EL HOMBRE CONFUSO

Follar bien es fácil si sabes cómo

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¿Ustedes saben lo que es follar? Sí, el acto por el que dos o más personas se relacionan de forma sexual -obviaremos los extremos que nos ha dejado el heteropatriarcado y abriremos nuestra mente a realidades presentes desde tiempos inmemoriales-. De entrada podría parecer que, entre adultos, esta pregunta queda fuera de lugar. Lo lógico sería no encontrar ningún ser viviente de cierta edad que no supiese lo que es follar, pero déjenme que les corrija. Para su sorpresa -si es que no han reflexionado ya sobre el asunto-, cada vez más gente acaba demostrando que de follar no tiene ni puta idea. Y perdonen la sinceridad. No hemos venido aquí a quedarnos en medias tintas y dejar que sea la moralmente correcta sociedad la que rellene los huecos. Tengan claro que si esto fuese la televisión, ya tendríamos varias demandas interpuestas. En esas nos encontramos.

Supongo que entre heterosexuales y lesbianas ocurrirá exactamente lo mismo que aquí les voy a relatar, pero en estos temas tan personales, más vale que cada uno barra hacia su casa, no sea que deje el parquet lleno de pelusas. Cada día observo con mayor estupor como los hombres han perdido la noción de lo que significa el sexo. Y no lo digo como parte esencial de una relación sentimental, que también, sino como mecanismo fisiológico. Como mero proceso físico, con sus etapas, sus condicionantes, sus claves y su magnífico final, con confetti, traca y megatrón. Entre los hombres el orgasmo es un objetivo más que alcanzado, ya sea con más o menos pericia y con mayor o menor dedicación, pero si uno quiere llegar al orgasmo, llega, ¡vaya si llega! Así que no perdamos el tiempo en obviedades y centrémonos en lo que quería comentarles.

A lo largo de los últimos meses he llegado a la conclusión de que la mayoría de los hombres no conoce el funcionamiento de un cuerpo humano. No son capaces de entender que la naturaleza no está al alcance de la mano, que los ritmos de cada organismo son únicos y automáticos y que, a veces, hay que tener en cuenta las necesidades de la persona con la que vamos a mantener relaciones sexuales para que éstas sean satisfactorias. He observado como la mayoría de los hombres que adoptan un papel activo en las penetraciones -ya sabemos que el sexo va mucho más allá de la penetración, no se lleven las manos a la cabeza- no entienden que van a meter su pene en un culo, con todo lo que ello conlleva. Los cuerpos humanos no son templos incorruptos, así que no los tratemos con tal. Un culo es un culo, por mucho placer que nos provoque. Cuanto antes lo asumamos, más felices seremos.

Conseguir una erección firme y entregarse al empotramiento es algo relativamente sencillo y asequible, que no requiere mayor preparación que ‘dar un agua’ -y muchas veces ni eso- y tener las ganas suficientes para mantener un encuentro sexual. Aportar un culo a esa ecuación no es tan fácil. Entenderán -al fin y al cabo son seres humanos, saben de lo que estamos hablando- que los procesos tienen sus ritmos y que hay veces que el mandado imperante de la naturaleza impide practicar ningún tipo de penetración. Y cuando no puede ser, no puede ser. Lo aceptan, lo asumen y se dedican a hacer otras cosas, en lugar de cargar de culpa al contrario y mirar por encima del hombro. Seguro que ustedes no son de esos. Sí, lo sabemos, pero tomar nota nunca está de más.

Nos reímos cuando las mujeres se quejan de que el porno -como lo hemos entendido tradicionalmente- ha hecho mucho daño a las relaciones reales, que no todas llevan manicura francesa, ni follan con tacones, ni van megahiperdepiladas todos los días del año, ni realizan acrobacias para llegar a un orgasmo garantizado. Y las entendemos y las apoyamos. Pero, ¿y nosotros? El porno, en este caso el gay, nos ha enseñado que un hombre pasivo está dispuesto las veinticuatro horas del día, que una polla se mete hasta el fondo al primer golpe y que un escupitajo es la mejor forma de lubricar. Y nos lo hemos creído a pies juntillas. Cualquier cosa que no cumpla esos patrones, es un fracaso y lo demostramos, ya que la culpa, señores, siempre es del otro. Será que no se ha esforzado lo suficiente.

Hace pocos días, un amigo que, además, tiene un talento literario que no conoce límites, me decía: ‘Yo no sé exactamente qué piensan que es follar’. Y no pude más que darle la razón. Cada vez estamos más equivocados -tal vez sea consecuencia del momento actual- y nos damos menos cuenta. Total, si yo ya llevo mis calzoncillos Aussiebum, me he rasurado el vello púbico y he bautizado a mi miembro como pollón, ¿cómo es posible que esté haciendo algo mal? Si alguien la ha fastidiado, desde luego, no puedo ser yo. A mí nadie se me ha quejado. Y, como sabes, yo follo mucho. Más de lo que quiero.

Un comentario el “Follar bien es fácil si sabes cómo

  1. saiconze
    16/02/2015

    Simple y llanamente ni lo saben ni les importa porque partimos de la base de que estas quedando con alguien para follar y auto-satisfacerte a si mismos. Que la otra persona sienta placer es algo totalmente opcional y por supuesto no les preocupa lo mas mínimo esa persona, o acaso te preocuparías de una vagina en lata.

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Esta entrada fue publicada el 02/02/2015 por en Uncategorized.

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