EL HOMBRE CONFUSO

El Ritz, Nureyev desnudo, David Bowie haciendo el mimo y servidor más confuso que nunca

rita-hayworth-22the-lady-from-shanghai22-1947

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Viendo el panorama desolador que nos rodea, a uno sólo le entran ganas de viajar en el tiempo. No por aquello de que una época pasada siempre será mejor, sino para, al menos, consolarse conociendo de primera mano algunos de los pasajes de la historia más interesantes que los que vivimos actualmente. Reconozcámoslo, el presente apesta. El tedio se ha apoderado de nuestros sentimientos, el mundo se desintegra delante de nuestras narices y la mala educación se ha convertido en un valor al alza. Yo, así, no puedo vivir. Las agresiones a que nos somete la vida diaria son cada vez más pronunciadas. Vemos como nuestro entorno vive impasible, creyendo en una esperanza que hace mucho que sabemos que no va a llegar. ¿Dónde han quedado los sueños de antaño? Denme, si es que la tienen a mano, una pastillita con la que trasladarme a momentos más felices. Una suerte de Midnight in Paris al estilo confuso. ¿Les gustaría saber dónde quisiera poder viajar? Pues aquí les dejo cinco de los momentos históricos que me hubiera gustado vivir. Y si esperan algo trascendental, van muy desencaminados…

1. Madrid, década de los 60. Cuando Madrid era una todavía una ciudad y no el parque temático de conservadurismo en el que se ha convertido -no es que entonces no lo fuera, pero entiendan el sentimiento de penita-, una de sus habitantes habituales era Ava Gardner. La actriz, retirada temporalmente en su casa madrileña, pasaba los días bebiendo, frecuentando la compañía de las estrellas patrias e internacionales que se dejaban caer por el país y acudiendo a los peores -también a los mejores- locales. Uno de ellos era el Ritz. Me hubiera encantado estar presente el día que Ava decidió mear en el vestíbulo del hotel. Concretamente entre la recepción y el bar. ¡Cuánta gente mataría por mear en el Ritz hoy en día! La dirección del hotel enfureció de tal forma que prohibió la entrada a cualquier miembro de la industria hollywoodense. Con el tiempo claudicaron ante la evidencia y ahora explican orgullosos la anécdota, señalando el lugar exacto en que la actriz mojó la carísima alfombra. Arte en estado puro.

 2. París, 1961. La vida de Rudolf Nureyev cambió radicalmente en 1961. El primer bailarín del Ballet Kírov había sufrido un accidente y Nureyev fue llamado para sustituirle en una gira que la compañía iba a hacer por Europa. Nureyev era ya una leyenda vida y el público tan sólo quería verle a él. Su popularidad creó tantas expectativas en París que el Kremlin empezó a mirarle con otros ojos. Viéndose liberado de la presión rusa, Nureyev vulneró todas las normas que se le habían impuesto y asumió que no iba a poder volver a Rusia, así que pidió el asilo político estando en el mismo aeropuerto de Le Bourget. Nureyev se quedó en París, donde dejó volar su sexualidad y frecuentó la compañía de algunas de las personalidades de la época. Entre ellas, la del fotógrafo Richard Avedon. Vendería mi alma al diablo para estar presente en aquellas sesiones que Avedon le realizó a un desnudo y borracho Nureyev. Ojalá la historia fuese cíclica de verdad.

3. Nueva York, 1971. David Bowie se había traslado a Nueva York para firmar un contrato con su nueva discográfica, y aprovechando la circunstancia, quiso conocer a Andy Warhol. Junto a su manager, se presentaron la Factory y preguntaron por él. En un primer momento, Warhol no tuvo ningún interés en recibirle, ya que no le conocía de nada, pero en cuanto alguien le dijo que era un cantante famoso, le dejaron pasar. Bowie, por aquella época, llevaba el pelo largo y vestía muy hippie, cosa que espantó a la mayoría de los integrantes de la Factory -aunque, a su vez, se quedaron prendados de sus intensos ojos azules-. Bowie tenía intención de cantarle al pintor su canción homenaje, titulada ‘Andy Warhol’, pero no contento con eso, se puso a hacer mimo. Resulta que había estado estudiando con Lindsay Kemp y quería demostrar todo su arte. Conocer la Factory -más la primera que la segunda- es uno de mis sueños imposibles, pero asistir a la sesión de mimo que Bowie realizó delante de un inexpresivo Warhol hubiera sido todo un orgasmo. Evidentemente, no le hicieron ningún caso.

4. Baltimore, 1971. Como ven, incluso en la selección de momentos del pasado reina la confusión. Mientras Bowie hacía el ganso en Nueva York, John Waters empezaba el rodaje de Pink Flamingos, una película clave en la concepción de este blog -aunque a limpios no nos gane nadie-. Waters y Divine se conocieron durante la década de los 60, a través de una amiga en común, y forjaron su amistad a base de marginación social y marihuana. Ni uno ni el otro eran capaces de encajar en lo que socialmente se esperaba. Waters, que ya había rodado un par de cortos, se embarcó en un proyecto más ambicioso para el que contó con casi toda la troupe que solía rodearle, desde Divine hasta las eternas Mink Stole y Mary Vivian Pierce. Me hubiera encantado asistir a todas y cada una de las escenas del rodaje, aunque me hubiese hecho especial ilusión entrar en la caravana, mientras Edith Massey pedía huevos y Crackers se excitaba con las gallinas. Y es que si algo nos ha enseñado América es que todo lo bueno ocurre en Baltimore.

5. Madrid, 2003. El fotógrafo Paco Gómez recibe una llamada que le comunica que en la madrileña Calle del Pez están vaciando una casa y hay decenas de fotografías antiguas por el suelo. Raudo y veloz, acude al escenario y trata de rescatar todas las instantáneas que puede. Así empieza su relación con los Modlin, una familia de origen americano que ocupó sus pensamientos y muchas horas de su vida a lo largo de 10 años. Movido por la curiosidad y las casualidades que van ocurriendo, Paco Gómez fue descubriendo la historia de esta peculiar familia y narrándolo todo en un libro de lectura más que obligatoria. Sin duda, el sacrificio personal en el que se vio envuelto por culpa de su instinto investigador hizo que necesitara desconectar de los Modlin, posiblemente para siempre, pero la emoción que embarga al lector a través de la búsqueda es tal que todos desearíamos haber vivido una experiencia así. Yo, desde luego, también hubiese querido estar hace once años en la Calle del Pez.

 Y sí, en las imágenes está Rita Hayworth. ¿Por qué? Pues porque me apetece.

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Esta entrada fue publicada el 27/10/2014 por en Uncategorized.

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