EL HOMBRE CONFUSO

¿Y si el porno fuese una opción?

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Seguro que muchos de ustedes, queridos y fieles lectores de este su blog, han valorado la opción de dedicarse al porno viendo las perspectivas laborales que se nos muestran por delante. Mientras los actuales, pasados y futuros representantes oficiales de este país se llenan la boca con mejoras, cambios y malabarismos -sabiendo que sus bolsillos, sea de aquí, sea de allá, están más que asegurados-, los pobres mortales nos enfrentamos a trabajos esclavizadores a los que hay que dedicar cuerpo, alma y mente por un sueldo irrisorio -y eso los que todavía tienen algo por lo que no reírse-. El ser humano, como todo animal, tiende a buscar la opción más cómoda para poder alcanzar la máxima supervivencia, y ahí es donde entra en juego el sexo. Si follar nos gusta, si creemos que no se nos da mal, si pensamos que lo practicamos menos de lo que desearíamos, ¿por qué no dedicarnos profesionalmente a ello? Mataríamos varios pájaros de un tiro. Y por ‘pájaros’ me refiero a pollas. Y por ‘tiro’ me refiero a pollas también.

En nuestra prolija mente, vemos el negocio de la pornografía como la industria definitiva. Un poco como quien observa a los habitantes de ‘Gran Hermano’ tumbados en el sofá y cree que no hay nada mejor que cobrar por no hacer nada -sin tener en cuenta las consecuencias que supone salir en televisión veinticuatro horas al día por un puñado de euros-. Pero, si nos paramos a meditar unos minutos, descubriremos que, desde luego, no es erección todo lo que reluce -se me permite hacer juegos de palabras chusqueros en un domingo cualquiera, ¿no?-. Y si ustedes son de los que no tienen un minuto que perder, pese a estar leyendo esta entrada sin trascendencia, tampoco se preocupen. Ya les comparto yo mis reflexiones y les ahorro un trabajo. En compensación, tengo una larga lista de libros que me gustaría adquirir. Se la facilito por email cuando quieran.

¿Quieren saber por qué el porno debe ser siempre la última opción? Desmitifiquemos las bondades del negocio virtual del sexo:

1. Donde tengas la olla, no metas la polla. Por mucho que veamos a Colby Keller o Dale Cooper -pueden poner aquí a sus actores o actrices favoritos- disfrutando como los que más en los vídeos que consumimos diariamente, tengan en cuenta que eso es un trabajo. Se les paga para que nos hagan creer que están disfrutando, y posiblemente estén haciéndolo -tal vez, no son los mejores ejemplos, ya que fueron pareja durante una época-, pero prueben a mantener relaciones sexuales cada día, con tomas, repeticiones, posturas imposibles y horarios intensivos -por no hablar de los pinchazos en los miembros viriles para avivar y mantener la erección-. Aquí la cosa no está en llegar y follar con un hombre o mujer impresionante, si no en cumplir con el contrato. En dos días acabarían tan hartos de sexo que considerarían abrazar el celibato. Se lo garantizo.

2. La realidad siempre supera la ficción. El porno está obligado a crearnos una fantasía, a convencernos de que si recoges a un autoestopista en plena carretera resultará ser el hombre más guapo del mundo y querrá pagártelo teniendo sexo contigo en un bosque en lugar de tratar de quitarte la cartera -¡un beso a los autoestopistas!-. Y como tal, también nos hace creer que los hombres y mujeres que participan en los vídeos son seres maravillosos, afables, entregados y dispuestos a hacernos pasar un buen rato. Todo mentira. Como en cualquier trabajo, habrá gente estupenda, poca, y un buen número de imbéciles integrales. ¿Saben ese ser de su oficina al que no pueden ver ni en pintura? ¿Ese al que evitan en la máquina de café por no dirigirle la palabra? Pues ahora piensen que tienen que follar con él en la sala de reuniones. ¿Se van dando cuenta de la magnitud del problema?

3. Esto no es grindr ni se le parece. Aquí no sirven las depuradas técnicas fotográficas que utilizan para sus redes sociales, ya sean putiapps o cualquier otro canal de interacción social. Lo que se ve, es lo que hay. No quiere decir que las producciones porno no traten de maximizar el atractivo de sus actores y actrices, pero el material con el que se trabaja es esencial. Ya pueden ir ahorrándose sus selfies tratabajadísimos para que se note un tamaño que no es el real -por mucho que le llamen ‘pollón’ no va a crecer, eso deberían aplicarlo en todas las facetas de su vida-. Para que un vídeo porno funcione debemos contar con una realidad creíble pero perfeccionada, una escena en la que los espectadores puedan sentirse identificados pero protagonizada por gente mejor dotada que la media. Y sí, la mayoría está en la media -con suerte-, por mucho que creamos que no, o que nuestros amigos nos hagan creer que ellos tienen la suerte de caer siempre en ese pequeño porcentaje sobrealimentado.

4. Para tocar la flauta hay que saber soplar. Al terminar un encuentro sexual todos somos condescendientes. Tal vez por los efluvios del orgasmo que todavía nos recorren el cuerpo, tendemos a exagerar las reacciones y hacerle creer a la otra persona que nunca hemos disfrutado tanto en la cama -o donde sea-. Pero la realidad, como ya saben, es muy distinta. El manido ‘nunca he tenido quejas’ no evidencia nada más que la extrema educación que tiene la gente a la hora de transmitir sus impresiones sexuales. Que usted folle regularmente no significa que lo haga bien. Tampoco mal, ojo, pero tendrá sus limitaciones, como todos. Un rodaje de una escena pornográfica no es tan divertido como parece. Hay que mantener la erección, hay que aguantar el ritmo en el tiempo y el espacio, hay que culminar cuando se necesita, no antes ni después, y posiblemente todo eso les quede fuera de su pericia amatoria. La de frustraciones diarias que debe encontrarse un director de casting erótico. Pobrecitos míos.

5. Asúmanlo, no se van a hacer ricos. ¿Me querrán decir que, si todos los profesionales liberales han visto como sus ganancias disminuían, en el porno no ha ocurrido exactamente lo mismo? Posiblemente, si consiguen llegar a labrarse un nombre en la industria, disfrutarán de una comodidad salarial más que aceptable, pero creer que esto va a ser así desde el primer momento es pura ilusión. Si trabajan bien y mucho, ganarán un dinero, como en cualquier profesión, pero no piensen que eso les va a solucionar la vida. El misterio del porno no está, precisamente, en la fortuna que se maneja. Si lo que quieren es asegurarse un porvenir, más vale que dediquen sus esfuerzos en afiliarse a un partido político y conseguir los favores de los dirigentes del mismo. Obtendrán poder, dinero e influencias y sin tener que desnudarse demasiado. Ahí está el verdadero ‘sueño español’.

Ahora ya, ustedes mismos. El porno está al alcance de su mano. Valoren las consecuencias y apuesten por el caballo ganador. Y si no, siempre les quedarán los ‘Lectores nudistas‘ de este blog, que ni es porno, ni se cobra, pero alguna que otra satisfacción habrá dado a sus protagonistas. Yo, desde luego, así lo espero. Ah, y que quede claro que mi aproximación está basada en mi propia opinión, como todo lo que pasa en este blog. Si quieren conocimiento de primera mano, busquen a los profesionales, que ellos les contarán cómo son las cosas con mucha corrección. Aquí solo hemos venido a entretener.

En la fotografía, Josh Owens por Wadley Wadley.

Un comentario el “¿Y si el porno fuese una opción?

  1. eduardo
    04/04/2015

    quiero ver la paja de Messi y de otros futbolistas famosos

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Esta entrada fue publicada el 22/02/2015 por en Uncategorized.

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