pensamientos a la sociedad, para que ésta haga con ellos lo que se le antoje, no hay barreras suficientes para frenarle. El trabajo terminado, ya lo saben, quema en las manos.

Reconozco que tuve la oportunidad de leer la novela de Alex antes de su materialización en papel. Por algún extraño motivo, pensó que debía tener ese honor, sin yo haber hecho nada para merecerlo. Me encontré con una historia de amor, que no de desamor, narrada directamente desde un punto intermedio entre el pecho y la entrepierna. Poco importaba cómo se llamaran los protagonistas, dónde se desarrollara la acción o la forma en que el destino trataba de ganarles la mano. La historia hablaba de mí, de nosotros, de cada uno de los que se atrevía a leer el libro. A través de sus páginas, el lector puede experimentar todas las sensaciones, a menudo contradictorias, que el autor ha ido acumulando a lo largo de la escritura -y de la vivencia, por mucho que, como buen escritor, no quiera mojarse en el terreno de la autobiografía-. Puede que nunca nos hayamos encontrado en esa tesitura, pero, sin duda, sabremos qué se siente. Seremos capaces de notar su confusión, su ilusión, su desencanto y su deseo sexual, y todo a través de la escritura. Luego ya vendrán los argumentos, los giros, los desenlaces y ese evidente homenaje a Murakami que recorre toda la acción, pero la tarea más importante ya está hecha.

Tengan en cuenta que no pienso desvelarles nada de la historia. En su mano está el adentrarse en el mundo de Leo, un chico que podría ser cualquiera -que podría ser el propio Alex-, al que el destino le sonríe aunque, a veces, no se dé cuenta. Encontrarán una novela estudiada, meditada, que ha ido prescindiendo de los detalles superfluos para centrarse en la esencia. Y no, no crean que me dejo llevar por la admiración, o por ser un lector habitual de lo que Alex escribe en sus diversos medios. Hay cosas que cambiaría, o referencias con las que no termino de comulgar, pero como ocurre con cualquier obra que cae en mis manos o en las de cualquier lector -y más si, además, escribe-. Todo lo que les cuento es la pura verdad. Deberían aprovechar para comprobarlo con sus propios ojos. Evidentemente, en todo esto juega un papel esencial la cercanía con la que Alex Pler -noten la referencia a Terenci Moix, nótenla- se aproxima a sus lectores. No solo está dispuesto a tomar nota de cada una de las valoraciones, sino que se desvive para que todo el que quiera puede acudir a recoger su ejemplar previa firma, charla y dedicatoria. ¿Dónde van a encontrar un trato así?

Entre tanta marea de publicaciones -cuando menos se lee, más libros se comercializan-, debemos apostar por las iniciativas valientes. Ahora ya no es suficiente con escribir una historia. También hay que maquetarla, diseñarla, promocionarla y anunciarla. Los escritores, sean de ficción o no, se han -nos hemos- convertido en nuestros mejores comerciales. El esfuerzo ya no se queda en crear. Ese es tan solo el principio, desgraciadamente. En el otro lado de la moneda, eso sí, nos encontramos en una época donde la interconexión es más sencilla que nunca. Si se han quedado con las ganas, o les pica la curiosidad, no lo pueden tener más fácil. Primero, pueden adquirir la novela, ya sea en formato papel o electrónico, aquí mismo. Segundo, pueden visitar el blog que actualiza puntualmente desde hace ya muchos años y en el que podrán hacerse una idea más que acertada de lo que les espera en El mar llegaba hasta aquí. Y tercero, solo para ciertos afortunados, pueden acercarse a la librería Antinous este mismo viernes y asistir a la presentación de la novela en persona. Yo ya tengo mi ejemplar dedicado y puede que, incluso, me deje caer por la librería. Cosas más raras se han visto, ¿no creen?

Un comentario el “El mar llegaba hasta Barcelona

  1. Senyorito_Donasi
    02/04/2015

    Ay, Lleonard, plaer de ma vida…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 24/03/2015 por en Uncategorized.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Archivos

Facebook

A %d blogueros les gusta esto: