EL HOMBRE CONFUSO

El drama vital, pero muy real, de una tuitstar

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He escrito muchas veces, seguramente demasiadas -no se quejarán, que llevamos dos ‘Lectores nudistas‘ casi seguidos y eso es todo un premio-, entre la dicotomía entre la idealización del amor y la búsqueda de todo lo contrario. Lo hice una vez en la revista Shangay, en la sección de la pluma invitada, y lo he hecho aquí en múltiples ocasiones. Es un tema que me fascina, que lo une todo, sexo, amor y redes sociales, con una buena dosis de dramatismo, frustración, engaño y peleas. Un argumento digno de la mejor de las novelas de Jackie Collins. Una ficción muy real, o una realidad muy absurda, todavía no lo tengo claro, que se ha convertido en el motor que mueve a millones de hombres alrededor del mundo. Hombres que persiguen el amor, como así se lo han inculcado desde la infancia, pero que, en su interior, saben que quieren todo menos amor. Las mariposas en el estómago no son más que el eco corporal de un cosquilleo que se produce un poco más abajo. Decimos querer amar para conseguir un objetivo. Y en cuanto este está satisfecho, el amor termina. O mejor, se olvida, como si nunca hubiese pasado. Y todo por la necesidad fisiológica de follar.

Observo atónito y casi cada día -entiendan que mis redes sociales son una especie de muro de las lamentaciones donde se escuchan pacientemente los problemas ajenos y se ofrece un pañuelo de papel virtual para pasar el momento-, como la vida se ha convertido en una auténtica cacería por el placer de cazar, en una conquista por el mero hecho de saborear la adrenalina segregada en el esfuerzo más que por las mieles que se avistan después. Escucho maravillosas historias que tienen su punto de partida en un tonteo pretendidamente inocente a través de [ponga aquí su red social favorita], seguido de un encuentro casual, planificado sí, pero con expectación y nerviosismo. Después llega la velada, los paseos, el alcohol, las risas, el primer beso y el traslado inmediato a la habitación de uno de los dos asistentes, dispuestos a sudar y gemir como si fuese la segunda vez -ya saben que la primera tiene sus cosas, pero en la segunda se disfruta más-. Acalorados y pegajosos se acurrucan debajo de la sábana y hacen planes para el desayuno. Se despiertan oliendo mal y les importa poco. Repiten entre la cama y la ducha -cada uno tendrá sus preferencias- y bajan a desayunar. Las cafeterías siempre suelen ser preciosas. Una antesala del llanto con suelo de madera y bizcocho recién hecho. Si hubiesen apostado por un bar común, de los que huelen a frito y tienen boquerones en vinagre, las cosas serían distintas. Pero no, nos dejamos guiar por la perfección estética sin darnos cuenta de que esto no es instagram.

En cuanto pasan unas horas, la maravillosa historia siempre termina igual. Desencuentros, mensajes que nunca llegan, planes que se cancelan y un cortés ‘ tú y yo ya no tenemos nada más que ofrecernos’ camuflado entre emojis de caritas sonrientes. Y por si quedaba alguna duda, asistimos impasibles al mismo ritual de cortejo virtual pero con otros futuros protagonistas. El mismo comentario irónico, el mismo doble sentido y el mismo mensaje directo de twitter. No somos especiales, y lo peor es que nunca lo fuimos. Somos una marca más en la funda de Moschino de las patatas fritas. Y entiendan que ambas posturas me parecen correctas. Simplemente hay que enseñar las armas antes de emprender la lucha. No nos engañemos pensando que tan sólo buscamos pasar un rato divertido cuando sabemos perfectamente que nos vamos a ilusionar, de la misma forma que no vendamos un futuro que sabemos que va a terminar en cuanto el condón anudado caiga en el cubo de basura. Suframos menos y evitemos sufrimientos. Ya tenemos bastantes disgustos como para causarnos más problemas, ¿no creen? Sí, sé que es una pregunta retórica y una utopía propia de una novela distópica, pero cada uno contribuye a hacer de este mundo uno mejor en la medida que puede, y yo sólo se escribir.

Vivimos tan parapetados tras la imagen que ofrecemos al exterior que ya hemos olvidado cómo somos. Leo biografías de twitter donde sus propietarios se definen con cuatro adjetivos absolutos, como si ellos tuviesen el poder para asignárselos. Veo como se ensalzan determinadas profesiones en detrimento de todas las demás y asisto incrédulo a lecciones de moral como si todos tuviésemos que medirnos por el mismo rasero, como si el bien y el mal estuviesen perfectamente definidos, como si ‘lo bueno’ y ‘lo malo’ fuesen compartimientos estancos y un juez supremo tuviese el poder de clasificar -yo tengo claro en qué saco terminaría, no sé ustedes-. Asisto temeroso a personalidades creadas expresamente para la interactuación social, fachadas de piedra pulida, muy bonitas a la vista pero imposibles de escalar. Y luego se cuestiona el anonimato -que no es tanto- del que aquí les escribe, sin tener en cuenta que, posiblemente, muestre mucho más de mí que los que viven en un selfie sin camiseta permanente. Entiendan que cada uno, evidentemente, puede hacer lo que más le plazca, pero no se dejen cegar por el éxito momentáneo. Sentirse querido, deseado, en el mundo virtual no es más que un espejismo. Dejemos de fantasear con ‘la promesa de polvo‘. Ni es especial, ni es exclusiva, ni es por nosotros. Se llama sembrar para matar el aburrimiento. No descuidemos cosas más importantes por un futurible. Seamos un poco humanos. Palabra de Confuso. Pueden sentarse.

¿Ven como siempre hablo de lo mismo? Prometo venir pronto con alguna entrevista, por eso de variar.

Fotografías de Androxx.

Un comentario el “El drama vital, pero muy real, de una tuitstar

  1. jj
    26/11/2014

    Hay gente que tiene claro lo que busca y lo que no, me identifico completamente con el texto. Utilizo mucho Twitter, y no es el amor lo busco ahí precisamente, ni ahí ni en ningún sitio, no lo busco en verdad. Pero si he conocido a gente que dice sí buscarlo pero que esta deseando meterse en la cama del otro. Veo eso peor que buscar directamente alguien con quien echar un polvo.

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Esta entrada fue publicada el 23/11/2014 por en Uncategorized.

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